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Ruinas mayas de Uxmal, Yucatán, México
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Acentos
¿La sed derrotó a los mayas?
Por Pilar Franco

El misterioso abandono de las espléndidas ciudades mayas, mil años atrás, sigue siendo motivo de polémica entre investigadores. Una nueva teoría apunta a la sequía como factor determinante, pero hay quienes están en desacuerdo.

MEXICO, (Tierramérica).- Especialistas de México rebaten hipótesis que atribuyen a las intensas sequías acaecidas en el siglo IX un peso decisivo en el declive de las ciudades más importantes de la civilización maya.

La cultura maya perduró tres mil 400 años desde el establecimiento de las primeras aldeas. Este pueblo habitó el extremo sudoriental de México -los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo y partes de Tabasco y Chiapas-, los territorios de Guatemala y Belice y el occidente de Honduras y El Salvador.

Sin embargo, comenzó a desmembrarse debido a la falta de lluvias, según el científico alemán Gerald Haug, citado por la revista New Scientist.

Basado en estudios de paleoclima, una disciplina que permite conocer las condiciones ambientales del pasado mediante toma de muestras en lechos de lagos, Haug identificó tres periodos de sequía intensa en el siglo IX.

La escasez de agua coincidió con el desalojo de ciudades como Chichen-Itzá, Uxmal, Xkipché Yaxchilán, Bonampak y de otras en la península mexicana de Yucatán, que fueron luego devoradas por la selva.

Según el experto alemán, estaría “aumentando la evidencia de que el clima desempeñó un papel” decisivo en el abandono de esas ciudades.

Pero a juicio del mexicano Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) “no son contundentes las evidencias de que el clima fue determinante” en el despoblamiento de zonas fundamentales de la cultura milenaria, explicó a Tierramérica el investigador de ese centro estatal, Alfredo Barrera Rubio.

El INAH considera prematuro explicar la etapa que dio inicio al derrumbe de la sociedad maya a partir de “un enfoque ecológico determinista”, declaró a Tierramérica la arqueóloga Beatriz Quintal.

Pero sigue siendo imposible precisar con certeza los motivos que impulsaron a los mayas a abandonar gran cantidad de ciudades del periodo clásico tardío.

Ese es el gran enigma histórico de una civilización que alcanzó notable avance artístico y científico, al haber logrado medir con exactitud órbitas de cuerpos celestes y pronosticar los movimientos de Venus en el firmamento.

Los sacerdotes mayas, por ejemplo, crearon un sistema de numeración vigesimal que empleaba el cero.

“Quienes entienden que el auge de la cultura maya se sustentó en el control de reservas artificiales de agua, interpretan que la sucesión de sequías habría provocado el derrumbe de las ciudades”, señaló Barrera Rubio.

Los mayas poseían maestría hidráulica, como evidencian restos de canales y viaductos, además de vestigios de la construcción de cisternas para captación de agua de lluvia, que datan del periodo comprendido entre el siglo 100 antes de Cristo y el año 300, añadió el experto.

Pero la prosperidad en una región de clima seco no obedeció sólo al manejo de reservas artificiales de agua, sino a una organización social que “permitió además la edificación de joyas arquitectónicas que hoy nos maravillan”, explicó el especialista.

En una región carente de ríos, los mayas habían logrado sobrevivir a sequías anteriores a las del siglo IX. Y entre los años 300 y 900 erigieron sin herramientas avanzadas monumentales pirámides y palacios que requirieron grandes volúmenes de agua.

“Eso pudo ser debido a una gran capacidad de organización de la fuerza de trabajo basada en la explotación colectiva de la tierra”, explicó Barrera Rubio.

El gran colapso maya fue propiciado no sólo por causas naturales, sino quizás por procesos de reorganización social, movimientos migratorios o factores como guerras, ocupaciones u otros conflictos internos.

“Al estudiar esa etapa crucial de la historia maya no puede eludirse la concepción que tenía esa civilización de la historia, según la cual todos los aspectos de la vida tienen un principio y un fin, y el tiempo sigue procesos cíclicos que hacen que los episodios se repitan”, explicó Barrera Rubio.

Así, siempre habría una época de esplendor y otra de gloria. Para los mayas, las manifestaciones de la naturaleza recurrían cíclicamente, se combinaban y seguían patrones numéricos determinados.

Los estudios en curso del INAH “buscan dilucidar la estructura social de los antiguos mayas y de ellos se derivará información de enorme valor sobre el origen, desarrollo y declive de esa cultura”, relató la arqueóloga Quintal.

Aunque siguen abiertas las preguntas sobre las causas del derrumbe de importantes ciudades, no debe hablarse del colapso de una cultura que prevalece hasta estos días, subrayó la especialista.

Unos 4,5 millones de hablantes de lenguas mayas continúan habitando casi las mismas zonas del pasado, precisó.

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