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Las redes de conocimiento
Por Marcelo Jelen

Los actores de los municipios latinoamericanos se vinculan en forma directa con las fuentes de recursos. El resultado es la descentralización de la cooperación internacional para el desarrollo gracias al establecimiento de redes que, según un reciente diagnóstico, potencian la gestión ambiental.

MONTEVIDEO, (Tierramérica).- En los albores del siglo XXI parece haber un acuerdo generalizado sobre la necesidad de que los países más ricos ayuden a los más pobres a alcanzar el desarrollo sin perjudicar el ambiente. La gran pregunta es cómo lograrlo.

La búsqueda de respuestas impulsa propuestas como las de las "redes de conocimiento" para el desarrollo, concebidas en América Latina como mecanismo para descentralizar la cooperación internacional.

Las redes funcionan como una estructura que vincula gobiernos locales con la sociedad civil, instituciones académicas, organismos multilaterales de crédito y con donantes del mundo industrializado.

Estas redes permiten coordinar acciones, en especial aquellas destinadas a mejorar la gestión ambiental, concluyó un foro para evaluar iniciativas de desarrollo humano sostenible que se realizó en la capital de Uruguay.

Las teorías que sustentan el proyecto de estas redes de conocimiento ya comienzan a ser llevadas a la práctica. Por ejemplo en El Salvador, donde algunos municipios buscaron alternativas de captación de recursos tras los terremotos de enero y febrero de este año.

El alcalde de Apastepeque, Miguel Angel Gómez, explicó a Tierramérica que la centralización de la ayuda internacional dificultaba las tareas. “A los municipios opositores nos mandaban menos recursos", aseguró.

Los gobernantes locales salvadoreños reaccionaron con la creación de una Red Solidaria Municipal, que se saltó al gobierno central en sus pedidos internacionales de ayuda. “En siete días, las donaciones eran entregadas en el aeropuerto a los representantes de los municipios directamente”.

Eso fue posible por una estrecha coordinación entre gobiernos locales, organizaciones no gubernamentales salvadoreñas, organismos internacionales y la prensa, dijo Gómez.

Una experta del Banco Mundial, Teresa Serra, hizo notar que integrar las políticas locales con las nacionales y regionales “es supremamente difícil”, así como lo es “compatibilizar las agendas nacionales con las de las agencias internacionales”.

En la “cooperación descentralizada” no solo intervienen los municipios, sino también “universidades, organizaciones no gubernamentales, asociaciones y empresas”, afirmó Isabelle Hentic, representante de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional.

En estas redes, tiene tanta importancia el desarrollo de los proyectos como la difusión de los resultados luego de su conclusión, sostuvo Hentic.

Gómez, Serra y Hentic participaron en el Foro Internacional sobre Gestión del Desarrollo Humano Sostenible en América Latina y el Caribe realizado en febrero en Montevideo.

Uno de los objetivos de la conferencia, organizada por el Secretariado de Manejo del Medio Ambiente para América Latina y el Caribe (SEMA), fue diseñar mecanismos para cubrir la demanda de políticas ambientales y sociales creadas por la concentración de actividades económicas en las ciudades.

“La gestión (...) ambiental vinculada a la creciente presencia de asentamientos informales e irregulares en torno a las ciudades es uno de los puntos de interés central en la proyección de un modelo de desarrollo sostenible”, apuntó el documento base del foro.

La degradación ambiental de las ciudades obliga a los gobiernos locales de la región a cumplir funciones antes cubiertas por los gobiernos nacionales, atados por sus políticas de restricción de gastos.

Y eso desafía a los municipios a lograr una relación más directa con países donantes e instituciones de cooperación internacional. Unos 380 millones de personas viven en ciudades de América Latina, la mitad de los cuales gastan menos de dos dólares diarios, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, una agencia de la Organización de las Naciones Unidas.

“Las condiciones ambientales no dejan de degradarse, a pesar de los avances tecnológicos y de las advertencias de los científicos y de las organizaciones internacionales. El desarrollo sostenible es aún un anhelo distante”, dijo en el Foro Adolfo Pérez Piera, jefe interino del gobierno local de Montevideo.

* El autor es corresponsal de IPS

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