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Caficultores andinos protegen biodiversidad
Por Yensi Rivero

Campesinos en Los Andes venezonalos recibirán créditos para desarrollar proyectos que frenen la deforestación y protejan especies en peligro.

CARACAS, (Tierramérica).- Campesinos de los Andes del suroeste venezolano tendrán alternativas de subsistencia al tradicional cultivo de café, hortalizas y tubérculos, que durante años ha sido su fuente de ingresos, a través de un programa de conservación orientado a estimular el turismo y otras fuentes sostenibles de ingresos.

"Se busca que la práctica del turismo y la agricultura se hagan más eficientes y sustentables sin perjudicar la biodiversidad ni el ambiente", explicó Lila Gil, de la oficina local del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que conduce el proyecto de "paisaje productivo".

Otros patrocinantes de la iniciativa son el Programa Andes Tropicales (PAT) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF,por sus siglas en inglés), y ha sumado su apoyo el Ministerio del Ambiente de Venezuela.

El programa tratará de proveer desde 2005 créditos y cursos de capacitación a miles de familias de caficultores, para que se asocien en cooperativas y busquen alternativas a las actividades tradicionales que impliquen deforestación o uso indebido de la biodiversidad circundante.

Durante el último medio siglo, Venezuela vivió un intenso proceso de urbanización, y abandonaron sus tierras centenares de familias campesinas como la de Elba Martínez, costurera, 54 años, originaria del poblado de Santa Cruz de Mora, en el estado de Mérida.

“Vivíamos del cultivo de café, pero tuvimos que venirnos a Caracas a buscar mejores oportunidades porque ya no podíamos mantenernos", dijo Martínez a Tierramérica.

Más recientemente, se dan casos de minifundistas del café que ante la baja rentabilidad de su cultivo compran algunas vacas para "ganadería de altura", lo que les estimula a deforestar cumbres de las montañas para hacerse con pastizales, una práctica que no necesitaban cuando trabajaban los cafetales y otros sembrados de zonas más templadas.

"Paisaje productivo", con un costo de cuatro millones de dólares, está volcado sobre las áreas a menos de tres mil metros de altura, pero hay otra iniciativa, del GEF, que buscará ganar a los cultivadores de papa en los páramos, zonas más altas y frías.

Para que las propuestas sean atractivas "hablamos a los campesinos de mejores negocios con actividades que sean sustentables", dijo a Tierramérica Yves Lesenfants, director ejecutivo del PAT.

Una de ellas es el turismo, "pues siempre hace falta quien organice visitas guiadas a los turistas o preste una mula para un recorrido", agregó.

El programa también busca impedir la extinción de especies que afrontan grave riesgo, de fauna como el oso frontino (Tremarctos ornatus) y de flora como el frailejón (Espeletia schultzii), señaló Gil.

El "Libro rojo de la flora en Venezuela", editado por la Fundación Polar, señala que las especies andinas y, en particular las de los páramos, se encuentran entre las más frágiles dentro de las 341 amenazadas de extinción, entre unas dos mil evaluadas.

Ese informe explica que más de la mitad de las especies evaluadas afrontan "destrucción del hábitat para su transformación en tierras agropecuarias o de centros urbanos e industriales", como es el caso de las deforestaciones "montaña arriba" por los pequeños cultivadores de los Andes a quienes se dirige el nuevo programa.

Según el Libro Rojo, los ecosistemas de los páramos están legalmente bien protegidos por las normas sobre parques nacionales, "pero enfrentan en la realidad fuertes perturbaciones", causadas, precisamente, por la incursión de los necesitados agricultores.

El Fondo Mundial para la Naturaleza apunta que el complejo ecorregional de los Andes del norte, a lo largo de dos mil kilómetros y con 49 millones de hectáreas, "es reconocido por su gran diversidad biológica y por ser uno de los más importantes centros de endemismo, es decir, existe un gran número de especies que sólo habitan en esta zona".

Ese complejo se extiende desde la colombiana Sierra Nevada de Santa Marta y la venezolana Cordillera de Mérida hasta el Abra de Porculla, al norte de Perú.

Programas semejantes al de los Andes venezolanos se han activado, con unos 20 proyectos, en Colombia, Ecuador y Perú, a partir de experiencias en Costa Rica y Panamá, dijo Lesenfants.

* La autora es colaboradora de Tierramérica.

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