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“Me comería todos los transgénicos”
Por Pilar Franco

El científico mexicano Francisco Bolívar Zapata participó hace tres décadas en la creación de los primeros organismos modificados genéticamente. Hoy cree en ellos más que nunca.

CIUDAD DE MÉXICO, (Tierramérica).- Pionero en la biotecnología mundial, el científico mexicano Francisco Bolívar Zapata declara en diálogo exclusivo con Tierramérica estar dispuesto a comerse todos los transgénicos, como un acto de fe en la inocuidad de ese tipo de alimentos.

Premio Príncipe de Asturias 1991, Zapata, 54 años, participó en los años 70 en la creación de los primeros transgénicos, que dio lugar al surgimiento de la insulina, indispensable para millones de enfermos de diabetes en el globo.

En México, donde el cultivo de transgénicos (organismos modificados genéticamente) se limita a fines de experimentación, es frenético el debate en favor y en contra de abrir las puertas a empresas agro-biotecnológicas. Un proyecto de ley para regular los transgénicos está en discusión. Zapata asegura que la biotecnología, área que coordina en la Academia Mexicana de Ciencias, es una herramienta poderosa para afrontar el desafío de proporcionar alimentos seguros y nutritivos, así como medicamentos y servicios de salud eficientes.

“Es la tecnología más importante del siglo, y su impulso, sobre todo en el sector agroalimentario, favorece también el desarrollo de industrias con procesos limpios”, dice.

-¿Se puede descartar absolutamente que los transgénicos representen un riesgo para el medio ambiente y la salud humana? -Por principio, no hay tecnología con ‘riesgo cero’, como tampoco existe evidencia de que semillas transgénicas usadas en el campo puedan dañar el medio ambiente o la salud humana tanto como lo han hecho agroquímicos no degradables. El organismo modificado tiene un nuevo gen que lo convierte en otro organismo vivo y cuyo comportamiento es imposible predecir. Sin embargo, meto la cabeza al fuego para asegurar que no pasará nada y que se repetirá ahora el mismo caso de hace 30 años, cuando en la primera etapa de los transgénicos fueron introducidas bacterias para producir insulina humana y se desató todo un escándalo por las supuestas enfermedades desconocidas que iban a brotar. Pese a esa ola de rechazo, surgieron vacunas para enfermedades como la hepatitis y fue creado un arsenal de productos farmacéuticos para afrontar graves problemas de salud. No existe en la industria alimentaria ningún producto sometido a un número mayor de pruebas que los transgénicos, así que, si pudiera, me comería todos los transgénicos.

-¿Por qué se teme entonces tanto a los transgénicos? -Los grupos ambientales no han descubierto aún que la mejor defensa de la biodiversidad es la biotecnología por tratarse de un instrumento natural, contrario a lo que pasa con los agroquímicos. Es preferible utilizar la tecnología regalada por la propia naturaleza y que sólo es trasladada de un sistema biológico a otro. México está en capacidad de dotar de valor agregado a los productos naturales al aplicar la biotecnología a recursos agropecuarios para mejorar la calidad de los alimentos.

-¿Cómo hacer compatible la protección de la biodiversidad con el desarrollo tecnológico? -La biotecnología moderna es una de las áreas de la ciencia que más evolucionaron en las últimas décadas. Ahora, una segunda fase del desarrollo de los transgénicos está impactando al sector agropecuario. La biotecnología agrícola permite mejorar la calidad del medio ambiente al utilizar insecticidas biológicos que hacen innecesarios pesticidas altamente tóxicos y aplicar programas de conservación de suelos. Además, posibilita el aumento del contenido nutricional de los alimentos y su adecuada aplicación permite abatir la ocurrencia de plagas.

-Aún no existe una norma que regule la comercialización de transgénicos en México, pero éstos ya penetraron al país e inclusive “contaminaron” otros cultivos, como en el caso del maíz. ¿Qué se debe hacer? -Es necesario evaluar los riesgos caso por caso y operar un sistema de monitoreo del uso de la tierra con el fin de proteger los ecosistemas y la salud humana. El maíz transgénico que México importa desde hace más de siete años ha sido sembrado en muchos sitios del campo del país y eso es irreversible. Debe promoverse ahora una auscultación fina del asunto, y para ello es urgente una ley sobre bioseguridad.

-¿Tienen las grandes compañías agro-biotecnológicas intereses más allá de los económicos? -Se debe reconocer que tiene lugar una guerra comercial por el dominio del mercado y el control de las fuentes alimentarias. Pero, si de la bioprospección se derivan productos transgénicos, debería caber la posibilidad de que se generen ingresos directos para las comunidades dueñas de los recursos biológicos.

* La autora es colaboradora de Tierramérica.

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