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Campesino centro-americano
Crédito: Cláudio Contreras
Acentos
La amenaza del comercio no tan libre
Por Jorge Alberto Grochembake

Pocos festejan en América Central el fin de la novena ronda de negociaciones del tratado de libre comercio con Estados Unidos. Campesinos advierten sobre la pérdida de miles de empleos y el aumento de la pobreza que ya afecta a más de la mitad de la población.

GUATEMALA., (Tierramérica).- Estados Unidos propuso hace poco más de un año a cinco países de América Central un tratado de libre comercio para desarrollar sus economías y erradicar la pobreza creando empleos en la región de 37 millones de habitantes.

Pero en nueve rondas de negociaciones concluidas el 17 de este mes, el panorama promisorio se convirtió en amenazante.

La insistencia estadounidense en cuestiones delicadas llevó a Costa Rica, el martes 16, a postergar la negociación hasta enero, mientras las delegaciones de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua dieron por concluido el acuerdo un día después, en la novena y última ronda, celebrada en Washington.

El retiro de Costa Rica tuvo su momento más tenso el mismo martes, cuando el presidente Abel Pacheco amenazó con no firmar el acuerdo de libre comercio si se mantenía la posición "colonizadora" de Estados Unidos.

"El TLC es por el bienestar de los costarricenses, es una ayuda que nos da Estados Unidos generosamente a los centroamericanos, (pero) si consiste en un proceso de colonización, no, muchas gracias", advirtió Pacheco.

La decisión costarricense se debió al reclamo estadounidense de apertura de los monopolios estatales de seguros y telecomunicaciones.

"Estamos avanzando con estos cuatro países. Esperamos que Costa Rica se una pronto, pero tampoco vamos a esperarla", advirtió el representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Zoellick.

Los documentos acordados se harían públicos en abril, cuando se cumplan los plazos para ser ratificados por los respectivos parlamentos y firmados por los presidentes.

Si el tratado entra en vigor en enero de 2005, más de 80 por ciento de las manufacturas estadounidenses quedarán libres de aranceles de manera inmediata. Como contrapartida, Washington concederá un trato similar a casi todas los bienes industriales y de consumo de los cuatro países firmantes, lo que en los hechos implica consolidar los beneficios ya vigentes en virtud de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe.

Más de la mitad de las ventas agrícolas de Estados Unidos también quedarán inmediatamente libres de aranceles, como la carne bovina de calidad, el algodón, el trigo, la soja y el vino, entre otros.

Pocos festejan en América Central. Organizaciones sociales encabezadas por campesinos recuerdan las advertencias que lanzaron a inicios de este año: que el acuerdo podía provocar la pérdida de miles de puestos de trabajo y agravar la pobreza que ya afecta a más de la mitad de la población.

"Esa es la experiencia que sacamos de México, cuando firmó el tratado (de Libre Comercio de América del Norte) con Estados Unidos y Canadá", explicó a Tierramérica el dirigente de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas en Guatemala (CNOC), Daniel Pascual.

"No tiene nada de libre comercio, porque hay grandes desigualdades en producción, tecnología, equipos, y la protección que tiene la producción estadounidense con subsidios y barreras arancelarias y fitosanitarias", dijo Pascual, cuya organización está aliada con sus pares de la región.

La propuesta actual es "solo apertura de fronteras centroamericanas al mercado de Estados Unidos", apuntó el dirigente.

También opinó que "en términos políticos significa el avance por regiones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)", que Estados Unidos negocia con 34 países del continente, y que debería entrar en vigor a fines de 2005.

Según Pascual, a Estados Unidos sólo le interesa eliminar los aranceles a la importación de maíz y frijol, cultivos tradicionales de la región. "Será la aniquilación de miles de productores guatemaltecos, eliminar la seguridad alimentaria y la tradición cultural", aseveró.

Los cinco países de América Central intentaron obtener una salvaguarda agrícola especial para proteger a sus cultivadores de los subsidiados productos estadounidenses que llegarán a sus mercados.

Pero en virtud del secreto, nada está claro.

"Nos han dicho que quedó la salvaguarda agrícola, pero desconocemos los detalles. No podemos decir si es favorable o no, porque todo está confuso", dijo a Tierramérica desde Washington una portavoz de la guatemalteca Cámara del Agro.

"Teníamos que pelear por un todo, en temas como maíz, arroz, frijol, carne vacuna y porcina, pollo, leche, azúcar, y en lo nuestro, los textiles y confección", dijo a Tierramérica desde Washington Juan Carlos Paiz, presidente de la Gremial de Exportadores de Productos no Tradicionales.

Los productos textiles y de confección quedarían libres de aranceles y cuotas retroactivamente, desde el 1 de enero de 2004, pero si cumplen las reglas de origen del tratado, es decir si sus materias primas proceden de los países parte. Este esquema prevé algunas excepciones.

Paiz lamentó que Estados Unidos concediera sólo a Nicaragua el derecho a exportar al mercado estadounidense libre de aranceles prendas fabricadas con cierto porcentaje de materias primas importadas de terceros países.

"Eso nos hubiera dado oportunidad de crear miles de empleos. No puedo valorar si es favorable el tratado en su conjunto, porque desconocemos detalles", sostuvo Paiz.

Milton González, de la Coordinadora Nacional de Granos Básicos de Guatemala, dijo a Tierramérica que Estados Unidos fijó un plazo para llegar al arancel cero en las ventas de frijol.

"Nuestra propuesta era que por cada quintal (100 libras) importado, las empresas nacionales debían adquirir diez en el mercado local. Ahora está en peligro la dieta de los guatemaltecos y miles de empleos Agrícolas", aseguró González.

"Fuimos sacrificados, ahora vamos a tener que competir en desiguales condiciones con productores de porcinos de Estados Unidos", se quejó desde El Salvador Federico Fernández, director de la Asociación de Porcicultores.

Según el empresario, los productores estadounidenses podrán exportar por año unas mil 500 toneladas de carne de cerdo a cada uno de los países del acuerdo, con un aumento de 10 por ciento anual.

"La cuota otorgada a Estados Unidos es el doble de lo que habíamos planteado a nuestro equipo negociador", lamentó Fernández.

El fin de las negociaciones pareció dar razón a sectores sociales, encabezados por indígenas y campesinos, que cuestionaron los supuestos beneficios del tratado.

Pero aún resta la batalla por la ratificación parlamentaria.

"Apenas iniciamos la otra etapa: la lucha interna y regional para que con marchas o como sea, los congresos no ratifiquen un tratado que sólo traerá miseria, hambre y muerte", dijo el dirigente campesino Pascual.

* El autor es colaborador de Tierramérica.

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