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Laura Tuck
Crédito: Cortesia del Banco Mundial
Grandes Plumas
El gran salto verde de América Latina
Por Laura Tuck

La desaparición de los glaciares de los Andes tendrá consecuencias para la biodiversidad, pero también un tremendo impacto económico para los habitantes más pobres de América Latina.

COPENHAGUE, 15 dic (Tierramérica).- Lo que ocurra en la conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático de Copenhague es de suma importancia para América Latina y el Caribe.

En la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-15), realizada en la capital danesa desde el 7 de este mes, es posible que no se cumplan las expectativas de un acuerdo vinculante sobre objetivos de reducción de emisiones contaminantes, lo que probablemente ocurra el año que viene en la cumbre de México.

Pero hay muchas decisiones en juego como la compensación para evitar la deforestación, la transferencia de tecnología, los fondos para disminuir los gases de efecto invernadero y la adaptación al cambio climático.

América Latina y el Caribe tiene mucho en juego en esas áreas y puede llegar a desempeñar un papel muy importante a la hora de alcanzar un acuerdo sobre cada una de ellas.

Muchos países de la región ya se comprometieron a reducir su huella de carbono. Las dos economías más grandes llevan la delantera en el diseño de políticas paliativas. Brasil se concentra en disminuir la deforestación y México en implementar su Programa Especial de Cambio Climático, un modelo de desarrollo integral de bajo carbono.

Costa Rica se comprometió a ser el primer país del mundo en neutralizar sus emisiones de dióxido de carbono y es un precursor en pagar a los hacendados que conserven la selva, gracias a un impuesto sobre la gasolina.

Los programas de energía renovable en las zonas rurales de Argentina brindan electricidad a bajo costo y significan una contribución positiva a la productividad y a la creación de empleo.

Esos países se esfuerzan por reducir sus emisiones contaminantes, pese a que la región sólo es responsable de seis por ciento de los gases mundiales liberados a la atmósfera, o de 13 por ciento, si se incluye la deforestación y la agricultura.

La relativa baja cantidad de emisiones en América Latina es consecuencia de su gran dependencia de la generación hidroeléctrica y no en las termoeléctricas, a carbón.

El sector eléctrico en esa región libera 40 por ciento menos dióxido de carbono por unidad de energía generada que el promedio mundial, una relación que se conoce como intensidad de carbono.

Si se tiene en cuenta que las emisiones de esa región son 74 por ciento inferiores a las de China e India y 50 por ciento menores al promedio de las naciones en desarrollo, América Latina ya está a la vanguardia del crecimiento con bajo carbono.

Pero los pronósticos indican que la situación podría cambiar en los próximos 25 años, en especial debido al crecimiento del sector industrial y de transportes. La región puede ubicarse entre las que menos dañan el ambiente con medidas que apunten a aumentar aún más la dependencia en las energías renovables.

América Latina y el Caribe es una de las regiones con mayor biodiversidad, con un tercio de la biomasa forestal del mundo, por tanto le atañe la responsabilidad de preservar y proteger esos recursos naturales que ayudan a capturar dióxido de carbono, y salvaguardar las cuencas hídricas.

El gobierno de Brasil anunció en noviembre que la deforestación de la Amazonia alcanzó su punto más bajo desde que comenzaron los registros hace 21 años. La destrucción disminuyó 45 por ciento este año, respecto de 2008.

Uno de los resultados más posibles de Copenhague es la decisión sobre cómo compensar y alentar la protección de los bosques.

La preservación de selvas y bosques de América Latina y el Caribe es de vital importancia porque la deforestación es responsable de gran parte de las emisiones de la región, y países como Brasil y Guyana son negociadores clave en la COP-15.

Varios estudios en la región identificaron muchas iniciativas de bajo carbono como tecnologías eficientes y específicas en materia de energías renovables y programas forestales y de transporte urbano que pueden realizarse a bajo costo o sin cargos adicionales.

En México, especialistas locales, con asistencia de economistas del Banco Mundial, identificaron 40 medidas, como el desarrollo de la energía eólica y las mejoras de las inspecciones vehiculares, que tienen un gran impacto ambiental en relación con su costo.

Uno de los asuntos importantes discutidos en la COP-15 es la forma en que el Norte rico ayudará a las naciones en desarrollo a financiar su adaptación a los efectos del cambio climático.

Según el Banco Mundial, el costo podría oscilar entre 16.000 y 19.000 millones de dólares al año en 2020.

América Latina y el Caribe ya sufren en forma significativa las consecuencias del cambio climático.

En la región de los Andes, los glaciares se funden a un ritmo tal que algunos de ellos sencillamente podrían llegar a desaparecer en los próximos 10 a 20 años.

La desaparición de los glaciares tendrá un tremendo impacto económico sobre los habitantes más pobres de esa región, además de las consecuencias sobre la biodiversidad, pues la falda oriental de la cordillera es la zona de mayor riqueza biológica del mundo.

El Banco Mundial asiste los esfuerzos para preservar el ambiente de América Latina. En el periodo 2008-2009 su participación ascendió a unos 3.700 millones de dólares. Pero se necesitará mucho para mejorar la adaptación y para financiar la adquisición de tecnología capaz de reducir las emisiones contaminantes.

Ahora las esperanzas están puestas en México, donde en 2010 se realizará la COP-16. Muchas cosas están en juego para América Latina y el Caribe, que tiene un papel importante para desempeñar. De lograrse en esa instancia un acuerdo vinculante sería un gran logro para el mundo y mostraría el liderazgo de la región en materia de cambio climático.

* Laura TUC, directora de desarrollo sostenible de América Latina y el Caribe del Banco Mundial.

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