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El buen ejemplo del ozono
Por Gustavo González

Brasil, Chile, México, Argentina y Colombia han logrado avances importantes en torno al cumplimiento del Protocolo de Montreal que prevé erradicar la producción, uso y comercio de sustancias nocivas para la capa de ozono, afirman expertos.

SANTIAGO, (Tierramérica).- La lucha por frenar el deterioro de la capa de ozono requiere más voluntad política y un renovado esfuerzo de conciencia, similar al que dio nacimiento en 1987 al Protocolo de Montreal, señalaron funcionarios y expertos reunidos en la capital chilena.

América Latina y el Caribe contribuyen apenas con 14 por ciento al uso global de sustancias que dañan la capa de ozono, según datos de 1999.

Pero el extremo sur de la región, la Patagonia argentina y chilena, es el área poblada del planeta más expuesta al paso de radiaciones solares nocivas para la vida a través del agujero o hueco de ozono, que se manifiesta en la primavera y el verano austral.

El fenómeno cíclico adquirió este mes de septiembre su máxima extensión con la llegada de la primavera. Aunque el hueco (en rigor un afinamiento extremo de la cubierta de ozono sobre la Antártida) no fue mayor que en 2001, tuvo una forma más alargada, tocando el extremo sur de Argentina y Chile, según las imágenes satelitales.

El gas ozono ubicado en la estratosfera forma un manto en torno al planeta que filtra las radiaciones solares ultravioletas, evitando efectos dañinos como la destrucción de microespecies de flora y fauna terrestre y marina, pérdida de cosechas y quemaduras, cáncer de piel y hasta ceguera en los seres humanos.

La destrucción de la capa llegó a su grado máximo entre 1992 y 1994 y el proceso se está controlando lentamente, aunque se reversión sólo se logrará en 2050, dijo el secretario general de la ONU, Kofi Annan, el 16 de septiembre, Día Mundial del Ozono.

Es difícil establecer si algunos países de América Latina están contribuyendo en mayor o menor medida a preservar la capa de ozono, ya que su evolución no depende sólo de los estados, sino de diversos factores incluso meteorológicos, dijo a Tierramérica Marco Pinzón, coordinador de la Red Ozono para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Países como Brasil, Chile, México, Argentina y Colombia han hecho un importante aporte, mientras otras naciones más pequeñas y con otros problemas hacen esfuerzos para cumplir con el Protocolo de Montreal, destinado a erradicar la producción, uso y comercio de sustancias agotadoras del ozono.

Desde 1974 se sabe que los gases clorofluorocarbonos (CFC) y halones, usados como refrigerantes, propelentes y extintores de incendios, destruyen las moléculas de ozono. También el bromuro de metilo, un plaguicida muy empleado en la agricultura, agota la cubierta de ozono.

El Protocolo de Montreal ratificado por todos los países latinoamericanos y caribeños establece que las naciones en desarrollo deberán erradicar por completo los CFC y halones para 2010 y el bromuro de metilo en 2015.

Antes de 1999, algunos países registraron sobreproducción o sobreexplotación de CFC. En ese año, el consumo se situó en 30 mil toneladas y la producción en 23 mil toneladas. Pero en 2000 hubo comportamientos satisfactorios en los países más representativos: México, Brasil, Chile y Venezuela, aunque Argentina registró sobreproducción en 2001.

Respecto de los halones, el compromiso de la región es congelar en 2002 su consumo al promedio de 1995-1997. También el uso agrícola del bromuro de metilo debería congelarse este año en la región.

Como el proceso depende de la voluntad de los estados, es necesario crear una renovada conciencia mundial a la cual la prensa debe aportar, apuntó Pinzón.

“El Protocolo de Montreal es un ejemplo para otras convenciones internacionales, pues los países industriales reconocieron que habían desarrollado unas sustancias que mutaban la capa de ozono, afectando a los países de la parte Sur del globo, que no podían solucionar solos este problema”, señaló.

“Se creó así una convención. Bajo el principio de responsabilidades compartidas se estableció un fondo para que estos países del Sur puedan solicitar recursos financieros e implementar ecnologías nuevas. No es un escenario de víctimas y victimarios, sino un escenario de cooperación”, dijo el experto del PNUMA.

Pinzón fue uno de los participantes del encuentro celebrado entre el 16 y el 18 de este mes en Santiago de Chile, preparatorio de la reunión XIV de los estados partes del Protocolo de Montreal, que se llevará a cabo del 25 al 29 de noviembre en Roma.

La tramitación legislativa de un proyecto para prohibir la importación de productos químicos que dañan la capa de ozono es una señal "muy importante" de la conciencia de las autoridades, dijo Pinzón. “Esto es necesario no sólo para Chile, sino para todos los países”, añadió.

“A esta altura, hemos alcanzado 50 por ciento de eliminación (de sustancias dañinas), sobre la línea base del Protocolo”, afirmó a Tierramérica el especialista Javier Camargo, del Ministerio de Ambiente de Colombia.

Los mayores progresos colombianos corresponden a la industria de la refrigeración, pero resta actuar en pequeñas empresas y talleres que utilizan químicos nocivos y que son más difíciles de localizar por estar diseminados en el territorio, explicó Camargo.

“Tenemos que avanzar todavía en otros aspectos. Hay leyes ambientales en Colombia, pero nos falta una normativa específica respecto de las sustancias agotadoras del ozono”, agregó.

En cambio, el científico Bedrich Magas, de la austral Universidad de Magallanes, en Punta Arenas, dos mil 300 kilómetros al sur de Santiago, estimó que el Protocolo de Montreal se trazó plazos lentos por las presiones de las industrias que lucraron con las sustancias que dañan el ozono.

“La destrucción del ozono está clasificada como un riesgo superior al de las armas nucleares para la vida en el planeta. Sin embargo, 99 por ciento de los fondos para investigar el fenómeno en el ámbito mundial se destinan a geofísica atmosférica y apenas uno por ciento al estudio de sus consecuencias biológicas”, dijo el científico a Tierramérica.

* El autor es corresponsal de IPS

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