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Plataforma petrolera en la Sonda de Campeche. México tiene más de 200 de estas instalaciones en el Golfo.
Crédito: Photostock
Reportajes
Autopsia ambiental en el Golfo de México
Por Adrianne Appel

La tecnología más avanzada se aplica a fondo en el Golfo de México para determinar qué pasó con el derrame de British Petroleum.

BOSTON, Estados Unidos, 23 ago (Tierramérica).- Sigilosos submarinos se sumergen en el Golfo de México con la precisión de las aves de rapiña. Exploradores con aspecto de robots buscan gotas de petróleo en las profundidades. Sistemas informáticos analizan muestras al instante. Todo para evaluar el impacto del desastre.

Estos equipos, que se emplean para medir la cantidad de plancton o para buscar fuentes hidrotermales en el suelo marino, ahora se aplican a estudiar qué ocurrió con los casi cinco millones de barriles de petróleo (unos 758 millones de litros) que comenzaron a derramarse por el Golfo el 20 de abril.

Ese día la plataforma de exploración Deepwater Horizon, arrendada por la multinacional British Petroleum (BP), sufrió una explosión y el 22 se hundió. Sólo pudo detenerse el derrame desde el 15 de julio.

La estadounidense National Science Foundation (Fundación Nacional de la Ciencia) financió 60 proyectos de investigación en el Golfo, por un total de siete millones de dólares. BP prometió que invertirá 500 millones de dólares durante una década en estos estudios.

Un equipo del Instituto Oceanográfico Woods Hole (WHOI por sus siglas en inglés), cercano a la nororiental ciudad de Boston, fue al Golfo y volvió con “millones” de datos que analizar, dijo a Tierramérica el oceanógrafo Christopher Reddy.

“Queremos saber cuánto petróleo se derramó, cuál era la situación en un momento dado y cómo cambia a medida que pasa el tiempo”, explicó.

El equipo empleó a Sentry, su vehículo submarino automático. Programable por computadora, esta nave amarilla de forma rectangular no necesita estar amarrada a un barco, y navega a una profundidad de 4,3 kilómetros, “hasta que encuentra petróleo, como un perro tras su hueso”, dijo Reddy.

A mediados de junio, un camión trasladó al Sentry de Boston al Golfo. Personal del WHOI lo cargó entonces a bordo del buque Endeavor, que ejecutó una travesía de 12 días.

El objetivo principal del Sentry fue seguir el rastro del crudo. El científico Rich Camilli lo equipó con un espectrómetro de masas (empleado para medir y analizar compuestos moleculares) adaptado para tareas submarinas.

El vehículo “olfateó” hasta que ubicó las mayores concentraciones de crudo, tomó muestras, que analizó en el acto, y envió los resultados a Reddy, a bordo del Endeavor.

Reddy utilizó esos datos para determinar la huella genética del crudo de Deepwater Horizon, diferente a la de cualquier otro que pueda haberse volcado en l Golfo, una zona de intensa explotación petrolera.

“El petróleo crudo es materia vegetal muy vieja, cocinada y apretada en la tierra”, dijo Reddy. Cada hidrocarburo tiene distintos compuestos, presentes en diferentes proporciones, según su origen.

Al analizar esas proporciones en las muestras, se puede determinar, por ejemplo, que mucho del crudo se evaporó por el calor de las aguas del Golfo, las elevadas temperaturas estivales y el viento, dijo Reddy.

También se puede analizar cómo cambia el petróleo con el paso del tiempo. Algunos de sus componentes se desintegran fácilmente en el agua, otros se evaporan y otros son resistentes y tienden a perdurar como “bolas de alquitrán”.

Se trata de una ciencia forense aplicada al ambiente, destacó Reddy.

Este investigador analizó el petróleo que cubría un pantano en la costa del sudoriental estado de Louisiana, a unos 80 kilómetros del pozo de BP. “Pude hallar la huella de Deepwater y que ya había sufrido una evaporación significativa”, dijo.

Antes de la misión del Endeavor, y junto con la Scripps Institution of Oceanography, con sede en el occidental estado de California, el WHOI botó en el Golfo el submarino autónomo Spray, con forma de tiburón, un ala en cada costado y una aleta vertical en la cola.

Otros seis vehículos similares trabajan allí.

Breck Owens, del WHOI, programó al Spray para que permaneciera cuatro meses en el agua en busca de rastros de hidrocarburo. Puede sumergirse 500 metros y usa equipos acústicos para percibir las partículas suspendidas en el agua.

Cuenta además con una antena inserta en el extremo de un ala, y envía datos a Owens y a Scripps en tiempo real, por correo electrónico. A su vez, Owens puede enviarle nuevas instrucciones mediante un teléfono satelital.

“Podemos aprovechar esta oportunidad y desarrollar un adecuado sistema de observación en el Golfo”, dijo Owens en una conferencia en el WHOI.

Los datos aportados por el submarino permitieron establecer en junio que la Corriente del Lazo, que mueve las aguas oceánicas cálidas hacia y desde el Golfo, había formado un remolino y por tanto el petróleo vertido no viajaría más al norte de la costa este estadounidense. Científicos del WHOI analizan ahora sus datos y prevén difundir sus resultados en pocas semanas.

Esta información puede usarse para revisar hasta qué punto fueron exitosas las tareas de limpieza, y qué debería hacerse con este derrame y con otros que puedan ocurrir en el futuro, agregó.

Pero no todos los científicos usan tecnología de última generación. Alexander Kolker, experto en pantanos que trabaja para Louisiana Universities Marine Consortium, estudia el impacto del derrame en Barataria Bay, un área de 3.000 kilómetros cuadrados en el sur de Louisiana.

Allí recolecta muestras de agua y sedimentos con su pequeña lancha a motor y luego las lleva a su laboratorio para analizarlas.

El pantano “es un ecosistema increíblemente productivo”, dijo a Tierramérica, pues es hábitat de varios cientos de especies. Y el petróleo de BP no ha causado tanto daño como la constante pérdida de pasturas por la intrusión del agua salada, agregó.

Un informe del gobierno de Estados Unidos ofreció un panorama color de rosa sobre el destino del crudo.

“Es importante destacar que por lo menos 50 por ciento del petróleo que se derramó se ha ido completamente del sistema. Y la mayor parte del que queda se está degradando rápidamente o es eliminado de las playas”, dijo el 4 de este mes Jane Lubchenco, titular de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) a propósito de ese estudio.

Pero Reddy, como otros científicos independientes, cree que esas conclusiones son prematuras. “Los derrames son complejos. ¿Por qué apurarse? Esperemos y busquemos la información que está allí afuera”.

* Corresponsal de IPS

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