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Ana Pancenko, de 11 años, en el centro médica de Tarará.
Crédito: José Luis Baños/IPS
Reportajes
Niños de Chernobyl siguen llegando a playas cubanas
Por Patricia Grogg

Más de 24.000 personas afectadas por el desastre nuclear de Chernobyl han sido atendidas en Cuba desde 1990.

LA HABANA, may (Tierramérica).- A miles de kilómetros de Ucrania, donde hace 23 años se produjo el peor accidente atómico de la historia, el sol y el aire puro de una playa de Cuba ayudan a recuperar a niños que siguen naciendo con secuelas del desastre.

Apenas comenzaba el 26 de abril de 1986 cuando estalló el reactor cuatro de la central nuclear de Chernobyl, en lo que entonces era la República Soviética de Ucrania. Según testimonios, la explosión elevó la temperatura a 2.500 grados, derritiéndolo todo a su alrededor. Una nube de polvo radiactivo se extendió por buena parte de Europa.

La radiación causó una amplia gama de enfermedades en la población, como cáncer y deformaciones congénitas.

Cuatro años después, empezaron a llegar a La Habana niñas, niños y adolescentes procedentes de la zona de la catástrofe. Aquellos 139 fueron los primeros de un vasto proyecto de asistencia que ha beneficiado a más de 24.000 personas. Según las autoridades cubanas, esta ayuda se mantendrá en tanto Ucrania la requiera.

El Programa Cubano Niños de Chernobyl --que hasta 1992 recibió también pacientes de Rusia y Belarús-- dispone en Tarará, unos 20 kilómetros al este de la capital, de un pequeño hospital, escuela con maestros ucranianos y varias decenas de confortables viviendas para los pacientes y sus acompañantes.

"Desde aquí se mueven por todo nuestro sistema de salud, según sus necesidades", explicó a esta reportera su director, Julio Medina. Ésa es su excusa para no hacer estimaciones del costo de esta asistencia que Cuba presta gratuitamente.

"Lo importante es brindar toda la atención médica que requieren estos niños y jóvenes", dijo.

El proyecto funciona mediante convenio entre los Ministerios de Salud de ambos países. Medina mencionó también la participación del Fondo Internacional de Chernobyl, una organización no gubernamental ucraniana que calcula en 350 millones de dólares los gastos cubanos, sólo en medicamentos.

Ucrania se encarga del transporte, en tanto la estadía y los servicios médicos prestados en territorio cubano corren por cuenta de los anfitriones.

Los propios pacientes sacan sus cuentas. "En mi país, el tratamiento que recibe mi hijo me costaría 80.000 euros (105.362 dólares)", dijo Natalia Kisilova, madre de Mijaíl Kisilov.

El joven de 15 años nació con una oreja sin pabellón auricular ni conducto auditivo y con pérdida de audición. Médicos adscritos al programa que trabajan en Ucrania valoraron su caso y lo enviaron hasta aquí hace dos años. Cual orfebres, profesionales cubanos iniciaron de inmediato un tratamiento encaminado a corregir la malformación.

"Vivíamos en la zona del accidente y en los últimos años nacieron al menos cuatro niños con problemas similares a los de mi hijo... Yo no tengo dudas de que es consecuencia del accidente", afirmó Kisilova, quien considera que este programa médico es "el más humanitario del mundo".

Pero Medina y el pediatra Arístides Cintra coinciden en que no siempre existe certeza científica de que las dolencias atendidas fueron provocadas por el desastre nuclear, porque se comportan de la misma manera que en personas no expuestas a la radiación. "En cualquier caso, el nivel de recuperación pasa del 90 por ciento", aseguró Medina.

Las enfermedades más frecuentes son cáncer de tiroides, leucemia, atrofia muscular, trastornos psicológicos y neurológicos, además de dolencias dermatológicas que no se curan en Ucrania, como vitíligo, psoriasis y alopecia.

El estallido del reactor liberó, entre otras sustancias radiactivas, cesio-137, que permanece activo mucho más tiempo que las otras. "Las personas expuestas al cesio-137 están en riesgo de contraer alguna enfermedad, por eso atendemos incluso a niños aparentemente sanos que viven en zonas contaminadas", explicó Cintra.

Sólo en 2000 se clausuró la central de Chernobyl, con el compromiso internacional de ayuda financiera a Ucrania para terminar las labores de confinamiento del material radiactivo y construir reactores más modernos que compensaran el déficit de electricidad. El presupuesto para un nuevo sarcófago que cubra el núcleo radioactivo ronda entre 1.300 y 1.400 millones de dólares.

En ese mismo año, Cuba renunció a terminar la construcción de una central nuclear iniciada bajo la era soviética, que le hubiera permitido ahorrar unas 700.000 toneladas de petróleo en la generación de energía eléctrica, y optó por soluciones "más eficientes y menos costosas", como el gas derivado del crudo nacional.

La estrategia energética impulsada en esta década se sustenta en la búsqueda de petróleo, en el ahorro y en el desarrollo de fuentes renovables. Si se construyera la central, este país caribeño sería el cuarto de América Latina en disponer de energía nuclear, después de Argentina, Brasil y México.

Pese a lo ocurrido en Chernobyl, "ésta es una fuente rentable, segura y supremamente económica", afirmó en una entrevista el encargado de negocios de Ucrania, Oleksandr Khrypunov. Ucrania dispone hoy de 15 usinas nucleares, con las cuales asegura 30 por ciento de la electricidad que consume, y está construyendo otras dos, según datos de la Asociación Nuclear Mundial. Un informe de la Asociación contabiliza 436 centrales atómicas en operación en 30 países y otras 44 en construcción. Del total, 104 pertenecen a Estados Unidos (tenaz opositor al proyecto cubano de instalar reactores de tecnología soviética), 59 a Francia, 51 a Japón y 31 a Rusia.

El ucraniano Khrypunov asegura que entre 1987 y 2004 murieron por efecto de la radiación 504.000 personas, entre ellas 6.769 niños. Sólo en su país, sufrieron daños sanitarios 2,3 millones de habitantes, y medio millón de ellos eran menores de edad. "La mayoría de los que vienen a Tarará son víctimas de ese desastre", comentó.

Hacia 2015, las pérdidas económicas para ese país habrán sumado unos 180.000 millones de dólares, concluyó el diplomático. Pero los riesgos para la población bajaron considerablemente y la juventud prácticamente no habla del tema, sostuvo. "Chernobyl pasó a segundo o tercer plano en la escala de preocupaciones de la gente", dijo.

* Este artículo es parte de una serie producida por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales) para la Alianza de Comunicadores para el Desarrollo Sostenible (http://www.complusalliance.org).

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