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Pamela Cox
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Análisis
La crisis alimentaria mundial y la paradoja latinoamericana
Por Pamela Cox*

Tras el compromiso de los líderes mundiales sellado en la Cumbre de Roma para asistir a los pobres de este mundo que deben capear el temporal de los altos precios de los alimentos, es importante considerar algunas características únicas de cómo los países de América Latina y el Caribe se insertan en este cuadro global.

WASHINGTON, jun (Tierramérica).- Por un lado, los altos precios de las materias primas representan una oportunidad para que la región aumente su producción de alimentos y aumente sus ingresos. Por otro, debe hace frente al urgente desafío de ayudar a aquellos que más lo necesitan en esta crisis. Los países de América Latina y el Caribe están entonces frente a una crítica paradoja

UNA CRISIS QUE NO GOLPEA A TODOS POR IGUAL

Es que la región posee una rica tradición agrícola, y varios de sus países están entre los primeros exportadores mundiales de alimentos. Durante el año 2006 la región exportó más de 55.000 millones de dólares en productos agrícolas. El mejoramiento de los términos de intercambio a través de los altos precios de las materias primas (incluyendo productos agrícolas) beneficia a varios países.

Para aquellos países sudamericanos ricos en materias primas, este desarrollo representa una oportunidad para el crecimiento sostenido y la posibilidad de pasar a una producción con mayor valor agregado: de las materias primas a la agroindustria. Este cambio tendría un impacto positivo sobre el nivel de empleo, y ampliaría las transformaciones operadas en países como Colombia, Chile y Perú, México, entre otros, que se han convertido en productores de primer nivel de fruta, espárragos, palta y otras variedades vegetales.

Empero, América Central y el Caribe se encuentran en una situación muy diferente. Dependen de la importación de alimentos y están siendo severamente afectados por la espiral de precios. Al mismo tiempo, están experimentando pérdidas en los términos de intercambio en razón de los precios de los insumos energéticos.

Así las cosas, la inflación de los precios de los alimentos afecta de manera desigual a los diferentes sectores de la sociedad. Impacta de una manera desproporcionada en los consumidores pobres urbanos en todos los países, incluyendo aquellos que son exportadores de alimentos.

Las familias más humildes gastan al menos 50 por ciento de su presupuesto en alimentos. Nuestros estudios indican que a lo largo de la región, la gente pobre sufre una tasa de inflación efectiva bastante más elevada que la tasa global. Como resultado, y de acuerdo a cifras de la ONU, 10 millones de personas en la región son vulnerables a la desnutrición y la hambruna por esta crisis, dado que deben adquirir alimentos a precios que le son cada vez más inalcanzables.

Consecuentemente, y de acuerdo a lo establecido en la cumbre de Roma, hemos expandido nuestros programas de asistencia tanto en el corto como mediano plazo.

Hemos creado un fondo de emergencia de 1.200 millones de dólares para los países más afectados por esta crisis y hemos inmediatamente aprobado una donación de 10 millones de dólares para Haití dirigida a programas de asistencia directa.

AMÉRICA LATINA ES MENOS VULNERABLE QUE EN EL PASADO

En el año 2007, la región de América Latina y el Caribe celebró su cuarto año consecutivo de crecimiento a tasas superiores a cinco por ciento, el mejor desempeño desde la década de los setenta.

Los gobiernos de la región han implementado políticas macroeconómicas sólidas y han aprovechado las ventajas de los precios favorables de las materias primas para reducir sus vulnerabilidades. Por ello, los mercados de capitales han reconocido la posición económica y fiscal más sólida de la región. Tanto Brasil como Perú han logrado el grado de inversión.

Los niveles de pobreza --por mucho tiempo el talón de Aquiles de la región-- han descendido en varios países, desde Brasil a Perú, y de Argentina a México. Estos descensos están relacionados al sólido crecimiento económico de los últimos años, y al incremento del gasto público con orientación social, incluyendo exitosos programas de transferencias monetarias condicionadas.

Estos avances están ahora en riesgo debido al impacto de la desaceleración económica en los Estados Unidos, así como por la subida de los precios del petróleo y los alimentos. Aun cuando la región está mejor preparada que en el pasado, el reto es mayor para los pequeños países de América Central y el Caribe.

Mientras tanto, los países ricos pueden contribuir a aliviar la crisis alimentaria dando un respiro a través de la reducción de subsidios y aranceles sobre los biocombustibles derivados del maíz.

La producción de etanol consumirá 30 por ciento de la cosecha estadounidense de maíz para el año 2010. Reducir los aranceles sobre el etanol en Estados Unidos y Europa ayudaría a incrementar la producción de biocombustibles más eficientes, y ecológicamente más amigables, derivados de la caña de azúcar --como lo hacen exitosamente Brasil y países de América Central--, que no compiten con la producción de alimentos. Así se ensancharían los mercados para los países más pobres.

Simultáneamente, llegar a un acuerdo en la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para eliminar los subsidios y aranceles agrícolas crearía un terreno de juego más equilibrado entre países ricos y en desarrollo que beneficiaría a los consumidores de todo el mundo.

Se debería además encontrar la forma de eliminar las restricciones a las exportaciones tan pronto como sea posible, ya que estas medidas llevan al acaparamiento e incrementan los precios de los alimentos aún más, posponiendo los ajustes por oferta y demanda necesarios para lograr un nuevo equilibrio.

El desafío en América Latina hoy por hoy es crecer sostenidamente, al tiempo que se enfrentan las nuevas condiciones globales y regionales. La región tiene el potencial y sin dudas superará este nuevo desafío.

Junto a la ONU y otros socios, el Banco Mundial continuará apoyando a los países en sus esfuerzos en pos de construir una red de seguridad social para los más vulnerables, al tiempo que se expanden las oportunidades económicas y sociales para todos.

* La autora es vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

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