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Crédito: Fabricio Vanden Broeck
Grandes Plumas
Un hombre hambriento es un hombre furioso
Por Jacques Diouf

“Cada seis segundos muere un niño de enfermedades relacionadas con el hambre…, así que ahora yo acuso”, afirma en esta columna el director general de la FAO, Jacques Diouf.

ROMA, 17 may (Tierramérica).- ¡Yo también estoy furioso! Y espero que tú también lo estés después de leer esto.

Hoy nos afecta una tragedia humana de proporciones gigantescas, pero la mayor parte de los políticos hacen la vista gorda.

En un mundo que gasta más de un billón de dólares al año en armamentos, 1.000 millones de personas sufren hambre todos los días. El número de personas con hambre y con desnutrición aumentó en más de 100 millones el año pasado.

Cada seis segundos muere un niño de enfermedades relacionadas con el hambre. Eso representa más de cinco millones de niños al año.

Eso me enfurece. Así que ahora hago sonar un silbato y acuso. La verdad es que durante los últimos 30 años lo que han hecho los políticos al respecto es menos que nada.

Desde mediados de los 80, en vez de incrementar la asistencia internacional a la agricultura en los países en desarrollo, una asistencia cuya meta es ayudar a la gente pobre a alimentarse por sí misma, los fondos han sido reducidos casi a la mitad. Han caído 43 por ciento.

Uno podría decir que al menos ahora los líderes mundiales están hablando del problema, ya que el hambre figura de manera prominente en la agenda de sus citas y reuniones de alto nivel.

Es cierto que, entre los flashes de las fotos, emiten declaraciones grandilocuentes donde se comprometen a la acción rápida y resuelta. Pero déjenme volver a acusar.

En L’Aquila, Italia, julio de 2009, los líderes del Grupo de los 8 países más poderosos hicieron un compromiso solemne de invertir 22.000 millones de dólares en tres años para ayudar a las naciones en desarrollo a producir el alimento que necesitan para sus pueblos.

Pero 10 meses después, a pesar de grandes esfuerzos para monitorear los compromisos y de la creación de un fondo para el Programa de Agricultura y Seguridad Alimentaria Global del Banco Mundial, ¿cuál es el monto de esa ayuda prometida que ha llegado a los pequeños agricultores en los países menos desarrollados? Casi nada.

Eso es porque las palabras son menos caras que el dinero. Pero las personas no pueden alimentarse de palabras. Si pudiesen, 1.000 millones de estómagos vacíos hoy estarían satisfechos.

En los últimos 17 años he tratado de razonar con los gobernantes, he pedido y he llamado la atención sobre el riesgo de brotes de violencia como los disturbios por falta de alimentos que vimos en 32 países en 2007 y 2008.

Pero el hambre sigue creciendo, así que he decidido sonar el silbato y acusar, y necesito tu ayuda. Necesito que tú hagas lo mismo.

El 11 de mayo, en diversos actos alrededor del mundo, lanzamos el proyecto “1billionhungry” (1.000 millones de hambrientos), y quiero que tú soples el silbato tan fuerte como puedas para despertar a la gente y que vea que 1.000 millones de personas están sufriendo hambre en este mismo momento, y que entre 20 y 30 niños murieron en el tiempo que te tomó leer este artículo.

Quiero que hagas sonar la alarma para decir que es inaceptable y que quieres que esto acabe. Ahora mismo.

En septiembre iré a Nueva York a participar de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que revisará el progreso hecho hacia las metas adoptadas por las Naciones Unidas en 2000. Una de ellas busca reducir a la mitad la proporción de personas con hambre para el año 2015, tomando como base la situación de 1990.

La maravilla de las estadísticas es que nos permiten, teóricamente, reducir a la mitad la proporción pero tener un número real que es mayor aún que el que había al comienzo. Eso es porque la población mundial crece a un ritmo de 80 millones de habitantes al año, y porque las personas no son porcentajes.

Lo que me interesa es cuánta gente sufre hambre y cuántos niños están muriendo.

En octubre llevaré una petición** a los gobernantes mundiales, a través de las Naciones Unidas, para decirles que estamos hartos de vivir en un mundo hambriento.

Para llamar su atención necesito al menos un millón de firmas en esa petición. Espero que tú estés enojado. Espero que tú estés furiosa. Y quiero que tú nombre también figure allí.

** La petición 1billionhungry puede ser firmada en http://www.1billionhungry.org/rlcprensa

* Jacques Diouf es el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Derechos exclusivos de IPS.

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