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Continúan operaciones de rescate en Galápagos
Por Kintto Lucas, enviado especial

Unos 150 animales han sido salvados y devueltos a su hábitat, pero siguen hallándose ejemplares sin vida, a tres semanas del desastre provocado por el petrolero Jessica

SAN CRISTOBAL, Ecuador, (Tierramérica).- Pedrín apenas se mueve mientras Adam, un voluntario, pasa suavemente una esponja con un líquido especial -mezcla de disolvente y agua- por sus alas. No parece incomodarse ante la lenta operación de limpieza que le está salvando la vida.

Pronto, ya sin los restos de combustible, Pedrín volará nuevamente a cazar en las aguas que rodean la isla San Cristóbal, en Galápagos.

Pedrín fue un pelícano afortunado. Otros no corrieron con la misma suerte. Al menos tres de sus camaradas de especie perecieron víctimas del derrame de 300 toneladas de combustible del petrolero Jéssica, encallado a mediados de enero en este santuario ecuatoriano, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad.

A la lista oficial de defunciones, se añaden dos gaviotas, dos fragatas, tres pufinos y una mantarraya, antes habitantes felices de un ecosistema famoso en el mundo por haber inspirado la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin.

Cada muerte de un animal es una daga en el corazón de los ambientalistas. Y tres semanas después del desastre, siguen hallándose ejemplares sin vida. "Me quedaré hasta que encontremos el último animal con rastros de contaminación", dice Adam, el salvador de Pedrín.

Originario de California, Estados Unidos, Adam voló a las islas en cuanto supo del derrame del Jéssica, junto a otros cuatro voluntarios del Fondo Mundial para la Naturaleza, (WWF, por sus siglas en inglés).

Ambientalistas entusiastas como ellos apoyaron al personal de la Fundación Charles Darwin en el rescate hasta ahora de 150 animales, entre lobos marinos y aves, que luego de ser limpiados fueron devueltos a su hábitat.

Con apoyo de diversos gobiernos y organizaciones ambientalistas, el Centro de Rescate de Fauna Silvestre, con sede en San Cristóbal, logró crear instalaciones veterinarias adecuadas para el tratamiento de todas las especies, aunque los más afectados fueron los lobos marinos y los pelícanos.

El director del Parque Nacional Galápagos, Eliécer Cruz, agradeció la ayuda y destacó el papel de los voluntarios. Esas personas perciben a las islas "como parte de su vida", aseguró Cruz.

Bruce, otro voluntario, argumenta que un verdadero ambientalista debe sentir cualquier golpe a la ecología como propio. ''Estas islas únicas son muy queridas por nosotros. Ojalá en Ecuador tomen conciencia de lo que ellas significan para la humanidad'', señala.

Mientras Tierramérica conversa con Bruce llegan unos pescadores con tres aves marinas afectadas y un pelícano muerto, y los voluntarios se acercan para comenzar la limpieza. ''Aunque sabemos que en los próximos meses se seguirán encontrando animales muertos por contaminación indirecta de su alimentación, pensamos que ya no habrá pelícanos fallecidos por la acción directa del combustible'', comenta.

Cruz asegura que el personal de parque Nacional Galápagos y de la Fundación Charles Darwin se mantiene en alerta permanente. El WWF ha advertido que las legislaciones internacionales y los mecanismos de inspección y de control son aún insuficientes para reducir el vertido de petróleo al mar.

''Los esfuerzos de muchos países para combatir los derrames de crudo se producen sólo cuando son afectados por un vertido de magnitud, como ocurrió ahora con Ecuador'', observa Adam.

Según el WWF, se registran en promedio dos accidentes mensuales con derrame de petróleo en el mundo, y 80 por ciento de los casos se debe a errores humanos y a la permisividad de muchos estados, que admiten la navegación de buques de bandera de conveniencia aún en condiciones deplorables.

Más de 6 mil buques surcan actualmente los océanos, y muchos con materiales tóxicos a bordo. Tras la marea negra provocada por la embriaguez del capitán del buque "Exxon Valdez" en las costas de Alaska, en 1989, cuyo vertido de 36 mil toneladas de crudo cubrió 800 kilómetros de costa, Estados Unidos creó en 1990 la EPA (Agencia de Protección Ambiental) y promulgó la Ley de Contaminación por Petróleo.

También fue integrada una comisión especial para el seguimiento de los efectos de la marea negra en un período de 10 años, hasta 1999.

La contaminación por sustancias derivadas de hidrocarburos posee efectos acumulativos y persistentes, que se introducen en las cadenas tróficas marinas mediante su principal vector, el agua. La contaminación puede llegar al hombre por consumo de organismos filtradores, como por ejemplo, los moluscos.

El impacto biológico de la contaminación de petróleo en el medio marino afecta la supervivencia del fitoplancton y de la flora marina. Respecto de la fauna, las mareas negras pueden provocar verdaderas catástrofes. El accidente del "Exxon Valdez" en Alaska causó la muerte de 250 mil aves marinas, 5 mil nutrias, 300 focas, 22 orcas, 150 pigargos americanos, 14 leones marinos, y de infinidad de peces de distintas especies.

En las islas Galápagos, las defunciones fueron mucho menores, pero para los ecologistas, no hay pretextos para no tomar decisiones radicales. Un representante del movimiento francés Generación Ecológica propuso que Ecuador "siga el ejemplo de Estados Unidos que, tras el naufragio del Exxon Valdez, aprobó una ley rigurosa para el control de los barcos". ''A los ecologistas nos parte el alma ver a esos pelícanos muertos o a lobos marinos arrastrándose con dificultad por la arena a causa de la negligencia.

Tenemos que tener en cuenta que cuidar Galápagos es una expresión de sensibilidad'', dice el activista.

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