Por Mario Osava*

RÍO DE JANEIRO, dic (Tierramérica).- “El archipiélago de Japón se hundirá dentro de un año”. El anuncio oficial se produjo tras una violenta erupción del monte Fuji, y luego se multiplicaron los terremotos por todo el país, desafiando al mundo a acoger a 110 millones de personas en pocos meses.

Una furiosa batalla diplomática logró una dubitativa solidaridad para evacuar a 65 millones de japoneses. Veinte millones se hundieron con las islas, muchos de ellos voluntariamente, por amor a la Patria o para ceder lugar en la fuga a los más jóvenes. Los demás, se supone, murieron antes, víctimas de temblores, tsunamis y otros cataclismos.

Es el relato de una novela de anticipación, publicada en 1973 en Japón y traducida en Francia cuatro años después, “El hundimiento de Japón”. El autor, Komatsu Sakyo, imagina la hecatombe a partir de fenómenos naturales posibles, como la intensificación y alteración de los movimientos de la corteza terrestre bajo el océano Pacífico.

Más acá de la ficción, el mundo vive inundaciones cada día más frecuentes y la inminencia de múltiples hundimientos de naciones isleñas y ciudades costeras, todos hechos provocados por la acción humana. El peligro viene del aire, más que del subsuelo, pero con consecuencias igualmente trágicas, solo que menos impactantes por la dispersión geográfica y temporal.

Posiblemente se necesite una catástrofe de la magnitud narrada por Sakyo para que el mundo llegue a un acuerdo efectivo que evite un calentamiento global suicida. Ciertas transformaciones, especialmente contra la marea económica, sólo se materializan luego de tragedias o rebeliones excepcionales. La crisis financiera del año pasado, por ejemplo, fue insuficiente para promover cambios estructurales.

La magnitud no se limita solo a la cantidad de víctimas, sino a la extinción total de una nación rica como Japón, al que en los años 70 muchos veían como desafiante de la hegemonía económica estadounidense. La novela es también una crítica a la soberbia nipona en la reconstrucción de la posguerra.

La probabilidad de que los países tropicales, especialmente los pequeños y pobres, sean los que más sufran los efectos del recalentamiento global no tiene la misma capacidad de estimular una cooperación que parecería natural en este caso, por tratarse de una amenaza que afecta a todos.

La crisis climática realza las múltiples dimensiones de las disparidades entre naciones, dificultando las negociaciones. Los principales temas, las metas obligatorias de emisiones y financiamiento, dividen al mundo entre los ricos y los demás, con una clase media de naciones cuya pretensión de seguir revistando en las filas de los pobres es rechazada por los ricos.

Esa desigualdad es la que dificulta todas las negociaciones multilaterales, sean comerciales, financieras, de patentes o sanitarias. Todas son oportunidades para que los países en desarrollo reduzcan la brecha y obtengan más ayuda al desarrollo, ahora con el incuestionable argumento de la acumulación histórica de gases invernadero en la atmósfera, a cargo de los países industrializados.

Pero los bloques construidos en otros foros carecen de consistencia en la cuestión climática. Brasil, por ejemplo, es constantemente presionado por los ambientalistas a disociarse del Grupo de los 77 (G-77), la coalición de más de 130 países en desarrollo, para contribuir a un acuerdo y recuperar el liderazgo que desempeñó en la negociación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en 1992, y del Protocolo de Kyoto, en 1997.

Por sus facilidades específicas para reducir emisiones de gases invernadero –poner fin a la deforestación e incrementar la energía limpia que ya ha desarrollado en abundancia– Brasil podría asumir metas ambiciosas en su propio beneficio, arguyen los ecologistas.

China, asociada al G-77, se volvió un cuerpo extraño al codearse con Estados Unidos en volúmenes de emisiones de gases, construir una central termoeléctrica a carbón por semana y disponer de más de dos billones de dólares en reservas. Asusta imaginar a sus 1.300 millones de habitantes en una marcha acelerada hacia la industrialización y el consumo que hoy se reconoce no sustentable.

Es muy distinta la posición objetiva de países ricos en combustibles fósiles y de los dependientes del petróleo importado. Latitudes y altitudes, la abundancia de bosques, la amenaza de la desertificación o la dependencia de glaciares, son muchos los aspectos que marcan diferencias ante el cambio climático.

Los numerosos estados insulares luchan por la supervivencia y por eso, junto con los africanos amenazados por la desertificación y pérdidas agrícolas fatales, reclaman un límite de 1,5 grados para el calentamiento global en este siglo. Pasar ese umbral puede significar la muerte o el desplazamiento de pueblos enteros.

Pero, ¿de qué fuerza disponen esos países para contraponerse al límite de dos grados que se ha adoptado para frenar el aumento de la temperatura?

Aquí no se trata de imposiciones de los países ricos ni de una lucha de clases entre Estados. Estudios y evaluaciones científicas están dictando los objetivos a cumplir. El cambio climático consagró un nuevo poder absoluto, el de la ciencia, cuyas conclusiones pasan a determinar la vida de todos.

Algunos miles de científicos que participaron en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) consensuaron que dos grados de calentamiento hasta 2100 es el límite posible y tolerable. Más allá, sería el caos.

Los escépticos no cuentan. Son marginales y, en muchos casos, sospechosos de defender intereses del sector de los combustibles fósiles, o contrariados por el intento de evitar el gran desastre climático.

Ya han surgido manifestaciones contra ese dictamen de los investigadores climáticos, reclamando mayor participación de la sociedad en las decisiones, con sugerencias incluso de celebración de referendos. Pero es un campo en el que las premisas están fuera del juego “democrático”. El cambio climático es un dato, no un problema.

La política sólo puede decidir como manejar el fenómeno; cuestionarlo o modificar sus datos es competencia exclusiva de los científicos.

Esta nueva dimensión de lo que muchos denominan la “era del conocimiento” dictará reglas en muchas actividades, exigiendo eficiencia energética, y forzando cambios de consumo y de hábitos, como ya ocurre en el campo de la salud con el tabaco, por ejemplo.

* Corresponsal de IPS

Por Kerry Kennedy*

LAGO AGRIO, ECUADOR, 14 dic (Tierramérica).- Las huellas del paraíso están todavía visibles. Desde el aire, la región selvática del norte de Ecuador, conocida como el Oriente, parece un tapiz de niebla plateada y franjas de intenso verde.

Pero bajo el manto de nubes y el dosel de los árboles, la selva es una maraña de manchas negras de petróleo, fango purulento y tuberías oxidadas. El humo brota del suelo, arrojando vapores al aire que queman la garganta. Las aguas residuales de estanques sin encofrar se traspasan a las aguas subterráneas y transitan a los ríos y los arroyos.

Este paisaje de pesadilla es el legado de la corporación petrolera Texaco. Entre 1964 y 1990, Texaco (adquirida por Chevron en 2001) perforó alrededor de 350 pozos petroleros en una superficie de 2.700 millas cuadradas de selva de la Amazonia ecuatoriana.

La empresa obtuvo aproximadamente 30.000 millones de dólares en ganancias, mientras derramó deliberadamente 18.000 millones de galones de sopa tóxica, conocida como agua de producción -una mezcla de petróleo, ácidos y otros cancerígenos- que cayó a las corrientes donde seres humanos recogen agua para beber, pescan, nadan y se bañan.

En el proceso, Texaco construyó más de 900 fosos de fango de petróleo, muchos del tamaño de piscinas olímpicas. A diferencia de las piscinas, estos hoyos fueron cavados sin revestir la tierra. No se colocó ningún material impermeable para proteger el suelo y el veneno se escurrió al agua subterránea.

Yo había escuchado hablar durante años del “Chernobyl de Chevron en la Amazonia”. Pero nada me había preparado para el horror del que fui testigo durante mi visita de tres días a Ecuador.

Tuve en mis manos una libélula embadurnada de petróleo, que trataba de mover desesperadamente sus alas. Vi huellas de patas de cerdo en el barro al lado de inmundicias grasientas, donde los animales habían comido pasto contaminado, que pronto estará infectando a niñas, niños, mujeres, y hombres, que al comer carne de puerco terminarán consumiendo los desperdicios de Chevron.

Conocí a un hombre cuyos dos niños habían muerto después de nadar en el agua contaminada. Uno murió en menos de 24 horas. El otro se retorció en agonía durante seis meses.

Otro hombre tiene su vivienda ubicada sólo a unos metros de uno los pozos. Tiene diez hijos. Todos se han enfermado, algunos cubiertos de llagas. Sus gallinas y sus puercos murieron. Nada crece cerca de su casa.

Vi un pozo envenenado abandonado por Texaco en 1974, que nunca fue usado por otra compañía. Los ductos que salen de ese estanque contienen un líquido claro que fluye por ellos. Cuando acerqué el líquido a mi nariz, olía a gasolina. La cañería va directamente a un riachuelo cercano, que es la fuente principal de agua de consumo para la gente que vive en sus riberas.

Escuché historias aterradoras acerca del maltrato infligido por trabajadores de Texaco: mujeres violadas; chamanes llevados en helicóptero a alejadas cadenas de montañas para ver si lograban encontrar el camino para devolverse; indios a los que les dijeron que friccionarse petróleo en sus cabezas calvas les haría crecer cabello fuerte y largo; y camiones de la empresa que derramaron desechos de petróleo en las sendas donde la gente caminaba y sufría quemaduras causadas por la brea pegajosa expuesta a los calcinantes rayos del sol.

Este no es un asunto de sentimentalismo ecológico. Es un asunto de derechos humanos, de violaciones claras de los derechos de los indígenas ecuatorianos a la vida, la seguridad y la autodeterminación.

Cuando los petroleros de Texaco descendieron de sus helicópteros en la jungla a principios de la década de los 60, regalaron a los aborígenes pan, queso, platos y cucharas. Hasta hoy, esa es la única compensación que los grupos indígenas han recibido.

Nunca se les pidió permiso para que su tierra fuera horadada, antes de que los ejecutivos de Texaco negociaran un contrato con funcionarios del gobierno ecuatoriano.

Texaco sabía que había gente que podía morir por sus actividades, y la ignoró. De acuerdo con el último conteo, 1.400 niños, mujeres y hombres han muerto de enfermedades atribuidas directamente a la contaminación provocada por Texaco.

El índice de casos de cáncer en las comunidades afectadas por la actividad petrolera es 30 veces mayor que en cualquier otro lugar del país. Otros equipos médicos han documentado altas tasas de defectos congénitos, abortos, enfermedades de la piel y daños al sistema nervioso.

Dos grupos nómadas que habitaban la región, los tetetes y los sansahuari, han desaparecido. Lo que Texaco hizo podría calificarse penalmente como homicidio por negligencia.

Ahora, los grupos indígenas que quedan en el Oriente ecuatoriano -los cofán, siona, secoya, kichwa, y huaorani- han tomado en sus manos la lucha contra Chevron. Organizados a través del grupo de base Frente de Defensa de la Amazonia, están exigiendo, mediante una demanda colectiva sin precedentes, que Chevron arregle el daño que causó.

El proceso está en su año decimosexto. Chevron (cuya declaración de derechos humanos dice, “valoramos y respetamos la cultura y las tradiciones de las numerosas comunidades en las que trabajamos”) ha alargado una y otra vez los procedimientos para que el litigio se demore indefinidamente.

La evidencia de la maldad de Texaco está a la vista de todo el mundo. El año pasado, un cabildero de Chevron -cuya identidad no fue revelada- fue citado diciendo que la lección para Ecuador es que “nosotros no podemos permitir que países pequeños hostiguen a compañías grandes como ésta, empresas que han hecho grandes inversiones en el mundo”.

Como estadounidense, estoy horrorizada de que una corporación de nuestro país pueda tratar a personas inocentes con tal desprecio. Nosotros, consumidores, funcionarios elegidos, periodistas, activistas, y ciudadanos, debemos hacer que Chevron asuma la responsabilidad por sus acciones, y ver que se haga justicia.

Aquí en el Oriente, 45 años después de que Texaco taladró por primera vez el suelo y 16 años después de que los ecuatorianos empezaron su lucha por la justicia, las huellas del paraíso que todavía son visibles. No debemos permitir que desaparezcan.

* Kerry Kennedy, autora de Speak Truth to Power (Decir la Verdad al Poder) y fundadora del Centro de Derechos Humanos del Memorial Robert F. Kennedy. Excluida su publicación en Estados Unidos. Derechos exclusivos IPS.

Por Thalif Deen

NACIONES UNIDAS, 18 nov (IPS) - Un informe de la ONU sobre cambio climático plantea una nueva perspectiva humana en relación a un debate que se ha centrado sobre todo en la eficiencia energética y en las emisiones industriales de carbono.

El cambio climático es mucho más que emisiones de gases de efecto invernadero, señala el estudio presentado este miércoles por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). También es la dinámica demográfica, la pobreza y la igualdad de género.

“A medida que la velocidad del crecimiento demográfico, de las economías y del consumo superen la capacidad de ajuste de la Tierra, el cambio climático podría tornarse mucho más extremo y, posiblemente, catastrófico”, advierte el “Estado de la Población Mundial 2009″.

La directora ejecutiva del UNFPA, Thoraya Ahmed Obaid, destacó que el daño ambiental es “uno de los riesgos más injustos de nuestro tiempo”.

“La huella de carbono de miles de millones de personas más pobres sobre la Tierra es de tres por ciento del total mundial, aunque son los pobres, especialmente las mujeres pobres, quienes soportarán la desproporcionada carga del cambio climático”, dijo.

En un contexto de aumento de la población mundial –que se acerca a 7.000 millones de personas–, cada vez hay más evidencias de que el cambio climático es consecuencia, principalmente, de la actividad de las personas.

“La influencia de la actividad humana sobre el clima es compleja; atañe a lo que consumimos, al tipo de energía que producimos y utilizamos, a si vivimos en la ciudad o en una granja, o en un país rico o pobre, a si somos jóvenes o viejos, a lo que comemos e incluso a la medida en que las mujeres y los hombres disfrutan de igualdad de derechos y de oportunidades”, señala el informe.

El estudio fue difundido poco antes de la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que tendrá lugar del 7 al 18 de diciembre en Copenhague.

Un acuerdo internacional que ayude a reducir las emisiones de gases invernadero y que aproveche la perspectiva y la creatividad de mujeres y hombres servirá para lanzar una estrategia mundial efectiva a largo plazo para abordar el cambio climático.

Pero en una cumbre de líderes mundiales realizada la semana pasada en Singapur se decidió apostar solamente a un acuerdo “políticamente vinculante” en Copenhague, y olvidarse del tratado legalmente vinculante, tal vez hasta una futura cumbre del año próximo en México.

Consultado sobre el cambiante escenario político, Richard Kollodge, editor del estudio del UNFPA, dijo a IPS: “Ya sea que la conferencia de Copenhague tenga o no como resultado un tratado ratificable sobre cambio climático, el proceso de trabajar para un acuerdo global que estabilice el clima y afronte los impactos continuará” por mucho tiempo.

El UNFPA seguirá promoviendo el empoderamiento de las mujeres, mediante la educación de las niñas y un mayor acceso a salud reproductiva y planificación familiar voluntaria, agregó.

Kollodge también dijo que este informe tendrá relevancia más allá de Copenhague.

Al dirigirse a los presentes en la última cumbre de la ONU sobre cambio climático, en septiembre, la presidenta finlandesa Tarja Halonen se centró en la perspectiva de género. “Sabemos que el cambio climático golpeará más seriamente a las regiones más pobres y a los grupos humanos más débiles”, dijo.

Alrededor de 70 por ciento de los pobres del mundo son mujeres, y ellas son quienes más sufrirán los efectos del cambio climático, agregó.

“Al ayudar a las mujeres a sobrevivir en sus ámbitos cotidianos, podemos promover los objetivos generales del desarrollo sostenible”, planteó.

Halonen también señaló que las mujeres serán poderosas agentes en la mitigación del cambio climático. “Necesitamos garantizar la participación plena y activa de las mujeres, tanto en la redacción como en la implementación del nuevo acuerdo”, dijo.

Obaid dijo que el estudio del UNFPA muestra que las mujeres tienen el poder de movilizarse contra el cambio climático, pero este potencial puede concretarse solamente mediante políticas que les den poder.

Ampliando el debate, el informe señala que el cambio climático atañe a los seres humanos. “Las personas causan el cambio climático. Las personas son afectadas por el cambio climático. Las personas deben adaptarse a él; y solamente las personas tienen el poder de contrarrestarlo”, sostiene. La influencia del cambio climático sobre la gente es descrita como “compleja”, ya que dispara las migraciones, destruye los medios de sustento, altera las economías, debilita el desarrollo y exacerba las desigualdades entre los sexos, agrega.

El estudio lista varios riesgos relativos al cambio climático. Para 2075, entre 3.000 y 7.000 millones de personas pueden enfrentar una escasez crónica de agua, y es posible que uno de cada seis países padezcan una escasez alimentaria cada año a causa de sequías severas.

Además, 30 por ciento de las especies de plantas y animales pueden extinguirse si el aumento de las temperaturas globales supera los 2,5 grados.

Pero, según las estimaciones actuales, la temperatura mundial promedio puede aumentar incluso 6,4 grados para fines de este siglo.

Y en el mismo lapso el nivel del mar puede elevarse hasta 43 centímetros, amenazando la existencia misma de los pequeños estados insulares. (FIN/2009)

Por Zarrín Caldwell

WASHINGTON, 6 oct (IPS) - ¿Cómo se verían los programas de fomento al desarrollo si se enfocaran desde la falta de alimentos, agua y energía? ¿Los políticos tienen las herramientas necesarias para fortalecer la posición de los países que sufren tal escasez?

Setenta y cinco expertos de agencias oficiales, laboratorios, fundaciones, empresas y organizaciones no gubernamentales de Estados Unidos se reunieron en busca de respuesta a estas preguntas, invitados por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).

El foro procuró trazar un panorama completo de la escasez de recursos y de sus consecuencias, tanto para el Norte industrial como para el Sur en desarrollo.

Howard Passell, del equipo de Sandia National Laboratories –institución operada por el grupo aeronáutico Lockheed Martin y dependiente del gubernamental Departamento de Energía–, consideró erróneo concentrarse en alguna escasez en particular, pues, según él, es preciso atender la “crisis ecológica planetaria” en el sentido amplio, “algunas de cuyas señales son la falta de agua, energía y alimentos, los problemas climáticos y las epidemias”.

Passell advirtió que “lidiar con estas crisis como si fueran independientes unas de otras es una equivocación que deriva en despilfarro de dinero y esfuerzos, ineficacia y consecuencias no previstas”.

Por lo tanto, recomendó enfoques “integrados, multidisciplinarios y multisectoriales” de carácter mundial.

Según el Foro Económico Mundial, casi 4.000 millones de personas vivirán en 2030 en países que sufren tensión a causa del agua si los gobiernos e individuos no usan con más responsabilidad este recurso.

La agricultura representa 70 por ciento del uso de agua dulce, por lo cual existe un vínculo claro entre su escasez y la de alimentos. El estudio del Foro Económico Mundial estimó que la demanda de comida crecerá entre 70 y 90 por ciento para 2050.

Mientras, la Agencia Internacional de Energía pronosticó que la demanda energética mundial aumentará 45 por ciento para 2030, y que la mitad de ese incremento corresponderá a China e India.

Los conflictos por los recursos persisten entre países en desarrollo y dentro de sus fronteras. El uso que se les da a los cursos de agua internacionales –como el río Ganges, que fluye por India, Nepal, Bangladesh y China– es sólo un ejemplo.

“A medida que estos países continúen creciendo y cambian sus aspiraciones de desarrollo y sus dietas, aumentará la demanda de agua del Ganges y de otros sistemas fluviales internacionales y nacionales”, alertó en agosto el Instituto Nicholas de Soluciones en Política Ambiental de la estadounidense Universidad de Duke.

Existen numerosísimos antecedentes de acuerdos bilaterales sobre los 260 ríos internacionales del mundo, pero pocos foros regionales que atienden su situación.

En el foro del CSIS también se analizaron los vínculos entre recursos y seguridad en el Sur en desarrollo.

“Posibilidades de cambios abruptos y catastróficos amenazan la seguridad de todas las naciones”, sostuvo Carol Dumaine, subdirectora de Energía y Seguridad Ambiental del Departamento de Energía estadounidense.

La crisis financiera mundial tensionó aun más la escasez de los recursos, advirtió.

Sharon Burke, vicepresidenta a cargo de Seguridad Natural del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense, exhortó a analizar esos vínculos dentro del país norteamericano.

“Estados Unidos envía muchos minerales al exterior para su refinación, pero muy pocos ven las implicancias estratégicas de este flujo o lo que significa para las dependencias de la economía nacional o de la industria de defensa”, sostuvo.

El foro reveló una mayor valoración del trabajo internacional. Las fuerzas armadas estadounidenses, por ejemplo, ampliaron su propia definición de seguridad más allá de su tradicional evaluación de capacidad bélica. Un signo de eso es que prestan más atención a la situación de comunidades que sufren las consecuencias del cambio climático.

El Departamento (ministerio) de Defensa incluye ahora en sus análisis cuestiones como el impacto de las migraciones y de la delincuencia en la seguridad nacional, por ejemplo.

El foro, realizado el 1 de octubre, dejó en evidencia la sensación de urgencia predominante entre funcionarios, científicos y expertos. Pero todos ellos constataron dificultades en la divulgación de las conclusiones de especialistas entre los políticos.

El problema radica, en parte, en la complejidad inherente a los modelos computarizados relativos a la escasez de recursos. La compilación y el análisis de datos en múltiples sectores son especialmente difíciles. “Ahora tenemos la capacidad de afrontar esa dificultad, con sistemas que no teníamos hace 10 o 15 años”, dijo Passell.

Para las instituciones, el desafío es “manejar la complejidad, asumir un enfoque de largo plazo, construir confianza” y, en última instancia, elegir entre “cooperación y conflicto”, sostuvo Alexander Evans, del Centro de Cooperación Internacional de la Universidad de Nueva York.

El foro sugirió la creación de un “índice de vulnerabilidad de recursos” de carácter mundial o de un órgano como el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático a cargo de elaborar un informe periódico al respecto. (FIN/2009)

Por Patricia Grogg

CIÉNAGA DE ZAPATA, Cuba, 28 sep (Tierramérica).- La ferminia (Ferminia cerverai) es conocida como la “soprano del bosque”, por su bello trinar. Pero esta avecilla es muy tímida y, al menor ruido, se esconde entre la vegetación de Santo Tomás, localidad de la cubana Ciénaga de Zapata. Ver y escuchar a este pajarillo endémico de este humedal –el mayor y mejor conservado de Cuba y el Caribe insular– suele ser la ambición de quienes visitan sus parajes, hasta ahora poco explorados por el turismo internacional, orientado hacia sol y playa.

Pero autoridades de la industria del ocio decidieron abrir las puertas a viajeros que buscan algo más que un buen bronceado.

“Disponemos de cuatro instalaciones hoteleras bien acondicionadas para ese segmento turístico que aprecia mucho la naturaleza, y podría estar interesado en ofertas como el senderismo, la observación de aves, el buceo contemplativo o la pesca deportiva”, dijo a Tierramérica el director comercial de la operadora turística Cubanacán en Ciénaga, Estanislao Rodríguez.

Este extenso y poco poblado municipio de la costa sur de la provincia de Matanzas, a unos 200 kilómetros de La Habana, atesora no menos de 65 por ciento de la avifauna cubana, unas 1.000 especies de plantas y anfibios endémicos, como el cocodrilo cubano (Crocodylus rhombifer), que tiene aquí su hábitat preferido.

Desde fines de noviembre a marzo, es posible observar en la estación ecológica de Las Salinas no menos de 65 especies de aves migratorias que huyen de las frías temperaturas del invierno boreal en Estados Unidos y Canadá.

En este ecosistema, declarado reserva de la biosfera en 2000 y sitio Ramsar en 2001, predominan las llanuras bajas, pantanosas y semipantanosas, con vegetación de sabana. También tiene bosques, ríos, lagos naturales y unos 70 kilómetros de cuevas en las que se han formado lagunas semicirculares de agua dulce llamadas “cenotes”.

La zona recibe apenas 100.000 turistas anuales. Está en marcha una campaña comercial para atraer clientes, principalmente de Europa, con mayor poder adquisitivo para viajes especializados.

Una eventual apertura del mercado de Estados Unidos, cautivo del embargo económico que impide a ciudadanos de ese país visitar libremente Cuba, podría elevar la demanda sobre el turismo de naturaleza, con un impacto peligroso para el ecosistema.

Sobre tal posibilidad, el ministro cubano de Turismo, Manuel Marrero, dijo a Tierramérica que ese “arribo masivo tiene que ir para las playas”. El desarrollo del ecoturismo al que aspira Cuba será sobre la base de una “explotación justa” y en función de la densidad prevista para cada lugar, agregó.

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Por Jim Lobe

WASHINGTON, 24 sep (IPS) - Menos de tres meses antes de una negociación mundial clave para reducir la emisión de gases invernadero, un nuevo estudio divulgado este jueves por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) alerta que el cambio climático va más rápido de lo que se pensaba.

El informe de 68 páginas, titulado “Compendio 2009 de la ciencia del cambio climático”, sugiere que muchas de las más severas predicciones hechas hace dos años por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) están cada vez más cerca de convertirse en realidad.

El IPCC reúne a cientos de los más destacados científicos atmosféricos y del clima del planeta.

El nuevo trabajo, basado en la información aportada por unos 400 grandes estudios científicos e instituciones de investigación en los últimos tres años, y que será continuamente adaptado, alerta que la Tierra podría estar acercándose rápidamente a un umbral climático, o a “puntos de quiebre” que podrían distorsionar permanentemente todos los ecosistemas que actualmente permiten la vida de millones de personas.

Los últimos estudios predicen que el promedio de las temperaturas de la Tierra podría aumentar a fines de este siglo como mínimo 4,3 grados –que era el límite máximo calculado por el IPCC–, incluso si las naciones industrializadas cumplen sus más ambiciosas metas de reducción de emisiones de gases invernadero, según el Compendio.

“Hace apenas unos años, pensábamos que el nivel del mar se convertiría en un tema (importante) en un siglo o dos”, dijo el director ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner. “La última investigación (sobre los niveles de los océanos) es algo que realmente quita el aliento”, afirmó, y añadió: “No es algo inconcebible que el nivel del mar pueda aumentar dos metros… durante la vida de un niño que nazca hoy”.

Además, señaló que la información obtenida por los científicos sobre sistemas de la Tierra claves afectados por el recalentamiento planetario –como el clima, el hielo y los océanos—contribuían a un “crecimiento exponencial de nuestro entendimiento” sobre los múltiples impactos de la creciente cantidad de gases invernadero, especialmente el dióxido de carbono, emitidos a la atmósfera.

Las últimas investigaciones, subrayó, tienden a confirmar algunas de las predicciones más preocupantes del informe 2007 del IPCC.

“Necesitamos que el mundo se dé cuenta, de una vez para siempre, que el tiempo de actuar es ahora, y que tenemos que trabajar juntos para afrontar este desafío monumental”, escribió en el informe el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, quien presidió la cumbre de un día sobre cambio climático en la apertura el lunes de las sesiones de la Asamblea General. “Éste es el desafío moral de nuestra generación”.

El Compendio es publicado justo cuando el Grupo de los 20 (G-20) países industrializados y emergentes se reúnen a partir de este jueves y hasta el miércoles en la nororiental ciudad estadounidense de Pittsburgh.

Como en la cumbre del Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos celebrada en julio en L’Aquila, Italia, se espera que el cambio climático ocupe uno de los primeros puntos de la agenda. Entonces, los mandatarios, incluyendo el presidente estadounidense Barack Obama, se comprometieron a reducir 80 por ciento las emisiones de gases invernadero para 2050 respecto de los niveles de 1990.

La presentación del informe fue claramente diseñada para subrayar la urgencia de tomar acciones firmes contra las emisiones cuando se reúnan representantes de 190 países en la conferencia internacional de diciembre en Copenhague, en la que se comenzará a preparar un nuevo tratado mundial que remplace en 2012 al Protocolo de Kyoto, adoptado en 1997.

“Afrontamos cambios muy graves en nuestro planeta, y debemos darnos cuenta cuán serios son para apoyar las medidas de transformación necesarias”, dijo Steiner.

El reporte concluyó que el crecimiento en la economía mundial a comienzos de esta década ha causado a un rápido incremento de las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera.

Esto ha contribuido a un más rápido aumento del nivel del mar, de la acidificación del océano, del derretimiento de los hielos del Ártico y del recalentamiento de las masas polares continentales.

La mayoría de los modelos que había desarrollado el último informe del IPCC predijeron un total derretimiento del Ártico para fines del siglo XXI, pero los nuevos estudios adelantaron ese acontecimiento para 2030.

Mientras, el derretimiento de los glaciares de montaña –de los cuales depende un quinto de la población mundial para obtener agua—y de la capa de hielo de Groenlandia se ha acelerado a un ritmo mucho más rápido de lo que se preveía, según el Compendio.

“El Ártico es realmente el indicador, porque lo que pasa allí nos dice” lo que afrontamos, dijo Robert Correll. “Está unos 30 años por delante nuestro. Las cosas suceden mucho más rápido. Los glaciares se derriten y retroceden tres o cuatro veces más rápido que en 1980″, afirmó.

El informe del IPCC proyectaba un aumento del nivel del mar de entre 18 y 59 centímetros para 2100, pero las más recientes estimaciones lo sitúan entre 80 centímetros y dos metros.

Además, la acidificación de los océanos se produce mucho más rápidamente de lo pronosticado, según el Compendio, lo que pone en riesgo a poblaciones de mariscos y corales, así como a la abundante vida marina que sostienen.

Además del Ártico y los océanos, las masas continentales en todo el planeta también muestran creciente evidencia del impacto de las emisiones de carbono en sus climas y ecosistemas.

El umbral podría ser alcanzado en cuestión de años, y eso causaría cambios drásticos en los vientos monzones en Asia meridional, así como en la zona del Sahara y en África occidental.

(FIN/2009)

Por Stephen Leahy*

UXBRIDGE, Canadá, 21 sep (Tierramérica).- Millones de árboles, sobre todo del Sur del planeta, están destinados a incinerarse en gigantescos hornos de Europa para cumplir con supuestos propósitos de generar electricidad sin profundizar el cambio climático.

En los últimos dos meses, empresas británicas de energía anunciaron la construcción de al menos seis nuevas centrales eléctricas a biomasa para generar 1.200 megavatios. La biomasa a emplear serán astillas de madera.

En Gran Bretaña ya se están construyendo varias centrales, para generar otros tantos 1.200 megavatios, incluyendo la más grande del mundo, situada en Port Talbot, Gales, en el sudoeste.

En esas generadoras se quemarán entre 20 y 30 millones de toneladas anuales de madera, casi toda procedente de otras regiones y equivalente a por lo menos un millón de hectáreas de bosques.

“Europa cocinará los bosques tropicales del mundo para combatir el cambio climático; es una locura”, dijo a Tierramérica la activista Simone Lovera, de la no gubernamental Coalición Mundial por los Bosques, con sede en Asunción.

Europa se comprometió a reducir en 20 por ciento sus emisiones de carbono, el principal gas de efecto invernadero, para 2020. El uso de biocombustibles y la electricidad de biomasa serán centrales en esa estrategia, indican expertos.

Según Jarret Adams, portavoz de Adage –una empresa de riesgo compartido entre el gigante nuclear francés Areva y la compañía eléctrica estadounidense Duke Energy–, “la biomasa es un sector muy promisorio para las compañías energéticas”.

Adage construye una central eléctrica para generar 50 megavatios de biomasa de madera en el meridional estado de Florida, dijo Adams a Tierramérica.

“Las autoridades federales y estaduales de Estados Unidos consideran que la quema de madera para obtener electricidad es neutra en carbono”: el proceso de generación eléctrica mediante la quema de madera lanza menos o igual cantidad de dióxido de carbono que la absorbida durante la fotosíntesis por los árboles usados como materia prima.

Cuando Tierramérica lo interrogó sobre la certeza de esa neutralidad, Adams contestó: “Es así. Pero, ¿quién tiene la certeza?”.

Brasil podría satisfacer la demanda europea de astillas, pero no talando bosques, sino expandiendo sus plantaciones forestales en 27 millones de hectáreas, principalmente de especies exóticas como el eucalipto (Eucalyptus), señaló Lovera en base a un informe al que accedió su Coalición.

“La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) también presiona a los países para que expandan las plantaciones de árboles”, añadió.

Un vistazo a las empresas dedicadas al comercio internacional revela la existencia de una floreciente industria de madera para generación eléctrica.

La canadiense MagForestry, que opera en la República del Congo, embarcará 500.000 toneladas anuales a Europa. IBIC Ghana Limited dice que puede exportar 100.000 toneladas de maderas nobles y de coníferas. La estadounidense Sky Trading ofrece proveer de hasta 600.000 toneladas de astillas para biomasa de su país o de Brasil.

International CMO Business Biomass se define como dedicada a reducir el uso de carbón y ofrece madera en astillas de Brasil, Chile, Uruguay y Argentina para abastecer al mercado energético europeo.

Según Lovera, la forestación con fines industriales ha tenido impactos devastadores en poblaciones y ambiente de América del Sur.

Nadie puede creer seriamente que estas plantaciones tengan biodiversidad o función ecológica similares a las de los bosques naturales. En realidad son “desiertos verdes” por la cantidad de agua que consumen, y que quitan a la flora local.

Abundan los ejemplos sobre comunidades expulsadas de sus tierras para dejar paso a estos monocultivos, señaló Lovera.

A raíz de las crecientes evidencias de impactos sociales y ambientales negativos de las plantaciones, una coalición internacional de organizaciones no gubernamentales fijó el 21 de septiembre como Día Internacional Contra los Monocultivos de Árboles.

“Se dice que la quema de madera es neutral en materia de carbono, pero no es verdad”, señaló en una entrevista Rachel Smolker, investigadora del estadounidense Global Justice Ecology Project.

Según Smolker, investigaciones de la organización no gubernamental estadounidense Massachusetts Environmental Energy Alliance muestran que la quema de árboles para producir electricidad genera 1,5 veces la cantidad de carbono emitido por la combustión de carbón mineral, y entre tres y cuatro veces más que el gas natural.

Talar un árbol, enviarlo a cientos de miles de kilómetros para quemarlo y luego sembrar un arbusto diminuto para reemplazarlo no es neutralidad en materia de carbono, declaró en una entrevista Scott Quaranda, de la estadounidense Dogwood Alliance.

Las políticas de energía del gobierno de Estados Unidos alientan planes de construir unas 102 centrales energéticas de biomasa o biocombustibles en el sudeste del país, dijo.

Una sola de ellas puede requerir millones de toneladas de biomasa, principalmente astillas de pino taeda (Pinus taeda), que crecen rápidamente y que ya cubren los estados del sur.

Éstas son plantaciones de las últimas dos décadas para abastecer a la industria de la celulosa. Casi todas se cultivaron a expensas de bosques naturales, lo que tiene numerosos impactos: contaminación del agua con herbicidas y fertilizantes, sedimentos y restos de la tala que obstruyen las corrientes, degradación de suelos y pérdida de hábitat para las especies de la zona.

Una de cada cinco hectáreas de esa enorme región ahora es un desierto verde, según Quaranda.

“Vamos en camino de destruir todos los ecosistemas de bosques y praderas que quedan para convertirlos en bioenergía”, dijo Smolker, citando el estudio “Implications of Limiting CO2 Concentrations on Land Use and Energy” (Consecuencias de limitar las concentraciones de dióxido de carbono sobre el uso de la tierra y la energía), publicado el 29 de mayo en la revista Science.

La investigación sostiene que los gravámenes para desalentar el uso de combustibles fósiles y la consideración de la energía de biomasa como neutral en carbono podrían convertir los pastizales y bosques que queden en el planeta para 2065 en insumos para bioenergía.

* Corresponsal de IPS.

Daniela Estrada(*) entrevista a la activista y escritora MAUDE BARLOW

SANTIAGO, sep (Tierramérica).- El agua debe ser declarada “patrimonio común” de la humanidad y deben “retroceder” la minería y la agroindustria de exportación, dijo a Tierramérica la canadiense Maude Barlow, que desde hace 20 años investiga y denuncia la degradación y privatización de los recursos hídricos.

Barlow es presidenta del Council of Canadians, la mayor organización ciudadana de su país, y en 2005 recibió el Right Livelihood Award, o premio Nobel alternativo. Con 16 libros en su haber, hoy asesora al presidente de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el nicaragüense Miguel D’Escoto.

Tierramérica conversó con ella en Chile, donde presentó su última obra: “El convenio azul: La crisis global del agua y la batalla futura por el derecho al agua”.

TIERRAMÉRICA: ¿Cuál es la situación de los derechos del agua en el mundo?

MAUDE BARLOW: Éste es el tema más contencioso en la discusión mundial sobre el agua: si se va a mantener como un patrimonio de la humanidad y un bien común o va a convertirse en una mercancía a la que se puede acceder a través de las reglas del mercado.

Este debate se da porque el mundo se está quedando sin agua. Vamos hacia un tiempo donde dos tercios de la humanidad no van a tener acceso al agua.

Hay compañías, inversionistas y algunos gobiernos que han decidido que el mercado decidirá sobre la disponibilidad de agua. Esto tiene tres grandes problemas.

El primero es que el agua iría solamente hacia aquellos que podrían comprarla, no necesariamente a los que la necesitan. El segundo es que, obviamente, no habría ninguna protección del agua para la reproducción de la naturaleza. Y la tercera es que se generaría un desincentivo para proteger las fuentes hídricas, porque mientras más escasa sea el agua limpia más alto será su precio.

TIERRAMÉRICA: ¿Cuál es el grado de privatización del agua hoy?

MB: Es muy pequeño todavía, entre 10 y 15 por ciento de los sistemas mundiales de agua potable y saneamiento. Incluso hay un retroceso porque muchas municipalidades están recuperando sistemas públicos después de haberlos privatizado. Nuestro ejemplo favorito es París, que estuvo casi 100 años bajo un sistema privado y ahora ha recuperado el agua para la gestión pública.

La otra forma de privatización es a través del embotellado. Ésa es una gran batalla en muchas comunidades del mundo.

La última tendencia es la privatización a través de derechos: el agua es considerada un derecho de propiedad privada, vendida y comprada incluso por intermediarios (que cobran comisiones en el proceso de comercialización).

También se están estableciendo bancos de agua. El principal problema es que se han generado más cantidad de derechos que el agua que físicamente existe. Pero, por suerte, hay muy pocos países que han probado este sistema.

Chile es uno de ellos y es el más extremista. Otros países que están apenas empezando son España, Australia, y en parte Estados Unidos y Canadá.

Otro de los últimos extremos en esta tendencia de mercado es que países ricos que no tienen mucha agua, como Japón, Arabia Saudita y algunos europeos, están comprando tierras en naciones pobres solamente para acceder a sus recursos hídricos. Empezaron en África y ahora se están moviendo hacia América Latina.

TIERRAMÉRICA: ¿Cómo ve a esta región en materia hídrica?

MB: Probablemente tiene la mayor disponibilidad mundial de agua por persona, porque posee muchos recursos hídricos. Pero en la práctica tiene una de las menores disponibilidades. Y hay tres razones para ello: la contaminación masiva de aguas superficiales y también de algunas subterráneas, la inequidad en el acceso y la privatización.

TIERRAMÉRICA: Como asesora del presidente de la Asamblea General de la ONU, ¿qué regulación mundial propone?

MB: Que la Asamblea General adopte un programa y una resolución que reconozca la crisis mundial del agua. El plan debería basarse en tres principios.

El primero es la protección de las fuentes de agua dulce y su restauración en todos los países. El segundo es que el agua tiene que ser considerada como un patrimonio común. Debe asegurarse que todas las personas tengan acceso equitativo a ella. Esto implica priorizar su uso para la producción alimentaria local, lejos del monocultivo para exportación.

Y el tercer principio es establecer su acceso como derecho humano. Sería un error que cualquiera pudiera apropiarse del agua, cuando hay mucha gente muriendo por su falta.

Nosotros reclamamos que los países cambien sus constituciones, como Uruguay lo hizo hace tres años, para adoptar esta concepción que da al Estado la responsabilidad de mantener el agua limpia y asegurar su acceso.

TIERRAMÉRICA: ¿Qué propone para actividades industriales intensivas en uso de agua, como la minería?

MB: La minería tiene que retroceder. Las compañías mineras no pueden seguir contaminando el agua. Hay compañías mineras que prácticamente están gobernando algunos países. Y eso tiene que cambiar porque los gobiernos son para el pueblo y el pueblo debe formular las políticas.

El uso comercial del agua, incluida la minería, está después de las prioridades anteriores. Se debe solicitar un permiso y pagar por él, y si se destruyen las fuentes o se contamina el agua, los permisos deberían ser cancelados.

Hay dos sectores que van a sufrir: las mineras (con mucha infelicidad tengo que decir que gran parte de las compañías mineras en Chile son canadienses) y la gran agroindustria de exportación.

TIERRAMÉRICA: ¿Qué importancia le da a la movilización ciudadana?

MB: La movilización lo es todo. Los cambios vienen desde la base. Yo he visto a la gente más pobre del mundo ponerse de pie para luchar por el agua, y es porque sin agua morimos. Recuerdo a un anciano en Cochabamba, Bolivia, que estaba en un enfrentamiento y yo le pregunté por qué peleaba. Me contestó que prefería morir de una bala a que sus hijos murieran por agua sucia.

* Corresponsal de IPS.

Por Stephen Leahy*

DÜBENDORF, Suiza, 14 sep (Tierramérica).- Un avión impulsado a energía solar partirá el mes próximo de Suiza para realizar su primer vuelo de prueba, con el propósito de circunvalar la Tierra en 2012, sin escalas y sin combustible.

“Me intrigó la idea de un vuelo perpetuo”, explicó a Tierramérica el ingeniero mecánico André Borschberg, director ejecutivo y cofundador de Solar Impulse, un proyecto de 100 millones de dólares.

Diseñado para funcionar a energía solar durante el día y con baterías durante la noche, el avión puede permanecer sin pausa en el aire, como una gigantesca golondrina del Ártico, que migra sin cesar entre los dos polos.

“La gran lección de los hermanos Wright fue que sin intento no hay logros”, dijo Borschberg en el hangar del aeródromo de la norteña ciudad suiza de Dübendorf, en las afueras de Zurich. Aquí se ensambló el primer prototipo del Solar Impulso, cuyo vuelo de prueba debería realizarse entre octubre y noviembre.

En 1903, los estadounidenses Orville y Wilbur Wright ejecutaron el primer vuelo en aeroplano. “Ello nunca soñaron con que un avión pudiera cruzar el océano Atlántico, y unos 25 años después (en 1927) Charles Lindbergh voló de Nueva York a París”, dijo.

“Esperamos que el Solar Impulse sea un símbolo y cree conciencia sobre nuestro propio uso de energía”, agregó.

El avión Solar Impulse HB-SIA es una delgada ala de 64 metros de largo con cuatro pequeños propulsores, una estrecha cabina para el piloto y el copiloto y una cola en su parte posterior.

En el hangar no se diferencia mucho de un gran planeador de papel. Y tampoco parece que cueste 100 millones de dólares.

De hecho es en parte un planeador. Cuando el sol brilla, el Solar Impulse alcanza lentamente una altura de 8.000 o 9.000 metros, y cuando se oculta, comienza a planear, alimentándose de las baterías, y baja a unos 1.500 metros, hasta que el astro sale otra vez, generando nueva energía propulsora y para recargar las baterías.

“La clave es la eficiencia: extraer la máxima potencia a partir de la mínima energía, y usar la menor cantidad posible de ella”, explicó Borschberg.

El peso fue el mayor desafío: la estructura es básica y está hecha de un material muy liviano: fibra de carbón.

Aunque el ala del prototipo tiene una extensión idéntica a la de un Airbus A340 –un gran avión comercial que pesa 260.000 kilogramos sin carga–, pesa apenas 1.500 kilos, casi lo mismo que un automóvil pequeño.

La tecnología solar y las baterías empleadas no son nuevas. Los paneles son delgadas películas adheridas a la parte superior del ala. Su eficiencia es de sólo 22 por ciento, por lo que tampoco son los mejores del mercado, pero presentan la mejor relación entre cantidad de energía y peso.

Buena parte de ese peso lo aportan los 400 kilogramos de las baterías de litio, similares a las de los teléfonos celulares pero con una eficiencia el doble de buena, dijo Borschberg.

Los cuatro motores eléctricos generan juntos menos de 10 caballos de fuerza, una potencia similar a la de un ciclomotor.

El avión solar despegará y aterrizará con su propia energía, y se desplazará a 70 kilómetros por hora, muy lento para casi cualquier cosa que vuele, excepto los pájaros.

Por eso permanecerá en el aire solamente por su liviandad. Los mejores planeadores tienen un peso de 40 kilogramos por metro cuadrado, el Solar Impulse apenas ocho kilogramos por metro cuadrado, explicó Borschberg.

“Con la tecnología existente, esto es lo mejor que puede hacerse”, sostuvo.

A Borschberg, un hábil piloto, y a su socio Bertrand Piccard, un conocido aventurero suizo, les llevó seis años llegar tan lejos.

A Piccard se le ocurrió la idea mientras completaba el primer vuelo en globo alrededor del mundo, en 1999, cuando decidió volver a intentar esa aventura sin combustible ni emisiones contaminantes. Y la justificó aseverando en un comunicado que las grandes proezas del siglo XXI tendrán que ver con preservar o mejorar “la calidad de vida en nuestro planeta”.

Más de 70 personas trabajan hoy en el proyecto, incluyendo 50 ingenieros, físicos, especialistas en materiales e informáticos. El próximo gran obstáculo será el primer vuelo de prueba.

Borschberg espera que en 2010 el Solar Impulse se convierta en el primer aeroplano solar en volar día y noche durante 36 horas continuas, sin combustible.

Si todo sale bien, la aeronave definitiva se fabricará con el fin de volar alrededor del planeta en 2012, en cinco grandes trayectos de 5.000 kilómetros en cinco días sin escalas.

Borschberg y Piccard se turnarán para pilotear cada tramo. “Ése es el otro gran desafío: pilotear, comer y dormir durante cinco días y noches”, planteó Borschberg.

La falta de sueño, incluso en 24 horas, altera las facultades y la percepción. Sin embargo, investigaciones de Solar Impulse señalan que breves siestas de 20 minutos, espaciadas adecuadamente, pueden prevenir estos efectos.

Para no usar despertador, los investigadores han desarrollado una camiseta especial con sensores y un sistema vibrador que puede activarse a distancia, para asegurarse de que el piloto no duerma más de esos 20 minutos.

Aunque el proyecto resulte exitoso, Borschberg no avizora una aviación comercial que funcione sólo con energía solar. Ésta “puede ser una fuente complementaria, pero no la veo posible sin algún avance científico muy importante”, dijo.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo se ha planteado el propósito de lograr vuelos libres de emisiones de carbono para 2050. “Ése es un objetivo muy ambicioso”, opinó.

* Corresponsal de IPS.

Thalif Deen entrevista a RICHARD KOZUL-WRIGHT*

NUEVA YORK, 10 sep (IPS) - Cuando los líderes del mundo se reúnan para la conferencia internacional sobre cambio climático a fines de este mes en la sede de la ONU, las conversaciones estarán más centradas en la política que en las finanzas.

“No se esperan nuevos compromisos financieros durante la cumbre para respaldar los esfuerzos en los países en desarrollo”, adelantó Janos Pasztor, director del Equipo de Apoyo para el Cambio Climático de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

“Pero sí se espera que haya un nuevo marco” para acuerdos sobre financiamiento, añadió con cautela.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, el mayor impulsor de la cumbre, dijo confiar que más de 100 líderes mundiales participen de la reunión de un día prevista para el 22 de este mes.

“Espero que demuestren su liderazgo político, que jueguen su papel como dirigentes mundiales, afrontando los desafíos que requieren liderazgo mundial y solidaridad global”, afirmó.

El Estudio Económico y Social Mundial 2009, divulgado la semana pasada por la ONU, estima que entre 500.000 millones y 600.000 millones de dólares se necesitarán anualmente para afrontar algunos de los problemas causados por el cambio climático, y que estarán en la agenda de la próxima conferencia internacional sobre el tema a realizarse en diciembre en Copenhague.

El año pasado, el primer ministro de Gran Bretaña, Gordon Brown, reveló la “Hoja de Ruta a Copenhague”, que incluye una propuesta para recolectar 100.000 millones de dólares al año para financiar medidas de mitigación y adaptación ante el recalentamiento planetario, especialmente en los países más pobres que sufren sequías, inundaciones, deforestación, aumento en su nivel del mar y contaminación.

Pero esos fondos, aportados principalmente por donantes occidentales, no serían suficientes para alcanzar las metas trazadas por la ONU.

“Se necesitarán miles de millones de dólares en financiamiento público”, subrayó Ban. “Debe haber más dinero, no sólo la asistencia oficial al desarrollo en un nuevo paquete”.

“Si podemos rescatar los bancos, sin duda podemos encontrar los fondos para proteger millones, si no miles de millones de personas y sus medios de subsistencia”, sostuvo.

En una entrevista con IPS, el jefe de la Unidad de Estrategias de Desarrollo y Análisis de Políticas del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, Richard Kozul-Wright, señaló que los temas de finanzas deben ser parte integral del debate sobre cambio climático.

“Creo que la cumbre puede tener un impacto muy positivo. El secretario general ha insistido en la necesidad de una visión, urgencia y liderazgo sobre el tema del cambio climático”, destacó.

IPS: Con el marco de la actual crisis financiera mundial, ¿cuáles son las posibilidades de que las naciones ricas incrementen sus fondos para combatir el cambio climático?

RICHARD KOZUL-WRIGHT: Hablando estrictamente, las oportunidades no tienen nada que ver. Los gobiernos han aceptado (en las anteriores reuniones sobre cambio climático en Kyoto, Japón, y Bali, Indonesia) cumplir con las metas adicionales de costos financieros en sus esfuerzos de mitigación y de adaptación.

Más aun, los países industrializados, incluyendo ahora a Estados Unidos y Australia, han aceptado la evidencia científica de que la actividad humana está detrás del ya peligroso aumento de las temperaturas mundiales, y que si las naciones en desarrollo no siguen su ejemplo, las consecuencias serán graves para todos.

La actividad ha sido localizada, predominantemente, en los países ricos. De hecho, el desarrollo en base a carbón de esas naciones está detrás tanto de los desafíos climáticos como de las grandes brechas de ingresos que caracterizan el panorama económico mundial.

La buena noticia es que su éxito también implica que esos países tienen los recursos para vencer el cambio climático tanto en sus propios territorios como en las naciones en desarrollo.

IPS: ¿Hay nuevas fuentes potenciales de financiamiento?

KW: El Estudio Económico y Social Mundial sugiere varios mecanismos para movilizar nuevos recursos con estos propósitos, incluyendo el redireccionamiento de los gastos del gobierno –como militares o subsidios a servicios energéticos en base a carbón­ para atender las amenazas del cambio climático en el país o en el exterior.

Incluso, una de las cosas que ha demostrado la crisis financiera es que, si existe voluntad política, los gobiernos con determinación pueden rápidamente movilizar fondos a gran escala en respuesta a un golpe al sistema, hasta billones de dólares.

Uno por ciento del producto interno bruto mundial (entre 500.000 millones y 600.000 millones de dólares), que el Estudio sugiere como cifra aproximada para afrontar los desafíos del cambio climático en los países en desarrollo, es por supuesto la cifra que Estados Unidos comprometió en el Plan Marshall para ayudar a reconstruir Europa luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Por aquel entonces, muchos en Estados Unidos arguyeron que el país no tenía dinero o que sería malgastado, pero de hecho fue un factor importante no sólo para reconstruir Europa –y derrotar el extremismo político ­sino también para promover los intereses económicos estadounidenses en el exterior.

Nuestro caso actual puede verse en términos similares, pues provee un escenario en que tanto el Norte como el Sur ganarían, y el ejemplo dado en el capítulo uno del estudio (de la ONU) intenta mostrar que un gran empuje de inversión a la escala que estamos sugiriendo es consistente con un fuerte crecimiento mundial, incluyendo en los países industrializados.

IPS: ¿Qué debería tener prioridad en la batalla contra el cambio climático: los esfuerzos políticos o los económicos?

KW: Al final de cuentas, es la continuación del crecimiento sostenible lo que importa para cualquier esfuerzo financiero de esos países. De hecho, ante la crisis, el cambio en la dinámica de inversiones –pasando de las especulativas a las más productivas a largo plazo en servicios de energía renovables, transporte, etcétera­ es precisamente lo que todos los países necesitan hacer para crear una economía mundial más estable y equilibrada.

Esto no significa que no se requiera de esfuerzo político de los líderes de países avanzados para lograr un financiamiento a gran escala. Pero uno espera que, tras haber persuadido a sus ciudadanos de que era necesario usar su dinero para salvar comunidades de bancos de la extinción, pueden ser igualmente persuasivos para convencerlos de que otras comunidades –incluyendo posiblemente toda la raza humana ­no deben sufrir ese destino.

IPS: ¿Cuánta confianza tiene en la propuesta de crear un fondo mundial de energías limpias? ¿Cuáles serían los principales objetivos de un fondo así?

KW: Obviamente la necesidad de un fondo surge de la lógica de la importancia de un gran empuje (económico) y del reconocimiento de que los mecanismos financieros bilaterales y multilaterales existentes –desde el Plan Marshall­ no han sido diseñados para proveerlo.

Los países donantes han comenzado a aceptar que la arquitectura de asistencia internacional no ha funcionado muy bien, en parte porque está demasiado fragmentada y politizada, y que el financiamiento multilateral no logró apoyar los ajustes necesarios para un crecimiento inclusivo y sostenible en los países en desarrollo.

Esto podría proveer la base para una franca y abierta discusión sobre si la misma arquitectura puede funcionar efectivamente cuando el cambio climático se añada a los existentes desafíos del desarrollo. El enfoque de un fondo sería en inversiones a gran escala para expandir la capacidad de los servicios de energías renovables.

*RICHARD KOZUL-WRIGHT, jefe de la Unidad de Desarrollo de Estrategias y Análisis de Políticas de la ONU