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Consumidores del mundo, uníos
Por Mark Sommer

Los boicots contra empresas y gobiernos irresponsables funcionan. Es hora de que el consumidor ejerza su poder de compra.

BERKELEY, (Tierramérica).- Miles de millones de nosotros miramos con aparente impotencia cómo las corporaciones y las élites políticas manipulan la economía mundial para acomodarla a sus intereses exclusivos.

La maquinaria del gobierno en gran parte del mundo está ahora tan corrompida por el dinero que los únicos electores verdaderamente representados son quienes tienen los medios para comprar a sus representantes.

Pero no tenemos por ello que quedar desamparados. En realidad tenemos en nuestras manos palancas muy potentes. Cada decisión que tomamos para comprar un determinado producto o servicio repercute a través de la economía global y sirve de apoyo a determinadas políticas y no a otras.

Mientras que el impacto de cada compra individual es minúsculo, un desplazamiento de sólo un dos por ciento en la demanda de un producto o servicio de una compañía hacia otra es suficiente para suprimir todo el margen de utilidades de la primera. De frente a tal penalización por parte de los compradores, la compañía afectada se verá inducida a cambiar su política empresarial.

En años recientes hemos visto boicots que produjeron el viraje buscado en las políticas de conocidas marcas de empresas transnacionales como Starbucks (vendedora del café Fair Trade), Home Depot (vendedora de maderas) y Nestlé (que debió cesar la promoción de sus productos alimenticios para niños en el mundo en desarrollo).

Recurrir al poder de la compra en forma consciente y creativa significa ejercitar nuestros derechos democráticos como ciudadanos en un mercado libre y liberar a la economía global, ahora cautiva de unos pocos privilegiados.

En un mercado libre nuestra libertad de elección es inalienable. Las decisiones personales en materia de compra son imposibles de controlar desde arriba. Y nosotros podemos cambiar nuestras pautas de compra sin mayores sacrificios.

Para enfrentarnos a la escala y al poder de la economía global es necesario ejercer en todo el mundo nuestro poder colectivo de compra. A través de una hábil combinación de boicots podremos penalizar a las políticas empresariales y gubernamentales irresponsables, pero también recompensar a aquellas que apoyen a una economía y a una sociedad saludables.

La naturaleza altamente interdependiente de la economía mundial ha sido desde hace tiempo vista negativamente, dado que deja a las economías locales atadas a fuerzas que están más allá de su alcance. Pero el poder fluye en ambas direcciones. Un electorado económico global puede convertirse en un potente bloque de votantes que puede reorientar las prioridades de la economía mundial.

Los gobiernos locales y las grandes instituciones –desde universidades a fondos de pensiones de los sindicatos-, así como los individuos, pueden coordinar sus compras para crear economías de una escala que haga atractivo para las compañías el suministro de bienes y servicios más responsables desde el punto de vista social y ambiental.

Para tener éxito, sin embargo, una estrategia de boicots debe ser precedida por un continuo proceso de investigación para identificar tanto a las mejores como a las peores prácticas entre las corporaciones empresariales.

Una gran parte de este trabajo ha sido hecho ya. En una amplia serie de campos han sido puestos en práctica sistemas de certificación y principios y medidas de responsabilidad social y ambiental. Lo que queda por hacer es reunirlos a todos en una serie de reglas globales que luego sean traducidas en guías para la compra.

Es hora de reinventar la democracia desde abajo. Nosotros mismos somos los líderes que hemos estado esperando. Lo que nos queda por hacer es descubrir nuestra propia capacidad de determinar nuestro destino compartido.

* El autor es columnista y director del Mainstream Media Project, una

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