 | Crédito: Fabricio Vanden Broeck.
| Análisis Bosques: Desarrollo sostenible se busca Por Carlos Marx Carneiro
Para reducir drásticamente la deforestación y degradación de los bosques hay que dar mayor valor económico al sector forestal, afirma en esta columna Carlos Marx Carneiro.
ROMA, 29 sep (Tierramérica).- América Latina y el Caribe albergan en sus 924 millones de hectáreas de bosques naturales la mayor parte de la biodiversidad del planeta. Aunque en los últimos años se han reforzado las acciones para preservarlos, este patrimonio sigue amenazado, principalmente por la acción humana.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), entre 2000 y 2005 la deforestación anual fue de 4,7 millones de hectáreas en la región. Eso equivale a una reducción promedio de 0,5 por ciento por año de la superficie total de bosques.
Esa tendencia puede traer consecuencias graves. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), la actividad forestal es responsable de 17,4 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente por incendios forestales y otros procesos de deforestación.
El sector forestal es uno de los principales emisores de gases invernadero y también un de los mayores afectados por el calentamiento global. Se estima que el cambio climático podrá transformar en sabanas zonas de bosques tropicales en la Amazonia oriental y en México, y aumentar la frecuencia de los incendios forestales en América del Sur.
Esos son algunos de los efectos previstos, que deben ser motivo de nuestra atención, preocupación y acción.
Las consecuencias del cambio climático ya son visibles y no tenemos otra opción que movernos en busca de modelos de desarrollo sostenible.
Ya existe consenso acerca de la necesidad de reducir drásticamente la deforestación, la degradación de los bosques en los países en desarrollo y, por ende, las emisiones de gases invernadero. El modo de hacerlo es dar mayor valor económico al sector forestal.
Una forma de lograrlo es incentivar la conservación de los ecosistemas a través del manejo forestal sostenible y el pago de servicios ambientales.
En las últimas décadas, hemos ganado mucha experiencia en el manejo forestal sostenible y se han multiplicado iniciativas de pago por servicios ambientales, que pueden ser replicadas. Sin embargo, gran parte de ellas son experiencias ad-hoc y carecen de mayor institucionalidad y planificación.
Para tener éxito, es necesario definir los mecanismos de compensación para los países que eviten la deforestación y degradación de sus bosques, aspecto fundamental, ya que la deforestación suele no ser la causa, sino el resultado de la aplicación de otras políticas públicas sectoriales.
La conclusión también apunta a la necesidad de reforzar la institucionalidad y la planificación de las actividades forestales y de articularlas con otras políticas públicas, en el plano nacional y regional, además de trabajar con el sector privado para alcanzar el desarrollo sostenible.
Los esfuerzos para mitigar los efectos negativos del cambio climático han recibido incentivos. El Protocolo de Kyoto incluye las actividades de forestación y reforestación entre las que califican para el Mecanismo de Desarrollo Limpio, aunque todavía sean pocos los proyectos aprobados en este ámbito.
En los mercados voluntarios de carbono la realidad es otra, ya que los proyectos forestales sumaron 36 por ciento, la mayor parte de los bonos de carbono vendidos.
Por otra parte, el segmento de las plantaciones forestales es uno de los que más crecen económicamente en América Latina y el Caribe, lo que refuerza la importancia de una acción que incluya a los actores privados. Entre 2005 y 2007 las exportaciones de productos forestales pasarán de unos 9.600 millones de dólares a 19.000 millones, por la creciente inversión extranjera, que se elevó de 6,5 millones de dólares anuales en 1994, a 100 millones en 2006.
Varios países de América Latina y el Caribe ya han reforzado su actuación en el combate al cambio climático, como Brasil, Chile, México y Costa Rica. Esta nación centroamericana adoptó la meta de convertirse en país neutro en emisiones de carbono para 2021.
Las acciones nacionales son de suma importancia y deben ser complementadas por políticas regionales y la coordinación entre los países.
Apoyar a los países para lograrlo es uno de los objetivos de la Comisión Forestal para América Latina y el Caribe, que celebra su 25 reunión entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre, en Quito, Ecuador.
Representantes de casi todos los gobiernos de la región, y más de 20 organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales analizan la situación y las perspectivas del sector forestal, debaten propuestas y buscan caminos hacia el desarrollo sostenible. * Secretario de la Comisión Forestal para América Latina y el Caribe y oficial principal forestal de la FAO para América Latina y el Caribe. |