 | "Soy verde", dice la bolsa de eteno de Braskem. Crédito: Cortesía Braskem | Reportajes Biopolímeros, el sueño de la petroquímica verde Por Fabiana Frayssinet
Los plásticos obtenidos de etanol de caña de
azúcar
pueden generar menos contaminación climática que los
derivados de petróleo. Pero, como estos, tampoco son
biodegradables.
RÍO DE JANEIRO, 13 ago (Tierramérica).- Brasil es el mayor productor mundial de
biopolímeros, cuya producción emite menos gases de
efecto invernadero que los derivados de los
hidrocarburos. Pero los "plásticos verdes"
obtenidos de la caña de azúcar también tienen su
sabor amargo.
La fábrica que marcó el salto en la producción a
escala industrial del polietileno verde, se
instaló en 2010 en el Polo Petroquímico do Sul,
ubicado en Triunfo, en el sureño estado de Rio
Grande do Sul, con una capacidad anual de 200.000
toneladas.
Desarrollado con tecnología de la empresa
brasileña Braskem, una de las mayores
petroquímicas del mundo, el plástico verde es una
resina termoplástica, hecha a partir del abundante
etanol que se produce con caña de azúcar en este
país.
Braskem, que sigue teniendo en el petróleo su
principal materia prima, asegura que el
polietileno verde posee las mismas propiedades que
su primo petroquímico, pero su diferencia es
ambiental.
"El plástico verde captura y fija hasta 2,5
toneladas de gas carbónico de la atmósfera por
cada tonelada producida", dijo a Tierramérica el
director de químicos renovables de Braskem,
Marcelo Nunes.
Además, este material tiene gran versatilidad para
aplicaciones en productos de higiene y limpieza,
alimenticios, cosméticos y automotores. "Está
hecho a partir de una materia prima 100 por ciento
renovable como la caña de azúcar", agregó.
Braskem asevera que con la producción de este
polietileno y de otros productos de la misma línea
sustentable, contribuye a reducir más de 750.000
toneladas anuales de dióxido de carbono, lo que
equivaldría a plantar y mantener más de cinco
millones de árboles cada año.
El próximo paso de la empresa es construir y poner
a andar en 2013 su primera fábrica de
polipropileno verde, que también emplea etanol.
El polipropileno, que en su versión petroquímica
es la segunda resina termoplástica más consumida
en el mundo, tendrá las mismas ventajas
ambientales que el polietileno, dijo Nunes.
El volumen de producción de plástico verde es poco
significativo en relación al de otras resinas
convencionales. Pero, según Nunes, es de gran
importancia para Braskem, que "aspira a ser líder
mundial en química sostenible para 2020".
El ambientalista José Goldemberg, profesor del
Instituto de Electrotécnica y Energía de la
Universidad de São Paulo, opina que invertir en
estos plásticos verdes es positivo porque
sustituyen materias primas básicas de la industria
petroquímica como la nafta (bencina o éter de
petróleo).
La nafta es la principal fuente de la
petroquímica, y responde por casi 50 por ciento de
la producción mundial de eteno, si bien en
regiones como Medio Oriente y América del Norte se
utiliza más gas.
"Usar caña de azúcar para sustituir productos
obtenidos con nafta es un importante paso en la
dirección de la sustentabilidad", dijo Goldemberg
a Tierramérica.
También opina así Eduardo Athayde, director de la
filial en Brasil del Worldwatch Institute, que en
su artículo de 2009 “Polietileno verde, um sinal
positivo” (Polietileno verde, una señal
positiva), sostiene que ese plástico con
tecnología brasileña prepara "el estreno de la
petroquímica bajo las nuevas reglas de juego de la
economía baja en carbono".
"Si bien no es todavía biodegradable, porque al
sustituir la nafta fósil por el etanol renovable
el polímero resulta idéntico al de origen
petroquímico, da un paso adelante sintonizando con
las recomendaciones de disminución de emisiones",
agregó.
La caña de azúcar todavía no tiene impacto en el
mercado de la industria petroquímica, comparada
con el crudo.
Pero, "a lo largo del tiempo llevaría a esa
necesidad de encontrar un sustituto del petróleo y
del gas natural para hacer polímeros. Cuanto antes
mejor", dijo a Tierramérica el especialista en
cambios climáticos y uso sostenible de recursos
naturales, Roberto Kishinami.
La objeción de Kishinami, consultor de
organizaciones como el Instituto Democracia y
Sustentabilidad y ActionAid, es que, al
masificarse el uso de la caña para combustible o
para la petroquímica, pueda exacerbar su condición
de monocultivo extensivo.
Nunes rebatió. "El cultivo de caña de azúcar para
la fabricación del plástico verde utiliza cerca de
0,02 por ciento de todas las tierras arables del
país. Además, no hay competencia con el sector
alimenticio, como ocurre con algunos plásticos
originados en el maíz, por ejemplo".
Pero, el ingeniero agrónomo y activista ambiental
de Rio Grande do Sul, Luiz Jacques Saldanha,
consideró que "llamar verde este proceso solo
porque la fuente de carbono viene de la
agricultura es un gran engaño".
"Hay cambio en la producción de alimentos y será
otra 'commodity' (producto básico), como ya se
hace con la soja, la gran tragedia del siglo XXI
en términos de uso de la tierra productiva en todo
el planeta, con inmensos monocultivos", agregó.
Saldanha ve los biopolímeros como otro "maquillaje
verde" (greenwashing), término utilizado para
describir nuevas prácticas de comercialización de
productos que buscan mostrar un presunto aporte
ambiental al planeta.
No es la fuente de carbono –se trate de petróleo,
carbón, etanol o cualquier otra– la que "hace o no
a estas moléculas verdes", argumentó el agrónomo.
"Como no son biodegradables, no pueden ser
consideradas verdes porque continúan por tiempo
indeterminado en el ambiente, contaminando los
ecosistemas", sostuvo.
También cuestionó los plastificantes utilizados en
el proceso de industrialización del polietileno y
del polipropileno verdes.
"Dentro de todas las resinas, estas todavía son
consideradas las menos problemáticas como
monómeros. Pero, como todas las resinas de uso
final para productos de consumo, tienen
plastificantes como el bisfenol A", un aditivo
también contaminante.
Todo plástico, verde o no, "debe ser reciclado y
nunca liberado al ambiente", advirtió.
Dulces o amargas, las consecuencias ambientales de
los plásticos verdes podrán medirse si en el
futuro la caña de azúcar se convierte en la
materia prima estrella de la petroquímica
brasileña. Por ahora, una industria "sucroquímica"
luce lejana. * |