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Integración, medioambiente y pragmatismo
Por Marcela Valente

Los cuatro países del Mercosur culminaron un largo debate con un acuerdo sobre el tema ambiental inspirado por el realismo político y económico, calculado para no entorpecer el comercio. Sus críticos argumentan que puede representar un retroceso.

BUENOS AIRES, (Tierramérica).- Después de casi una década de debates en los que participaron gobiernos y organizaciones no gubernamentales (ONG), el realismo político se impuso sobre ideales ambientalistas y desde marzo, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay cuentan con un Acuerdo Marco sobre Medio Ambiente del Mercosur.

El Acuerdo Marco reemplazó a un controvertido proyecto de protocolo que se discutía desde hace años al interior del mecanismo de integración. Pero las reacciones al documento finalmente aprobado han sido dispares: algunos apoyan el pragmatismo, otros lo consideran un retroceso.

"Es un documento más corto, más práctico y menos ambicioso (que el protocolo original), pero para nosotros es un paso adelante", afirmó Miguel Reynal, presidente de la no gubernamental Fundación Ecos, de Uruguay, que trabaja para difundir el desarrollo sustentable en el Mercosur (Mercado Común del Sur).

"En nuestros países sobra legislación con postulados grandilocuentes y falta aplicación, porque por ser tan ambiciosos en los principios, terminamos siendo ignorados en la realidad", explicó Reynal a Tierramérica.

La Fundación Ecos lanzó en 1998 un programa de Comercio y Medio Ambiente, junto a otras 15 ONG del Mercosur, para intensificar el diálogo con los gobiernos y lograr un instrumento jurídico que sirviera de marco regulatorio ambiental para la subregión.

Dentro de esa red de ONG, sin embargo, hay diferencias. El Fondo Mundial para la Vida Silvestre de Brasil considera un retroceso el Acuerdo Marco alcanzado a mediados de marzo en la ciudad brasileña de Florianópolis por el grupo de trabajo número seis del Mercosur.

En el camino de esa síntesis orientada por el pragmatismo que predomina en el Acuerdo se perdieron derechos ambientales que no deberían haberse dejado de lado, argumentó la ONG brasileña.

El nuevo Acuerdo Marco destaca la necesidad de que los socios cooperen para proteger el ambiente y utilizar los recursos naturales de manera sustentable, pero siempre que la defensa de la naturaleza no sea un obstáculo al desarrollo económico, especialmente en la coyuntura actual de dificultades para el bloque de integración.

El acuerdo prevé que "las políticas comerciales y ambientales deben complementarse" y puntualiza que la protección del ambiente debe guiarse por los principios de "gradualidad, flexibilidad y equilibrio".

Para los firmantes, "la promoción del desarrollo sustentable debe alcanzarse por medio del apoyo recíproco entre los sectores ambientales y económicos, evitando la adopción de medidas que restrinjan o distorsionen de manera arbitraria e injustificada la libre circulación de bienes y servicios en el ámbito del Mercosur".

El objetivo del acuerdo es "la protección del medio ambiente y el desarrollo sustentable, mediante la articulación de las dimensiones económicas, sociales y ambientales".

La nueva norma recoge compromisos de la Declaración de Río de 1992, firmada por los participantes en esa primera Cumbre de la Tierra, y se compromete a actuar en concordancia con esos postulados en el marco del Mercosur.

Además propone la adopción de políticas comunes para la protección del ambiente, la conservación de los recursos naturales y la promoción del desarrollo sustentable, así como el intercambio de información tanto sobre instrumentos para alcanzar los objetivos en cada país, como de las posiciones nacionales en foros ambientales internacionales sobre asuntos de interés global.

Finalmente, los países acordaron armonizar sus legislaciones ambientales, procurar que las demás instancias del Mercosur consideren "adecuada y oportunamente" los aspectos ambientales de sus políticas, y brindar también en forma oportuna información sobre desastres y emergencias naturales que afecten a los socios.

En cuanto a las controversias que podrían surgir en materia estrictamente ambiental, como lo que se refiere a restricciones no arancelarias al comercio, el acuerdo prevé que sean resueltas por medio del sistema de solución de disputas vigente en el Mercosur, y no mediante "negociaciones diplomáticas directas", como planteaba el descartado proyecto de protocolo.

El director de Asuntos Ambientales de la cancillería argentina, Raúl Estrada Oyuela, comentó que el borrador de protocolo contenía fallas conceptuales, porque reelaboraba principios y políticas ya adoptados por los países en acuerdos multilaterales de carácter vinculante, como por ejemplo definiciones contenidas en la propia Declaración de Río firmada en 1992.

Pero además incluía dos temas controvertidos que quedaron de lado en el acuerdo final. Uno de ellos se refería a los productos transgénicos. Argentina tenía mucho que perder si en un acuerdo del Mercosur se rechazaba este tipo de productos, ya que la mayor parte de sus exportaciones de soja son producto de una variedad modificada.

El otro asunto descartado fue el del principio precautorio, que según algunos analistas podía convertir al descartado protocolo en un obstáculo no siempre justificado al comercio.

Al respecto, Reynal comentó que cuando se declama mucho pueden surgir normas extremas perjudiciales para el comercio. Sería el caso del freno de importación de un envío por la sola sospecha de contaminación o de depredación ambiental, aunque el hecho no esté comprobado o sea falso.

* La autora es corresponsal de IPS

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