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El Ártico es una fuente potencial de conflictos
Por Maurice Strong

La política de protección basada en la presunción de que la naturaleza puede ser conservada en santuarios, aislados de las acciones humanas, puede ser inadecuada, afirma en esta columna Maurice Strong.

BEIJING, 6 dic (Tierramérica).- Como el Ártico se convirtió en preocupación de la opinión pública mundial recientemente, nos falta mucho para comprender la verdadera naturaleza y magnitud de los cambios que lo están afectando.

Aunque no soy un experto en esa región, sentí un profundo interés en esa zona desde que trabajé, entre 1945 y 1949, para la Hudson’s Bay Company en su factoría de Chesterfield Inlet, al sur del Círculo Polar Ártico, en el norte de Canadá.

Mi estrecha relación con el pueblo inuit en aquellos años y lo que aprendí de ellos fueron los cimientos de mi interés por el ambiente. No podía sino maravillarme de que este pueblo resistente e ingenioso, gracias a su propia cultura y su modo de vida, fuera capaz de vivir y de prosperar durante milenios en uno de los climas más adversos del mundo.

Pero también me entristecía ver su vulnerabilidad ante la modernización, que ya entonces estaba socavando el tradicional modo de vida de esta pequeña población dispersa sobre un vasto territorio. Cuando Canadá se convirtió en una nación, los inuits formaron parte de ella. Pero en realidad vivieron al margen de la sociedad canadiense, con exigua influencia política en un país del que eran cada vez más dependientes.

Hoy debemos considerar a los inuits y a otros pueblos del norte como la primera línea en los cambios que están transformando radicalmente la naturaleza, y valorizar nuestras percepciones sobre el aporte de estos pueblos a Canadá y al mundo.

Es positivo que la reciente declaración oficial sobre la política exterior canadiense reconozca que nuestra reivindicación de soberanía sobre el Ártico debe mucho a la presencia allí de los inuits y de otros pueblos indígenas desde tiempos inmemoriales.

La declaración admite los impactos del cambio climático y la necesidad de proteger el ambiente del Ártico y de preparar a la región para su adaptación a mudanzas climáticas ya irreversibles. Este es un viraje bienvenido en la posición que Ottawa ha tenido en estas cuestiones. Más vale tarde que nunca, pero, por supuesto, el movimiento se demuestra andando.

Los recursos biológicos del Ártico, tanto terrestres como marinos, son especialmente vulnerables. La minería, el petróleo y la construcción de oleoductos tienen impactos que pueden ser evaluados y regulados.

Pero los impactos del cambio climático tienen su origen fuera del Ártico y están más allá del control de Canadá y de otras naciones y requieren un grado de cooperación internacional sin precedentes.

Las pruebas científicas han puesto en claro que el Ártico es particularmente susceptible a esos impactos y puede convertirse en una fuente de ellos.

La descongelación de los hielos permanentes puede liberar grandes cantidades de metano que a su vez contribuirá al calentamiento global. Incluso pequeños cambios en la temperatura pueden provocar migraciones tanto de especies terrestres como marinas, afectando a otras. Ha suscitado mucha atención la grave situación de los osos polares ante la reducción de los bancos de hielo que son su hábitat.

Un artículo en el periódico de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos advierte que la magnitud del cambio climático empeora las perspectivas de extinciones de especies y pone en riesgo a muchas más que actualmente están protegidas.

La política de protección basada en la presunción de que la naturaleza puede ser conservada en santuarios, aislados de los efectos de las acciones humanas, puede volverse inadecuada para los recursos que se intenta proteger.

Se estima que las extinciones que es capaz de provocar el cambio climático pueden alcanzar a un tercio de todas las especies, incluyendo plantas, vertebrados, hongos y microbios, todas las cuales están en el Ártico.

Aunque podemos ver con satisfacción la cantidad de nuevos parques nacionales y áreas protegidas que hay en nuestro Ártico, ahora advertimos que se debe ir más allá y adoptar un enfoque más completo y radical para la conservación de las especies.

El cambio climático nos obliga a hacer complicadas compensaciones entre los costos y los beneficios de la conservación de recursos biológicos en relación con la explotación de recursos.

La declaración de Canadá también tiene el mérito de poner en claro la necesidad de fortalecer los mecanismos existentes para la gobernanza de la región, particularmente del Consejo Ártico.

Aunque confirma el incremento potencial en materia de desacuerdos y conflictos, y particularmente de desafíos a las reivindicaciones canadienses de soberanía, también sugiere que esas situaciones pueden ser manejadas pacíficamente con los mecanismos existentes.

De todos modos debemos prepararnos para un creciente número y una mayor intensidad de los conflictos, en la medida en que el valor potencial de los recursos del Ártico sea objeto de más y más competencia y otras naciones reivindiquen el derecho de pasaje por sus aguas.

* Maurice Strong fue secretario general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano en 1972 y fue el primer director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Derechos exclusivos IPS.

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