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Rápidos de Jericoá en la zona de Volta Grande, río Xingú
Crédito: Gentileza de Monti Aguirre, International Rivers
Reportajes
Alud de pequeñas centrales hidroeléctricas
Por Mario Osava*

Negocio atractivo y con fama de amigable con la naturaleza, las pequeñas centrales hidroeléctricas entrañan peligros, sobre todo si son muchas en una misma cuenca hídrica.

RÍO DE JANEIRO, 4 ago (Tierramérica).- La suma de varias pequeñas centrales hidroeléctricas en una sola cuenca puede ser tanto o más perjudicial que una gran represa, advierten a Tierramérica estudiosos, activistas e indígenas que enfrentan una avalancha de proyectos sobre los ríos del occidental estado brasileño de Mato Grosso.

La energía hidráulica de pequeñas presas "es muy interesante por su bajo costo ambiental, pero todo tiene un límite", protesta André Villas-Boas, refiriéndose a la proliferación de esas centrales en las nacientes del río Xingú, gran afluente del Amazonas.

Por lo menos seis pequeñas hidroeléctricas se concentran en los ríos que ocupan el noreste de Mato Grosso, señala Villas-Boas, coordinador del Programa Xingú del no gubernamental Instituto Socioambiental (ISA). Ya hay dos construidas y una tercera autorizada por órganos energéticos y ambientales sólo en el río Culuene, principal afluente del Xingú.

No se debería autorizar tales proyectos sin una evaluación integrada de la cuenca en sus aspectos ambientales y sociales, para un aprovechamiento planificado del recurso hídrico en su conjunto, y limitando la cantidad de hidroeléctricas, reclama Villas-Boas, señalando que más de la mitad del área del Xingú se compone de zonas indígenas.

Las represas hidroeléctricas se ubican alrededor del Parque Indígena del Xingú, un símbolo de la política indigenista brasileña donde viven cerca de 5.000 personas de 14 etnias.

Incluidas entre las fuentes limpias de energía, las pequeñas centrales hidroeléctricas pasaron a constituir un negocio atractivo por las facilidades de una "legislación blanda", bajo control e incentivos fiscales y financieros, sin considerar debidamente que "alteran dinámicas biológicas" de forma grave si se acumulan en una cuenca, dice Villas-Boas.

En consecuencia, hay 240 pequeñas centrales hidroeléctricas previstas en Brasil, según datos de la estatal Agencia Nacional de Energía Eléctrica (Aneel). Las 81 que ya están en construcción aportarán 1.342 megavatios, que corresponden a 17,29 por ciento del total de energía, sumando las distintas fuentes.

Un ejemplo más insustentable es el río Juruena, destaca Raul do Valle, abogado que coordina acciones de política y derecho socioambiental del ISA. En la cuenca de ese río, en el noroeste de Mato Grosso, se registraron estudios para 83 proyectos hidroeléctricos. La Aneel suspendió 30 a comienzos de julio y decidió promover una evaluación ambiental integrada.

Varias veces, grupos indígenas tomaron de rehenes a autoridades gubernamentales y funcionarios de empresas constructoras, buscando paralizar las obras de las represas en el Juruena y el Culuene. Algunos fiscales también trataron de hacerlo por vía judicial, obteniendo suspensiones temporales. En varios casos hay procesos pendientes de un fallo final.

"Prevemos que faltarán peces" por los proyectos energéticos en los ríos locales, iniciados hace unos 10 años, porque las represas "bloquean la subida de los peces para su reproducción", comenta Paulo Kamaiurá, que adoptó como apellido el nombre de su etnia, una de las que viven en el Parque Indígena del Xingú.

Los ríos afectados, que ya sufren contaminación de agrotóxicos, confluyen hacia el Parque donde forman el río Xingú, por ello "se agravarán los problemas", declara Kamaiurá. Es necesario movilizar a las comunidades indígenas para que conozcan las amenazas, sostiene.

Por su presunto bajo impacto ecológico, las licencias ambientales para pequeñas centrales hidroeléctricas son concedidas por órganos estaduales, más vulnerables a las presiones económicas locales. Pero le atañen al Instituto Brasileño de Medio Ambiente cuando afectan a los indígenas, observa Valle. En los casos del norte de Mato Grosso se trata de la supervivencia de los nativos, cuya alimentación depende del pescado, alega.

Ése es el principal argumento en las acciones judiciales aún pendientes. Las empresas y las autoridades estaduales contraponen el hecho de que los indígenas no sufren impacto directo, ya que sus tierras están a decenas de kilómetros de los embalses.

"Tampoco hay necesidad de generación local de energía", ya que las ciudades cercanas están conectadas a la red eléctrica, lo que no justifica la "actividad depredadora" a favor de ganancias privadas, acota Valle. Pero la lentitud de la justicia favorece "el hecho consumado". Es casi imposible frenar una hidroeléctrica después de construida, admite.

Las represas reducen la cantidad de peces en los ríos, por alterar las condiciones hidrológicas y de nutrición, además de extinguir las especies migratorias. Los intentos de restablecer la reproducción no resultaron, señala Juarez Pezzuti, biólogo que realizó un estudio sobre los efectos de Paranatinga II, una pequeña hidroeléctrica que ya funciona en el Culuene.

Los impactos podrían mitigarse con estudios previos y planificación, siempre que participen las comunidades locales, que en general se "quedan con los riesgos" y sin los beneficios de la energía generada en su vecindad, añade el profesor del Núcleo de Altos Estudios Ambientales de la Universidad Federal de Pará.

Lejos de allí, en Santo Amaro da Imperatriz, municipio del sureño estado de Santa Catarina, un proyecto de seis pequeñas centrales provocó reacciones que llevaron a su concejo a prohibir las hidroeléctricas en el distrito, con un solo voto en contra.

Esa norma es inconstitucional, admite el secretario de Medio Ambiente, João Renato Duarte. Pero "99 por ciento de la población está en contra" y el proyecto sólo se aprobará si se comprueba que no afecta las termas, cascadas y rápidos que atraen al turismo y ofrecen esparcimiento y actividades culturales a los ciudadanos de la zona, afirma.

Las hidroeléctricas se construirán avanzadas técnicas europeas, desviando sólo parte de las aguas por túneles, sin afectar el paisaje ni la práctica de rafting que alimenta el turismo, asegura el ingeniero Helio Machado, autor del proyecto. La oposición divulga absurdos, como riesgos de inundaciones o de que el río Cubatão se seque, por desconocer los detalles, opina.

"No tiene sentido destruir el patrimonio natural" de la ciudad para generar apenas 14 megavatios, replica Eliazar Garbelotto, empresario que explota el rafting en el Cubatão.

Su sector se opone radicalmente a las pequeñas centrales hidroeléctricas. Son cinco empresas que atraen cerca de 10.000 turistas al año y sólo emplean a 50 personas, pero dinamizan otras actividades turísticas, además de la educación ambiental, afirma.

* Corresponsal de IPS

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