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Reserva se abre al ecoturismo
Por Dalia Acosta

Una pequeña comunidad que habita la reserva de biosfera de la Sierra del Rosario, en Cuba, intenta probar que el turismo verde es posible. Los visitantes pueden acceder al territorio protegido, pero con restricciones.

LA HABANA, (Tierramérica).- La comunidad de Las Terrazas, en la septentrional reserva de la Sierra del Rosario, se abrió al turismo para sobrevivir, tras décadas de permanecer oculta a los viajeros e ignorada por buena parte de los cubanos.

A 54 kilómetros de La Habana, Las Terrazas ocupa 5 mil hectáreas de ríos, valles, montañas y bosques, y forma parte de la Sierra del Rosario, declarada en 1985 reserva de biosfera por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

La carretera que conduce al poblado de casi mil habitantes y a sus atractivos naturales se mantiene controlada, y sus custodios se reservan el derecho de admisión. “No todo el mundo tiene la cultura que hace falta para entrar a un lugar como éste”, explicó a Tierramérica Jorge Luis Zamora, quien diseñó la oferta turística del complejo.

Más de 500 especies vegetales conforman el bosque tropical de la reserva, donde habitan 78 especies de aves, siete de lagartos y gran variedad de anfibios.

El turismo puede contaminar las aguas y alentar la extracción de especies y la agresión sonora por el movimiento de vehículos, advierten estudios especializados.

El Plan de Desarrollo Integral Sierra del Rosario, aprobado en 1968, pretendía agrupar a la población dispersa, fomentar la actividad forestal y proteger los suelos de la erosión.

Tras siglos de deforestación por el avance de los cultivos de café y tabaco y la ganadería, “aquello era un peladero”, recordó Fidel Ramos, director de un programa nacional de desarrollo de las montañas.

En 10 años se plantaron más de seis millones de árboles en mil 500 kilómetros de terrazas abiertas por los pobladores en las laderas montañosas, desde los valles hasta las cimas.

La comunidad fue fundada en 1971 y “subsidiada por el Estado porque la idea era vivir del bosque, que demoraría 30 años en crecer”, explicó Zamora.

Pero a inicios de los años 90, cuando Cuba comenzó a padecer la crisis económica que aún se prolonga, se hizo imposible para el Estado sostener esta reserva ambiental cerrada. El turismo se convirtió en la única salida.

En 1994 se creó la Sociedad Anónima Complejo Turístico Las Terrazas, y se estableció el reparto de los ingresos turísticos entre ésta, la comunidad y el Estado.

“Estamos hablando de una experiencia única, por los programas de desarrollo aplicados durante décadas y por la forma en que se maneja la actividad turística”, afirmó Zamora.

La apertura del hotel La Moka y de centros de recreación en los baños del río San Juan y en la finca restaurada del cafetal Buena Vista permitieron crear más de 200 empleos.

El turismo deja más de un millón de dólares por año, y permitió ampliar la variedad de productos básicos que los pobladores compran a precios subsidiados.

“Uno de los problemas más sensibles, la vivienda, empieza a tener respuesta con el mantenimiento de algunas de las casas más viejas y la perspectiva de construir nuevas”, dijo Zamora.

El desafío es dar cabida al creciente flujo de turistas europeos, sin sobrepasar los límites del impacto ambiental. Está vedado para cualquier ciudadano cubano mudarse a Las Terrazas, aunque abandonar la zona hacia la gran ciudad fue una alternativa para sobrevivir en el pasado, que parece haber perdido validez.

“Yo voy a La Habana dos o tres días y tengo que regresarme. No soporto el ruido, el tráfico, la locura en que anda la gente”, dijo Luis Manuel Acosta, dependiente de 24 años que reside en Las Terrazas desde niño.

Aunque vive del turismo, Acosta reconoce que el éxito está en las restricciones de acceso. “Al río, al lago o a cualquier lugar del complejo se deja entrar a un número limitado de personas y eso está bien”, añadió.

* La autora es corresponsal de IPS

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