Mario Osava entrevista a JOSÉ MIGUEZ, delegado del gobierno brasileño en la COP 15

RÍO DE JANEIRO, 10 dic (IPS) - La delegación de Brasil busca mantener en la conferencia sobre cambio climático de Copenhague el papel de liderazgo que tuvo este país en las negociaciones sobre ambiente desde que acogió la llamada Cumbre de la Tierra en esta meridional ciudad en 1992.

El gobierno brasileño de Luiz Inácio Lula de Silva anunció el compromiso nacional voluntario de reducir entre 36 y 39 por ciento los gases de efecto invernadero para 2020. Pero respecto de 1990, como establece el Protocolo de Kyoto, significará un aumento de casi 21 por ciento.

Una delegación de casi 700 funcionarios de gobierno, activistas y empresarios están presentes en la capital danesa en la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 15) representando a Brasil, cuya población es la que en proporción más se ha manifestado preocupada por el recalentamiento global.

La encuesta del estadounidense Centro de Investigación Pew indicó que 90 por ciento de los consultados respondieron estar muy preocupados por el aumento de la temperatura de la Tierra y 79 por ciento de ellos dijeron estar dispuestos a sacrificar crecimiento económico y empleos a favor del cuidado ambiental.

Brasil puede ser considerado una “sociedad con bajo nivel de carbono”, sostuvo José Miguez, coordinador de la Comisión Interministerial de Cambio Climático, en entrevista a IPS desde Copenhague, al explicar la posición de Brasil en las negociaciones.

IPS: ¿Además de las metas voluntarias en emisiones de gases invernadero, que otras contribuciones lleva Brasil a Copenhague para justificar su liderazgo?

JOSÉ MIGUEZ: El liderazgo brasileño viene desde la firma de la Convención sobre Cambio Climático en Río de Janeiro en 1992.

Algunos ejemplos lo comprueban. Son brasileñas la propuesta que se adoptó en 1997 en Kyoto, como el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), la negociación en dos carriles, la Convención y Protocolo adoptados en 2007 en Bali, el mecanismo de Reducción de Emisiones resultantes de la Deforestación y Degradación forestal (REDD) en 2006.

También lo es la reciente proposición, en el ámbito del carril de la Convención, de Acciones de Mitigación Adecuadas al Contexto Nacional para países en desarrollo (NAMA, en siglas inglesas), que buscan destrabar las negociaciones en Copenhague.

En junio, Brasil encabezó en Bonn la propuesta oficial, que congregó otros 36 países en desarrollo, por una reducción de 40 por ciento en las emisiones (de gases invernadero) de los países desarrollados para 2020, respecto del nivel de 1990.

Además, Brasil tiene una matriz energética limpia, por la sustancial generación de hidroelectricidad, el uso de biocombustibles en los transportes y de carbón vegetal proveniente de la reforestación en la siderurgia, y se hizo un gran esfuerzo de reducción de la deforestación.

Adicionando los más de 400 proyectos MDL que redujeron en siete por ciento las emisiones brasileñas no forestales, el esfuerzo ya alcanza a 30 por ciento de merma respecto de 1990.

Ningún país industrializado hizo un esfuerzo comparable de mitigación. Los proyectos MDL prácticamente eliminaron todas las emisiones de óxido nitroso del sector industrial y 55 por ciento de las de metano en rellenos sanitarios registradas en 1990.

IPS: ¿En que Áreas prevé mayores dificultades para cumplir la meta de 2020?

JM: Es importante aclarar que los compromisos cuantificados de reducción de las emisiones, las llamadas metas, corresponden por el Protocolo de Kyoto a los países industrializados.

Las acciones NAMA se insertan en el ámbito de la Convención y en el Plan de Acción de Bali, como medio de fortalecer las acciones de los países en desarrollo, y no en el contexto del Protocolo, que tiene efectos vinculantes. Representan desviaciones sustanciales en las emisiones en el escenario, distintas de las metas de los países ricos.

Así el objetivo voluntario anunciado por el gobierno brasileño, de una disminución de 36 a 39 por ciento hasta 2020.

Sus acciones dependerán de lo que sea acordado en Copenhague sobre NAMA. Se necesitará un amplio debate con la sociedad brasileña, principalmente después que tengan su regulación negociada internacionalmente. Seguramente contener la deforestación será la principal contribución de Brasil para mitigar el cambio climático.

IPS: ¿Pero la economía de bajo carbono que se busca no contradice la política oficial de crecimiento económico, concebida en términos tradicionales, con ocupación amazónica, expansión de carreteras, industria automovilística y consumo energético?

JM: Lo importante es que el crecimiento se haga con cambios resultando una menor intensidad de emisiones por unidad del producto interno bruto (PBI). Se puede crecer mucho incrementando la productividad y la eficiencia energética.

En Brasil hay mucha tierra degradada y pastizales de baja productividad. Además, dependiendo del concepto usado, se pude afirmar que este país ya tiene una economía de bajo carbono.

Históricamente posee una industria de bajas emisiones de gases invernadero y condiciones para mantener o incluso ampliar la participación de fuentes renovables en la matriz energética, que en 2008 era de 45,4 por ciento del total, en comparación con 13 por ciento de promedio mundial y de sólo siete por ciento de media entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

La expansión del transporte de carretera no aumenta necesariamente las emisiones, ya que se hace con mayor uso de biocombustibles.

IPS: La Cumbre Amazónica del 26 de noviembre, que buscó concertar posiciones para Copenhague, solo contó con presidentes de Brasil, Guyana y Francia. ¿Este país se alejó de América Latina en la cuestión climática?

JM: En la conferencia sobre cambio climático, los países en desarrollo negocian como bloque en el Grupo de los 77 más China que reúne 134 países (en el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas). No hay posición separada de América Latina.

(FIN/2009)

Por Peter Gorrie

TORONTO, nov (IPS) - El paquete de incentivos creado por el gobierno de la provincia canadiense de Ontario para garantizar precios altos a quienes provean electricidad de fuentes limpias busca atraer a grandes inversores internacionales a una de las regiones más pobladas de este país.

Con el sistema de tarifas de alimentación, similar al empleado en Europa para estimular la inversión en fuentes de energía renovables, esta sudoriental provincia aparece como un mercado brillante en un momento en que la recesión y la menguante demanda de electricidad debilitaron las posibilidades en el resto del continente.

Se trata de un sistema en el que el Estado se compromete a comprar la energía generada a precios superiores a los del mercado por un período suficientemente largo para compensar las inversiones privadas en las nuevas fuentes y asegurar ganancias.

“Quiero que los otros gobernadores digan ‘por qué no pensamos en eso y por qué no lo implementamos antes’”, declaró el primer ministro de Ontario, Dalton McGuinty, cuando anunció el programa de incentivos en septiembre.

El gobierno liberal de McGuinty explica que promueve la energía verde para combatir el cambio climático. Además, necesita fuentes adicionales para cumplir con su promesa de cerrar para fines de 2014 las últimas cuatro plantas de generación eléctrica a carbón de Ontario, principales responsables de las emisiones de dióxido de carbono y de la contaminación del aire.

La búsqueda de alternativas limpias se hizo más urgente en la primavera boreal pasada cuando el aumento de precios obligó a suspender los planes de ampliar la generación de electricidad con energía nuclear.

“Estamos ilusionados de que el gobierno siga adelante con su promesa de convertir a Ontario en líder mundial en energías renovables”, señaló una coalición de organizaciones ambientales locales e internacionales poco después del anuncio de McGuinty.

“Ontario emerge rápidamente como un líder mundial con políticas que compiten con las superpotencias en materia de energías renovables de Europa y otras partes”, señaló el legislador alemán Hermann Scheer, uno de los responsables del auge de alternativas verdes a partir de incentivos.

Más importante que las consideraciones ambientales son las económicas. El gobierno local trata de conseguir inversiones en fuentes renovables, en especial para el desarrollo de la alternativa eólica, a fin de reemplazar los puestos de trabajo que pierde la industria automotriz, hasta hace poco el sustento de la economía provincial.

El paquete insumirá mucho dinero. La estatal Autoridad de Electricidad de Ontario pagará precios por encima del valor de mercado, sostenidos durante 20 años, además de contemplar proyectos de energía solar, sin límite de producción, salvo por la capacidad de transmisión de la red de tendido eléctrico de la provincia.

La iniciativa incluye 2.100 millones de dólares para mejorar el vetusto sistema de transmisión y contiene una norma interna para fomentar que los inversores compren servicios y equipos, a fin de atraer fabricantes de turbinas y otras industrias.

Ontario tiene una capacidad de energía eólica instalada de unos 1.100 megavatios y casi 500 más en desarrollo. Es una de las más altas en Canadá, pero baja comparada con líderes mundiales como Alemania, China, España y Estados Unidos, que juntos concentran tres cuartos de la producción mundial de 121.000 megavatios.

También es una ínfima proporción en relación con los 34.000 megavatios generados a partir de la energía nuclear, hidroeléctrica y a base de carbón.

La alternativa eólica dominará la nueva producción subsidiada. Los generadores con turbinas en tierra firme recibirán 13,5 dólares por cada kilovatio-hora que transmitan a la red eléctrica. Los que se ubiquen en uno de los cuatro Grandes Lagos limítrofes de Ontario recibirán 19 centavos.

Las tarifas residenciales se ubican entre 5,6 o 6,5 centavos, según el consumo. El precio promedio al por mayor asciende a unos tres centavos.

El programa reemplaza dos esquemas fallidos. El primero pagaba una suerte de incentivo a los proyectos que generaran menos de 10 megavatios. Las instalaciones solares recibían 42 centavos por kilovatio-hora y las otras fuentes renovables, 11,2 dólares.

El segundo era para grandes proveedores, que debían ofertar un suministro limitado, un proceso que no sólo era caro e inseguro, sino que mantenía los precios por debajo de 10 centavos.

“Ontario quiere el negocio de energías verdes”, declaró el ministro del sector, George Smitherman, al anunciar el paquete de incentivos.

Las nuevas normas “permitirán garantizar a la industria y a las municipalidades la creación de nuevos empleos, que la inversión ya esté comprometida y que la energía renovable crezca en toda la provincia”.

La estrategia parece dar resultados.

“Hubo gran interés entre los inversionistas y muchos interesados que antes no estaban en el mercado”, señaló Tim Stephure, analista de investigación de mercado de la Consultora de Energía Eólica de América del Norte, con sede en la ciudad de Cambridge, en el nororiental estado estadounidense de Massachusetts.

La tarifa es “muy competitiva, en especial comparada con otros mercados de América del Norte”, señaló. “Es muy atractiva”, añadió.

“Ontario concitó gran interés de la industria, no sólo en Canadá, sino también en el exterior”, señaló Robert Hornung, presidente de la Asociación de Energía Eólica de Canadá, con sede en Ottawa.

“Hay una competencia tremenda para garantizar puestos de trabajo e inversiones y Ontario envió un mensaje claro: ‘queremos competir’”, añadió.

La lluvia de solicitudes para invertir en aguas abiertas, donde la capacidad estimada es de 35.000 megavatios, obligó al gobierno a interrumpir el llamado, al menos hasta la próxima primavera boreal.

Están llegando grandes inversionistas y algunos compran compañías más pequeñas. Por ejemplo, Corporation TransAlta, con sede en Calgary, adquirió hace poco Canadian Hydro Developers Inc., de la misma ciudad de la sudoccidental provincia de Alberta, que tiene previsto emprender un gran proyecto en el lago Erie.

Pero a la industria le siguen preocupando algunos asuntos.

A los pocos días de anunciar el nuevo plan, Smitherman ordenó que se reservaran 500 megavatios de capacidad de transmisión a los inversionistas que firmaran “acuerdos marco” con la provincia.

El gobierno no dio detalles, pero la medida apunta a recompensar a las compañías que accedan a construir fábricas y a crear puestos de trabajo en la provincia.

La primera en la lista parece ser la compañía surcoreana Samsung Group, que pretende vender turbinas desde Ontario al resto de América del Norte.

La creación de empleo es un objetivo digno, pero los inversionistas cuestionan las restricciones para acceder al tendido eléctrico y, lo más importante, se preguntan qué otros cambios están previstos, indicó Stephure, de la Consultora de Energía Eólica de América del Norte.

La orden de Smitherman “transmitió una señal que de alguna manera no augura nada bueno para el resto de la industria”, explicó. Ontario “fijó normas que deben regir para toda la industria, pero ya está haciendo salvedades. Normas estándares y de seguridad son importantes”, añadió.

Para apaciguar las críticas, el gobierno provincial dispuso pautas para que los proyectos se construyan lejos de las casas y de las escuelas por el ruido y por las consecuencias de las turbinas para la salud, más estrictas que en Europa y en otras partes.

Pero ninguna de las medidas promueve el desarrollo del mayor recurso eólico de Ontario, las costas de las bahías de James y Hudson, bien al norte de la principal línea de transmisión. El plan no incluye la ampliación del tendido eléctrico hacia la tundra ventosa.

Además, los inversionistas tendrán que negociar con las poblaciones indígenas, que ahora tienen una gran influencia sobre lo que ocurre en la mitad norte de esta provincia.

Hornung es optimista pese a estos asuntos dudosos. “Todavía es el principio. Es un plan muy ambicioso. Apenas estamos en la etapa de lanzamiento”, señaló.

* Este artículo es parte de una serie producida por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales) para la Alianza de Comunicadores para el Desarrollo Sostenible

Por Matthew Cardinale

ATLANTA, Estados Unidos, nov (IPS/IFEJ) - La posibilidad de una catástrofe ambiental lleva a muchos políticos, académicos y ciudadanos a reformular el paradigma, antes incólume, de una economía basada sobre el crecimiento constante.

Esto es así porque a sectores cada vez más amplios de la población, especialmente la de la mayor potencia mundial, Estados Unidos, les queda claro que tendrá que consumir menos recursos naturales para minimizar los peligros que amenazan de muerte al planeta.

La gran pregunta es: ¿cómo puede pasar Estados Unidos a una economía de “crecimiento cero” que se sustente y en la cual no aumente el desempleo? Si la población consume menos bienes y servicios, ¿eso significará menos trabajo en la industria manufacturera y en la venta y provisión de esos bienes y de servicios?

“Es una buena pregunta, porque en este momento afrontamos niveles insostenibles de consumo”, dijo para este artículo John Talberth, presidente del Centro para la Economía Sustentable. “Si no consumimos suficiente, toda la economía colapsa, y tenemos que cambiar.”

En ese sentido, el gobierno de Barack Obama promueve empleos “verdes” en la producción de energía de fuentes renovables, como la eólica y la solar, de modo de asegurarle a su país el mantenimiento de su competencia económica, al mismo tiempo que aborda problemas como el cambio climático.

Sin embargo, los empleos verdes avanzan sólo hasta cierto punto, principalmente reemplazando a los más sucios en los sectores del petróleo, el carbón y los reactores nucleares. Esto no alcanza para compensar la posible pérdida de trabajos que implica la reducción del consumo general en este país.

Muchos ciudadanos estadounidenses ya comienzan a reducir su consumo, aunque no necesariamente por una preocupación ambiental, sino por el terrible estado de la economía, la misma razón por la cual cada vez más restaurantes y comercios cierran sus puertas.

Cuando la gente compra menos, las autoridades de las ciudades, cuyos presupuestos dependen de impuestos a las ventas, reducen, a su vez, servicios como el cuidado de espacios públicos y los policiales.

PASARSE AL LOCALISMO

En las últimas décadas se ha constatado una tendencia mundial a la globalización, la centralización, la especialización y la producción masiva. El argumento económico para la centralización es la eficiencia: que menos personas produzcan más mercaderías. Esa práctica ha redundado en desempleo.

“El pasaje de industrias pequeñas a industrias de gran escala redujo la demanda de mano de obra”, observó Talberth.

“Hemos salido de tres décadas o más de concentrarnos en una política económica de globalización. Como sabemos, esto ha llevado a desestimar enormemente la base manufacturera estadounidense, y ha perjudicado a comunidades de todo el mundo. Si dejamos la globalización para pasar a la ‘localización’, crearemos una cantidad fantástica de nuevos empleos”, agregó.

Judy Wicks, fundadora de la Alianza Empresarial para las Economías Locales Vivas, describió la visión de una nueva modalidad de producción según la cual “los puestos dedicados a la fabricación de bienes innecesarios que se destinan a consumidores autómatas serán reemplazados por empleos valiosos que ayuden a construir la autonomía local”.

“La mayoría de nuestros alimentos son importados y procesados por grandes compañías en otros lugares. No sólo necesitamos apoyar a nuestros agricultores locales, sino también a los trabajos y empresas que distribuyen los productos frescos y procesan nuestros alimentos, para que los enlatados de nuestra tienda procedan de nuestra localidad”, añadió.

La masajista Gloria Tatum, de Decatur, en el sudoriental estado de Georgia, llegó a esa misma conclusión el año pasado, cuando la demanda de sus servicios se redujo. Fue entonces que decidió cultivar verduras en el jardín del frente de su casa. En 2008 cosechó más de la mitad de los alimentos que consumió, y espera llegar a las tres cuartas partes el año próximo.

Según Wicks, “esto significará más empresas y muchos más propietarios. La propiedad de las empresas se distribuirá de un modo mucho más amplio”.

Es decir que los beneficios del consumo comunitario llegarán más a las familias y menos a accionistas corporativos y a instituciones financieras, explicó. “La economía local coloca en el mercado productos realmente únicos y apoya la innovación local. Las dinámicas economías locales apoyan a sus artistas locales, a sus músicos, a su cultura local. Sus comunidades crean productos únicos que expresen la cultura local”, expresó.

“Puede ser un gran vino, un gran queso, una nueva moda… cualquier cosa que una comunidad cree, para que su economía cree cosas que celebren al ser humano y no a los productos básicos”, dijo Wicks.

INVERSIONES VERDES Y SOCIALES

“Nuestra economía debe crecer, pero nuestras inversiones deberían ser verdes. Se debería invertir en grande en mejoras a la eficiencia energética de los edificios y de las industrias, en energía eólica y solar, en transporte masivo”, dijo James Heintz, del Instituto de Investigaciones sobre Economía Política de la Universidad de Massachussets en Amherst.

“Una parte de esto sería la modernización de la infraestructura eléctrica nacional. La red está muy centralizada y es muy vieja. No puede adaptarse a la energía solar y eólica”, señaló.

“Todas estas inversiones crearán empleos y ayudarán a mantenerlos en las áreas de la economía que ya existen”, agregó.

El presidente Barack Obama y el Congreso legislativo de Estados Unidos aprobaron un paquete de estímulo incluido en Ley Estadounidense de Recuperación y Reinversión (ARRA, por sus siglas en inglés).

La norma prevé una inversión de unos 100.000 millones de dólares “para apoyar esta clase de inversiones verdes”, dijo Heinz. El experto consideró que esa ley “no sólo crea inversiones en empleos verdes”, sino que también dispone que ciertas instalaciones hoy en uso sean dejadas de lado “para que la economía avance hacia el futuro”, dijo Heintz.

“Los estándares de eficiencia energética para los edificios nuevos producen rédito con mucha rapidez, gracias al ahorro de energía. En cinco años se recupera la inversión”, aseguró.

Sin embargo, el dinero previsto por la ARRA para edificios energéticamente eficientes no alcanzará a todas las construcciones de Estados Unidos. Eso llevará al menos 30 años, dijo.

“Hay que crear incentivos ahora para que la economía pase a una clase de producción y consumo que mejoren mucho la eficiencia en el uso de los escasos recursos que tenemos, y le exija menos al ambiente de modo que los ecosistemas puedan asimilar la contaminación”, opinó Heintz.

La eficiencia energética también permitirá que las familias ahorren dinero, añadió.

Talberth, del Centro para la Economía Sustentable, sostuvo que Estados Unidos necesita, además, inversiones sociales.

TRABAJAR MENOS

Algunos sugieren que en un futuro la sociedad puede concluir que no es necesario ni deseable que toda la población económicamente activa trabaje tanto. Es decir, que se puede producir colectivamente todo lo que se necesita, con menos trabajo y menos empleados.

“Si tenemos a toda la población a salvo de la pobreza y el hambre, recibiendo atención médica y educación, no hay motivos para que todos deban trabajar 40 o 60 horas a la semana. Tiene que haber más tiempo dedicado al ocio”, dijo Talberth.

Según Wicks, “esto también significa que trabajemos menos”.

“Muchas veces la gente está desesperada por dinero porque quiere comprar toda esta basura. Tal vez si cambiamos nuestros valores no necesitaremos tanto dinero, y tampoco necesitaremos trabajar tanto”, dijo.

* Este artículo es parte de una serie producida por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales) para la Alianza de Comunicadores para el Desarrollo Sostenible. (FIN/2009)

Por Julio Godoy*, enviado especial

TRANEBJERG, Dinamarca, nov (Tierramérica).- En la isla danesa de Samsø, ejemplo excepcional de autosuficiencia energética, hasta la leche vacuna ayuda a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, responsables del recalentamiento planetario. Samsø, apenas 114 kilómetros cuadrados habitados por poco más de 4.000 personas, está situada en la bahía de Kattegat, en el Mar del Norte, unos 120 kilómetros al oeste de Copenhague.

Su merecida reputación se debe a que genera toda la energía que consume mediante turbinas eólicas y paneles solares.

Desde que en 1997 Samsø ganó una competencia nacional para constituirse en comunidad prototipo en el uso de fuentes energéticas renovables, los samsingers, como se llaman sus habitantes, revolucionaron todos los aspectos de su vida cotidiana para contribuir a la eficiencia ambiental.

Esta búsqueda es tal que incluso la producción de leche vacuna es parte del sistema de aprovechamiento energético.

Al momento del ordeñe, la leche vacuna tiene una temperatura de unos 38 grados y debe ser enfriada inmediatamente a unos tres grados. Algunos productores lecheros de Samsø acoplaron al tanque colector un mecanismo de transferencia de temperatura para impedir que ese calor se disipe en el aire, lo que permite emplearlo en la calefacción de sus viviendas.

Por ahora, y a pesar de su ingenio, los ganaderos no tienen solución para el metano y otros gases invernadero generados por la digestión vacuna. Pero están estudiando el sistema aplicado en una granja modelo en la península de Jutlandia, que recicla los gases y desperdicios de la cría de cerdos y los emplea como fuentes de energía y fertilizantes para cultivar tomates.

Si bien la transferencia de calor de la leche vacuna a la calefacción hogareña es un componente marginal del sistema de generación energética de la comunidad de Samsø, ilustra los esfuerzos de la isla para mejorar su equilibrio con la naturaleza.

La pieza maestra del sistema son 11 turbinas de viento, que generan un promedio de 28.000 megavatios anuales, suficientes para suministrar electricidad a toda la comunidad, alimentar todo el servicio de transporte colectivo de la isla e incluso generar un excedente de 10 por ciento para vender a otras regiones danesas.

Los beneficios económicos de esa venta se reinvierten en el sistema local de energía renovable.

No es que los samsingers hayan desterrado los automóviles y otros medios de transporte tradicionales. Por ejemplo, los tres ferries que comunican la isla con tierra firme consumen 9.000 litros de petróleo por día. Aun así, Samsø vende más energía limpia al continente que la que compra en forma de combustibles fósiles.

La comunidad está dispuesta a experimentar con vehículos eléctricos. “Las distancias aquí son muy cortas, de menos de 50 kilómetros”, dijo a Tierramérica Søren Hermansen, director de la Academia de Energía de la isla y pionero de la revolución ambiental local.

“Si la batería de un automóvil eléctrico puede acumular energía para, digamos, 120 kilómetros, entonces se convierte en un acumulador, que nos permitiría no vender nuestra energía limpia y utilizarla aquí”.

Los agricultores han adaptado los motores de tractores y otros vehículos para que consuman etanol u otros combustibles destilados de la vegetación nativa, como la colza.

Samsø dispone asimismo de cuatro generadores a combustión de paja, abundante en el territorio. Los generadores son duales: producen calor y electricidad, lo que contribuye a aumentar su eficiencia. Muchos hogares han instalado paneles solares, calefacción geotérmica y calderas alimentadas con biomasa o madera tratada para eliminar las emisiones de carbono.

Al uso de energía renovable se añade la voluntad de los samsingers de reducir su consumo eléctrico.

Jytte Nauntoft, propietaria de una tienda de aparatos eléctricos en Tranebjerg, la ciudad más importante de la isla, dijo a Tierramérica que todos los hogares disponen del equipo necesario para la vida cotidiana, desde refrigeradores y lavadoras hasta televisores. “Pero como la electricidad es muy cara, la gente aquí compra los modelos más básicos y más eficientes”, explicó. Este complejo sistema de generación y de ganancias de eficiencia llevó a la isla de ser 100 por ciento dependiente del petróleo y del carbón en 1997, al principio del experimento, a ser energéticamente autárquica en 2003, utilizando sólo recursos renovables. Desde 2007, tampoco emite gases de efecto invernadero.

La certificación del balance energético estuvo a cargo de la estatal agencia danesa de la energía y de la consultora Planenergi, coautoras de la evaluación de 2007.

Esos logros se evalúan según la densidad energética, que mide la cantidad de energía ideal a generar por unidad de área. Para el caso de Samsø, esta densidad debe ser de por lo menos dos vatios por metro cuadrado.

“Samsø alcanzó esta densidad a finales de 2008”, dijo Hermansen a Tierramérica.

El éxito del experimento es tal que la isla es visitada frecuentemente por funcionarios de gobiernos extranjeros, expertos ambientales, periodistas y estudiantes de todo el mundo.

Así llegaron un grupo de visitantes del foro de la Organización Global de Legisladores para el Equilibrio Ambiental (Globe), que se celebró el 24 y 25 de octubre en Copenhague con el fin de reforzar el impulso político a un tratado climático que debería alcanzarse en diciembre, en la misma capital de Dinamarca.

En el encuentro de Globe participaron parlamentarios del Grupo de los Ocho países más poderosos (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia) y las naciones emergentes Brasil, China, India, México y Sudáfrica, Australia, Corea del Sur y la anfitriona Dinamarca.

Hermansen relató a Tierramérica que, en una reciente visita a Samsø, el embajador de Egipto se quejó de que la isla era muy pequeña para constituirse en ejemplo mundial.

“¡Cuatro mil habitantes! Esta isla representa menos de tres bloques de viviendas de El Cairo”, dijo el diplomático, a lo que Hermansen respondió: “Usted no tiene que revolucionar todo el sistema energético egipcio de inmediato. Quizás debería empezar por reformar tres bloques de viviendas en El Cairo”.

Aparte del sistema energético samsinger, Hermansen también transformó el famoso lema ecologista: “Piensa globalmente, actúa localmente”.

“Lo que cada uno de nosotros tiene que hacer es pensar en términos ambientales locales, y actuar localmente. El resto se resuelve por sinergias”, señaló.

Jörgen Tranberg, uno de los productores que utiliza el calor de la leche de sus 150 vacas para calentar su casa, desarrolla la idea de Hermansen.

“Cada lugar tiene sus particularidades. Dado que en Noruega abundan las cataratas, los noruegos generan mucha electricidad con represas. En Samsø siempre hemos quemado la paja, que abunda en la isla. Pero antes la quemábamos al aire libre. Hoy la quemamos en calderas altamente eficientes”, dijo Tranberg a Tierramérica.

El productor agropecuario apuntó que es necesario ver más allá del precio aparente de los combustibles. “A primera vista, los combustibles más baratos son el petróleo y el carbón. Pero ambos tienen muchos costos ocultos, no expresados en el precio del mercado”, agregó.

Uno de los factores que contribuyó a hacer de Samsø un éxito es la participación de los habitantes. Según Hermansen, cuando el proceso comenzó en 1997, él ya estaba convencido de sus posibilidades.

La clave, se dijo entonces, era convencer a la comunidad de participar económicamente en la revolución. Y funcionó. Hoy, los habitantes son propietarios privados de las turbinas eólicas, de los paneles solares y del sistema de calefacción comunal de Samsø.

* Corresponsal de IPS.

Por Fabiana Frayssinet*

BARRA MANSA, Brasil, oct (Tierramérica).- Desde hace 43 años, los biólogos Edna y Luiz Toledo no saben lo que es salir a esperar el camión recolector de basura. Su casa de tres plantas está construida con ella desde el piso hasta el techo, y hasta lo más despreciable para otros es considerado aquí una materia prima noble.

Edna nos da la bienvenida a su “Casa de Reciclados” en el municipio de Barra Mansa, a unos 150 kilómetros de Río de Janeiro, con un desayuno que incluye una jalea elaborada con cáscaras de banana, otra con pulpa de calabaza, y un budín con tallos de “couve” (col).

Los restos del desayuno van a un recipiente de cerámica, “descompostera”, creado por Luiz, donde la basura orgánica se descompone sola hasta convertirse en fertilizante natural para la huerta orgánica.

Un pájaro de reluciente plumaje blanco y negro picotea los gusanos de ese abono para alimentar a sus pichones.

¿Qué parte de la casa no es basura?, interroga Tierramérica. “¿Basura?”, exclama Edna entre asombrada y ofendida. “Aquí nada es basura. Todo se aprovecha”.

Fue Luiz quien, preocupado por lo que se desperdiciaba en los hogares y por el enorme déficit de vivienda de este país, tuvo la idea de construir barato con las sobras reciclables.

Así comenzaron a comprar escombros de demoliciones, botellas, vidrios rotos, envases plásticos, papeles, cartones, envases de leche, tapitas, latas.

Lo que parecía la utopía de “un loco” en tiempos en que nadie hablaba de recalentamiento planetario, contaminación o emisión de gases de efecto invernadero de los basureros públicos, se hizo realidad. Una realidad de tres pisos y que es la casa donde viven.

Al comienzo da la sensación de estar en la casita de golosinas del cuento de Hansel y Gretel. Pero aquí los ladrillos son botellas de plástico que alguna vez contuvieron deliciosos refrescos, y los envases de chocolates y caramelos forman bandas de celofán trenzadas en cortinas para espantar insectos.

En el jardín, el “puente de los suspiros”, hecho de escombros y columnas de botellas de vidrio que reflejan el sol matinal cruza un bucólico estanque de aguas transparentes. En realidad son aguas tratadas del sistema cloacal.

El piso del garaje externo está revestido con restos de neumáticos para asegurar la tierra cuando llueve.

Lo único que la pareja erigió con materiales de construcción tradicionales son las vigas y pilares que constituyen la estructura de la vivienda, por una cuestión de seguridad, pero no se descarta que el prolífico inventor descubra cómo sustituir el hormigón armado. El resto, 90 por ciento de la casa, es de materiales reciclados. Las paredes fueron realizadas con una mezcla de escombros, arena y poco cemento, que sustituye los ladrillos.

Luiz experimentó diversas técnicas y materiales para evitar el revoque de los muros. Algunos llevan una mezcla de estiércol de cordero –alimentado sólo con leche, advierte un cartelito–, otros tienen cartones reciclados o restos de poliestireno expandido.

Los revestimientos son de botellas de colores. Los azulejos y varios maravillosos mosaicos con formas de animales se hicieron con trozos de vidrios rotos. La figura de un faisán contiene todos los colores de los envases etílicos.

El biólogo también investigó en variedades de techos: los hay de una mezcla de agua, hojas secas y restos de papel carbónico, mientras otros llevan tejas elaboradas con una pasta de envases de cartón de leche.

Algunos pisos se hicieron con recortes de mármol desechado por la industria, y otros con tapitas de plástico y botellas.

Los materiales empleados tienen una ventaja de confort adicional pues son buenos aislantes, y la casa es mucho más fresca que otras.

Barata, estéticamente bella, práctica y además autosustentable, su costo fue 70 por ciento inferior al de una vivienda con materiales de construcción tradicionales.

Es lo que el arquitecto William Monachesi, de visita en la Casa de Reciclados, llama “arquitectura espontánea”, una tendencia mundial en la cual “personas con necesidades específicas de vivienda toman la iniciativa de construir sus propias habitaciones, principalmente con material reciclable”.

La casa recibe casi diariamente a interesados en este tipo de técnicas.

El matrimonio organizó una cooperativa de recolectores de basura de la zona de Volta Redonda, también en el estado de Río, y compra todo lo que a los vecinos les sobra. Luego “lo vendemos en el mercado. El sistema es autosustentable”, subraya Edna.

Una vecina pobre y viuda ya consiguió adquirir su heladera y su televisión, además de poder mantener a sus hijos, añade Luiz.

Cuando ellos llegaron al barrio, se registraban 12 casos de dengue por año. Desde que se mudaron no hay más, relata Edna. Al comprar a los vecinos latas, tapas y neumáticos, éstos “vaciaron sus patios” de recipientes con agua donde se multiplican los mosquitos transmisores de la enfermedad, explica.

Los objetos de decoración también provienen de la basura: ventiladores y cafeteras rotas que ellos transforman en lámparas, o restos de espejos, cerámicas, estatuillas, que en esta casa lucen como en una revista de arquitectura.

Luiz nos lleva a su proyecto más nuevo, en un terreno contiguo situado en la cima del cerro donde vive y al que se llega a través de una suerte de rampa construida con restos de madera y hierro.

Es el Condominio Rural Ecológico Integrado Autosustentable, una suerte de villa de 20 casas, con espacios compartidos, cocina y servicio de limpieza comunes, construido también con residuos.

Ya está construido el parque de juegos, que incluye una piscina cubierta de mosaicos de motivos marinos con pequeñas piezas de botellas de vidrio y alimentada con agua de una vertiente natural.

Las viviendas tendrán también un sistema de tratamiento de aguas servidas. Los restos sólidos se trasformarán en abono para una huerta comunitaria y los líquidos serán recuperados para la descarga de los baños y para regar el jardín y el huerto.

El propósito es vivir según su filosofía “solidario-ecológica”, dice Luiz. Por eso sólo aceptarán en la villa a quienes se adhieran a ella y entiendan que aquí lo único desechable es el cubo de basura.

* Corresponsal de IPS.

Por Julio Godoy*

BERLÍN, 19 oct (Tierramérica).- La captura y almacenamiento subterráneo de gases de efecto invernadero, en especial de dióxido de carbono, es un dudoso método para reducir la contaminación causante del recalentamiento planetario, advierten especialistas.

Científicos, ambientalistas y comunidades siguen objetando este método que consiste en comprimir y licuar el dióxido de carbono antes de enviarlo a depósitos en la litosfera terrestre, y que se aplica hace tiempo para recuperar petróleo y gas en yacimientos en extinción.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) se ocupó de estas técnicas en 2007 y especialmente en 2005, cuando su Grupo de Trabajo III publicó un trabajo de 443 páginas.

Así, el gobierno federal alemán se vio obligado a frenar este verano boreal el proceso para aprobar una ley autorizando el secuestro y depósito de carbono en el territorio nacional, ante al descontento manifestado por las comunidades de las regiones escogidas preliminarmente para experimentar la técnica.

Tales manifestaciones han sido alimentadas por dictámenes científicos y de organizaciones ecologistas. Ya en 2006, la geóloga Gabriela von Goerne, de la filial alemana de la organización Greenpeace, advirtió que estas técnicas podían utilizarse como “última solución” en la lucha contra el recalentamiento global.

“El objetivo prioritario para mitigar el cambio climático debe ser la reducción de emisiones de dióxido de carbono en su origen”, dijo Von Goerne a Tierramérica. Esto implica abatir sistemáticamente el uso de combustibles fósiles –principales emisores de dióxido de carbono– en las actividades humanas.

“Al reducir el consumo de combustibles fósiles, la demanda se orienta naturalmente hacia fuentes energéticas que no producen dióxido de carbono, como la energía solar, eólica e hidráulica”, señaló Von Goerne.

En cambio, el uso masivo de la captura y almacenamiento de carbono constituiría un estímulo para continuar usando combustibles fósiles, y sería un obstáculo a la expansión de las fuentes de energías renovables y limpias.

“Además, es cara y consume mucha energía, lo que reduce su eficiencia”, añadió Von Goerne.

Los costos de capturar y almacenar carbono son variados. En las generadoras eléctricas a carbón u otros combustibles fósiles, la captura y compresión del dióxido de carbono es relativamente simple.

Pero, como los lugares previstos para el almacenamiento del gas raramente están cerca de los generadores, es necesario instalar una red de tuberías que transporte el gas licuado desde la fuente hasta el depósito.

“Sólo imaginar tal red de tuberías atravesando Alemania es absurdo”, opinó Von Goerne.

El dióxido de carbono también puede extraerse de los combustibles antes de la combustión, o bien ésta debe producirse en una atmósfera a la que se inyecta oxígeno puro y que sólo genera dióxido de carbono y agua. En ambos procesos, el dióxido de carbono debe ser comprimido y licuado para permitir su transporte.

En todos los casos, la captura de este gas consume mucha energía, reduciendo la eficiencia del proceso. En 2005 el IPCC estimó que el secuestro y compresión de dióxido de carbono aumentaría entre 25 y 40 por ciento el consumo de combustible en una central térmica a carbón.

Un tercer argumento contra esta técnica es geológico: prácticamente todos los expertos, e incluso operadores de depósitos a prueba, coinciden en que el almacenamiento de dióxido de carbono puede provocar fugas de gases y movimientos telúricos, con consecuencias ambientales imprevisibles.

Un coloquio sobre el tema celebrado en febrero en París, con participación de expertos franceses y británicos, incluyó entre las dificultades que enfrenta la captura y el almacenamiento de carbono, los “riesgos ambientales y problemas de aceptación relacionados”.

Es posible que se produzcan fugas de dióxido de carbono de esos depósitos, que “pueden contaminar ecosistemas y afectar la salud humana”, dijo a Tierramérica Sophie Galharret, del francés Institut du Développement Durable et des Relations Internationales (Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales).

“Actualmente es muy difícil concebir una forma de manejar tales riesgos en el debate público para apoyar una aplicación masiva de captura y almacenamiento de carbono”, agregó Galharret, que participó del debate.

El hecho de que el gobierno alemán no haya aprobado la ley específica constituye un ejemplo de tales dificultades.

Noruega, segundo productor mundial de gas natural, suministra 17 por ciento del consumo europeo y dispone desde 1996 de un sistema experimental de captura y almacenamiento de dióxido de carbono, con depósitos en el mar del Norte.

Según Brian Bjordal, director de la empresa estatal noruega Gassco, que coordina la distribución de gas desde los pozos de su país hacia el resto de Europa, Noruega puede compararse con un trapecista, y el resto del continente con el público del circo.

“En el circo, el público incita al trapecista a saltar. Pero si estuviera en lugar del trapecista, el público no saltaría”, dijo Bjordal a Tierramérica, ilustrando su propia incertidumbre sobre la inocuidad de estos métodos.

Según Galharret, hay otro argumento en contra: la posibilidad de fracaso. Y esto va asociado a un factor clave, la presión del calendario para reducir las emisiones contaminantes.

“Si el uso comercial de la captura y almacenamiento de carbono falla por razones técnicas o económicas, sólo lo sabremos entre 2015 y 2020. En caso de fracaso, Europa dispondrá de muy poco tiempo para readaptar su estrategia de reducción de emisiones”, planteó.

* Corresponsal de IPS.

Por Stephen Leahy

VIENA, 26 jun (IPS) - Mientras el Norte industrial se propone cambiar el predominio de su matriz energética de fuentes emisoras de carbono a otras más limpias, 1.600 millones de personas carecen de electricidad y 2.400 millones cocinan y calientan sus hogares con leña y estiércol.

“Más de 1,6 millones de personas mueren cada año por el uso en espacios cerrados de biomasa para cocinar y calefaccionar”, dijo el director general de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi), Kandeh Yumkella.

El funcionario lanzó la advertencia ante los más de 600 participantes de 80 países en la Conferencia Internacional de Energía, que se realizó esta semana en Viena y que concluyó con la recomendación de elaborar un plan para acabar con la “pobreza energética” para 2030.

Millones de mujeres y niños de muchos países del mundo deben invertir varias horas de cada día en la búsqueda de leña, atrapados en el círculo vicioso de deforestación que eleva la erosión y reduce la fertilidad de sus tierras.

“La energía interactúa con todos los desafíos de desarrollo que afrontamos”, dijo Yumkella.

El mundo en desarrollo, y en especial aquellos que carecen de electricidad, debe lanzar una revolución energética verde, según el funcionario. “No podemos dejar gente afuera. Necesitamos justicia climática y justicia energética”, declaró Yumkella a IPS.

La energía es uno de los principales temas, si no el principal, de la agenda de negociaciones hacia la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que se reunirá en diciembre en Copenhague.

Pero el acceso a la energía no está en la agenda.

La energía es esencial para lograr el desarrollo económico y es clave hacia el logro de los Objetivos de las Naciones Unidas para el Desarrollo del Milenio, según el director de Onudi.

“La calidad de vida de un país es directamente proporcional a la cantidad de energía de que dispone y la eficiencia con que se la usa”, dijo Albert Binger, director del Centro para el Ambiente y el Desarrollo de la Universidad de Indias Occidentales y asesor de la Alianza de Pequeños Estados Insulares.

Estas naciones han aportado menos de 0,05 por ciento del total de emisiones mundiales de dióxido de carbono, pero son las más afectadas por las consecuencias del recalentamiento planetario que este y otros gases invernadero originan.

“No queremos ser refugiados”, dijo Binger ante la conferencia. “Eduquen a la población de sus países acerca del peligro que afrontamos.”

La producción de petróleo y gas natural desciende en muchos países fuera del bloque de exportadores (OPEP), lo cual aumenta la volatilidad de precios, dijo Rajendra Pachauri, presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.

Al margen de la preocupación por el cambio climático, estas noticias son muy malas para los países en desarrollo que dependen de las importaciones de petróleo. Si el barril de crudo se mantiene en alrededor de 100 dólares, por mucho tiempo más, algunas economías colapsarán.

Pero mantener la matriz energética habitual elevaría la dependencia en los combustibles fósiles y conduciría a crisis climáticas, alimentarias y energéticas, acabando con muchos estados, dijo Pachauri a IPS.

Las fuentes renovables de energío, agregó, “pueden evitar eso”. “Necesitamos una gran revolución en el sector de la energía”, sostuvo.

¿Pero quién la financiará, en momentos en que muchos países pobres viven al día?

Los pequeños estados insulares del Caribe y del Pacífico están bloqueados en mecanismos de supervivencia de corto plazo, que dependen de la importación de combustibles fósiles que, al mismo tiempo, prolongan su pobreza, dijo Sudan McDade, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El buque petrolero llega un día al puerto y se va al siguiente cargando muchísimo dinero que no podrá invertirse en proyectos de largo plazo, dijo McDade en la conferencia en Viena.

“Estos países tienen muchísimos recursos solares y eólicos, pero no pueden hacer las inversiones que necesitan” para aprovechar esas fuentes de energía, se lamentó la experta.

Ya hubo muchos proyectos piloto de energía limpia, pero no hubo financiamiento para ampliar su alcance. “¿Por qué no equilibramos la ayuda que se les da para comprar petróleo y liberamos el capital que requieren para hacer inversiones en ‘energía verde’?”, inquirió.

Un tercio de la población mundial carece de acceso a modernas modalidades de energía, lo cual sobrecarga tanto a los pobres como al ambiente, dijo Irene Freudenschuss-Reichl, directora general de la gubernamental Corporación Austriaca para el Desarrollo.

Es preciso establecer metas energéticas para complementar los Objetivos del Milenio. La primera debería ser el desarrollo de un plan a 20 años de plazo para lograr en 2030 el acceso universal a la energía, sostuvo Freudenschuss-Reichl.

(FIN/2009)