 | Paisaje típico del noroeste, en Tilcara, provincia de Jujuy, que solo admite agricultura resistente a la sequía y ganadería de caprinos, que agudiza la degradación del suelo. Crédito: Juan Moseinco/IPS | Acentos Transgénicos argentinos responden al reto climático Por Marcela Valente
Las semillas transgénicas de maíz, trigo y
soja desarrolladas en Argentina prometen soportar la
falta de agua y entregar rendimientos sostenidos,
inclusive en presencia de lluvias normales.
BUENOS AIRES, 12 mar (Tierramérica).- Investigadores de Argentina aislaron un gen del
girasol y lo implantaron en el maíz, el trigo y la
soja para darles mayor tolerancia a la sequía y a
la salinidad del suelo, problemas asociados al
calentamiento global en esta potencia agrícola
sudamericana.
El hallazgo estuvo a cargo de un equipo liderado
por la bióloga molecular Raquel Chan, del
Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, creado
por el Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (Conicet) y la estatal
Universidad Nacional del Litoral, en la
nororiental provincia de Santa Fe.
Los científicos aislaron uno de los 50.000 genes
de la estructura del girasol, el HAHB4, que ayuda
a esa planta a resistir la escasez de agua, y lo
introdujeron en especies de trigo, maíz y soja.
Las pruebas en terreno insumieron tres años en
regiones de climas y suelos diferentes de este
país.
Según Chan, la característica genética introducida
en laboratorio puede combinarse con otras, como la
resistencia a herbicidas que ya poseen varios
cultivos transgénicos.
Hay además otras aristas positivas. "No solo las
plantas mejoradas resistieron la sequía y la
salinidad, sino que aumentaron significativamente
su productividad”, la característica más novedosa
del descubrimiento, dijo Chan a Tierramérica.
El mayor rendimiento varía entre 15 y 100 por
ciento, según la calidad del cultivo, la región
donde se siembre y las condiciones climáticas,
pero en ningún caso decayó.
Hasta ahora, no hay en el mercado semillas
resistentes a la sequía, explicó Chan. Pero la
literatura científica registra especies mejoradas
para tolerar mayor estrés hídrico.
Sin embargo, en los ensayos publicados por
instituciones científicas, esas variedades pierden
productividad ante la ocurrencia de lluvia.
Resultan eficientes exclusivamente en condiciones
de escasez o falta de agua, resumió Chan.
Las nuevas semillas eluden esas "penalidades",
señaló. "Las plantas mostraron que aumentan la
productividad también en condiciones climáticas
normales, con lluvias más frecuentes”, remarcó.
El HAHB4, patentado para beneficio de la
universidad y el Conicet, fue presentado a fines
de febrero, y su uso y explotación fueron cedidos
por 20 años a la empresa argentina Bioceres,
propiedad de más de 230 productores agropecuarios.
Bioceres se asoció con la estadounidense Arcadia
Biosciences para crear Verdeca, la marca con la
que se venderán las nuevas semillas en el mercado
internacional.
Para ingresar al mercado, las semillas aún deben
aprobar una serie de ensayos sobre sus efectos en
el ambiente y la nutrición, así como sus grados de
toxicidad. El proceso insumirá entre dos y tres
años.
El HAHB4 es importante para que la agricultura
argentina soporte mejor algunas de las
manifestaciones del cambio climático, estimó la
destacada científica Graciela Magrin, del
Instituto de Clima y Agua.
Por el calentamiento, se prevé “un aumento en la
intensidad y frecuencia de eventos extremos como
las sequías”, dijo a Magrin e Tierramérica.
La entidad en la que trabaja forma parte del
estatal Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria (INTA), donde se estudia el impacto
de las condiciones climáticas sobre la producción
rural y las formas de adaptación.
Los escenarios climáticos para Argentina prevén
períodos de fuertes precipitaciones, concentradas
en poco tiempo, y lapsos más prolongados de
escasez hídrica, dijo Magrin.
En este verano austral la falta de lluvia provocó
una merma en la cosecha de granos, que no llegaría
a los 100 millones de toneladas –con grandes
pérdidas en maíz–, cuando se esperaba una
producción de 111 millones de toneladas.
La sequía de 2008-2009, la más severa en 100 años,
hizo contraer la producción agrícola en 37 por
ciento.
La variabilidad natural y los eventos extremos –
déficit o exceso de agua, heladas, tormentas
severas, granizo– se han observado en los últimos
años con mayor frecuencia e intensidad, indican
estudios del INTA.
Además, hay una ocurrencia periódica de falta o
exceso de lluvias, asociada a las fases fría (La
Niña) y cálida (El Niño) de la Oscilación del Sur,
un fenómeno oceánico-atmosférico de escala
planetaria.
Los expertos del INTA recomiendan un manejo de
cultivos que contemple esos retos y el desarrollo
de especies y variedades resilientes.
Magrin advirtió que donde empiece a escasear el
agua, el suelo puede volverse más salino, y en
este aspecto el HAHB4 también es bienvenido.
De hecho, 75 por ciento de los suelos argentinos
son áridos, semiáridos y subhúmedos secos, lo que
los hace más proclives a degradarse y,
eventualmente, a convertirse en desiertos.
El INTA advierte sobre una creciente
desertificación en la austral Patagonia y
manifestaciones graves en el sudoeste de la
oriental provincia de Buenos Aires.
Pero los suelos áridos no son infértiles. La mitad
de las siembras de este país provienen de esos
ecosistemas, según la Evaluación de la Degradación
de Tierras en Zonas Áridas (LADA, por sus siglas
en inglés) en Argentina publicada a fines de 2011.
Pero se recomienda un manejo cuidadoso.
Las variedades mejoradas pueden ayudar a que la
agricultura se adapte mejor a este escenario. Los
ensayos en zonas áridas en las provincias de
Chaco, noreste, y San Luis, centro-este, dieron
buenos rendimientos, dijo Chan.
Organizaciones ambientalistas no ven las semillas
transgénicas con tanto entusiasmo. Para la filial
argentina de Greenpeace, podrían motorizar una
nueva avanzada de la agricultura sobre los
bosques. Este país ya perdió 70 por ciento de sus
áreas boscosas originales.
"Si no se adopta una política que prohíba en forma
total los desmontes, esta semilla transgénica
implicará el fin de los últimos bosques nativos",
advirtió en una gacetilla Hernán Giardini,
coordinador de la campaña de bosques de la
entidad.
Para la directora del equipo investigador, el
cuidado de la naturaleza es estimable, pero debe
combinarse con una mayor producción de alimentos
que el mundo demanda.
“Somos biólogos moleculares y nuestro desafío es
producir más en menos hectáreas", dijo Chan. "No
nos compete a nosotros decidir hasta dónde se
puede extender la siembra de estos cultivos, sino
al Estado”, aclaró.
Magrin, del INTA, remarcó que el nuevo desarrollo
exige “un ordenamiento territorial muy estricto,
que defina dónde se puede expandir un cultivo y
dónde hay riesgo”.
• Este artículo es parte de una serie apoyada por
la Alianza Clima y Desarrollo,
que no necesariamente comparte su contenido. * |