Issue of January, 06, 2003
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Nacen nuevos líderes
By Mario Osava

La flamante ministra de medio ambiente de Brasil simboliza un nuevo tipo de liderazgo en América Latina, surgido de un activismo ambiental que promueve cambios profundos. A algunos ecologistas, les ha costado la vida.

RIO DE JANEIRO., (Tierramérica).- Campesinos, cineastas, académicos, indígenas, políticos y hasta ex guerrilleros conforman las huestes del movimiento ecologista de América Latina, un fenómeno vasto y diverso, en el que en pocas décadas surgieron importantes liderazgos.

Uno de ellos es el que representa Marina Silva, de 44 años, flamante ministra de Medio Ambiente de Brasil, quien asumió su cargo el pasado 1 de enero, con la toma de posesión del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Silva trabajó desde niña en el noroccidental estado de Acre, ayudando a su padre "seringueiro" (recolector de caucho) a sostener una familia de ocho hijos. Sobrevivió varias crisis de malaria en la selva amazónica y aprendió a leer y escribir a los 16 años.

A esa edad, una hepatitis la obligó a trasladarse a la ciudad de Rio Branco, donde pudo estudiar, graduarse en historia y convertirse en militante social y política, en el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

Heredera de la tradición de Chico Mendes --líder de los seringueiros y defensor de los bosques amazónicos, asesinado en diciembre de 1988--, Silva lo ayudó a organizar la Central Unica de Trabajadores (CUT) en Acre y a defender los bosques de caucho de las motosierras de los hacendados.

La futura ministra simboliza un nuevo tipo de liderazgo, nacido del activismo ambiental en América Latina.

Su designación cuenta con “el consenso de todos los ambientalistas”, dijo a Tierramérica Carlos Minc, diputado estadual del PT en Río de Janeiro.

Minc, de 51 años, pertenece a un grupo de ex insurgentes que, exiliados durante los años 70 en Europa, retornaron a Brasil con conceptos ecológicos nuevos para el país. A la misma vertiente pertenecen el diputado Fernando Gabeira, el secretario de Urbanismo del municipio de Río de Janeiro, Alfredo Sirkis, y el secretario de Medio Ambiente del estado de Río de Janeiro, Liszt Vieira.

Todos ellos tomaron las armas contra el régimen militar entre 1968 y 1970. Tres fueron detenidos, torturados y liberados en canje por un diplomático secuestrado por sus compañeros.

De vuelta en Brasil diez años más tarde, ayudaron a fundar el minúsculo Partido Verde, en el cual permanece Sirkis. Los demás pasaron al PT.

Muchos activistas han liderado cambios profundos y varios debieron pagar con su vida la osadía de defender la naturaleza.

El agrónomo y profesor universitario peruano Godofredo García, de 63 años, fue ejecutado frente a su hijo Ulisses por un hombre encapuchado el 31 de marzo de 2001, en el valle de San Lorenzo, mil kilómetros al norte de Lima.

García lideraba la resistencia de 100 mil habitantes del valle contra el proyecto de la empresa canadiense Minera Manhattan de explotar yacimientos de oro, cobre, plata y zinc en el subsuelo de la ciudad de Tambogrande, extendiéndose también a áreas agrícolas.

El plan obligaba a desplazar doce mil residentes urbanos y ponía en riesgo la agricultura local, de la que dependen 60 mil personas.

La amplia campaña popular, respaldada por organizaciones locales e internacionales, como Oxfam América, no frenó el proyecto de la mina a tajo abierto, que promete crear tres mil empleos directos e indirectos.

La sospecha inevitable es que García fue asesinado por orden de Minera Manhattan.

Otro asesinato que marcó al ambientalismo fue el del indígena Eusberto Jojoa, fundador de la Asociación para el Desarrollo Campesino de Colombia, en enero de 2000.

“Es un dolor permanente porque no sabemos quién ni por qué lo mataron”, dijo a Tierramérica Gonzalo Palomino Ortiz, pionero del ecologismo colombiano.

Palomino, de 66 años, es activista en muchas organizaciones y escribe para varias publicaciones, además de ser profesor e investigador del departamento de Biología de la Universidad de Tolima.

Una de sus hazañas fue crear la Red de Reservas Naturales Privadas, a la que están afiliadas 130 áreas. Se trató de “un triunfo con bandera propia”. El Ministerio de Ambiente debió aceptar la iniciativa como “una buena forma de conservar ecosistemas”.

Pero lo que más recuerda fue la lucha “de más de 15 años” contra el dragado para extraer oro de un río en la occidental localidad de Ataco, departamento de Tolima, por parte de una compañía minera subsidiaria de la estadounidense Chocó Pacífico.

Las protestas de los cultivadores de arroz impidieron el desastre ecológico. Muchos integrantes del movimiento de Salvación Nacional Agropecuaria “tienen su origen en esa primera gran pelea de resonancia nacional”, observó Palomino.

Un protagonismo similar ejerció en Costa Rica el agrónomo Mario Boza, de 60 años, fundador del Servicio Nacional de Parques Nacionales, que protege 24 por ciento del territorio de su país. Su influencia superó las fronteras nacionales al diseñar el proyecto del Corredor Biológico Mesoamericano, que promueve el desarrollo sustentable en los siete países centroamericanos y el sur de México.

Viceministro del Ambiente entre 1990 y 1993, escribe y participa incansablemente en foros.

“En muchos países se destruirán los recursos naturales y habrá grandes catástrofes, pero también habrá excelentes ejemplos a seguir y en unos 50 años éstos serán más que los negativos”, dijo Boza a Tierramérica.

El chileno Patricio Lanfranco, cineasta documentalista, representa otra índole de líder ecologista.

En 1996 impulsó la Coordinadora No a la Costanera Norte, reuniendo a 25 organizaciones vecinales y de comerciantes, para oponerse a la construcción de una autopista que une el este y el oeste de Santiago.

La campaña no impidió la obra, pero logró pequeños triunfos, como cambios en el trazado de la autopista, o un túnel bajo el río Mapocho, para evitar mayores impactos a dos vecindarios.

Además tuvo, a su juicio, “un resultado muy positivo”: la creación de la Corporación Ciudad Viva. Esa organización ejecuta proyectos como la conservación del patrimonio arquitectónico del vecindario Bellavista, ganador del premio Andrés Bello de este año, otorgado por siete países latinoamericanos, entre 150 competidores.

* El autor es corresponsal de IPS. Colaboraron Abraham Lama, María Isabel García, Néfer Muñoz y Gustavo González

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