 | Un cangrejo en plena caza del loco (Concholepas concholepas). Crédito: Cortesía: Patricio Manríquez | Reportajes Acidez oceánica desnuda y confunde a los moluscos Por Stephen Leahy, enviado especial
Cuando el dióxido de carbono que absorben los
océanos se disuelve en el agua marina, aparece el
ácido carbónico y se reduce la disponibilidad de
carbonato, vital para la formación de partes duras
de muchos organismos marinos.
MONTEREY, Estados Unidos, 1 oct (Tierramérica).- El cambio climático alterará el olfato de los
caracoles marinos de Chile, que les permite eludir
a su archienemigo, un cangrejo depredador, afirman
científicos de ese país que presentaron sus
hallazgos en un simposio en esta ciudad
californiana del oeste de Estados Unidos.
Investigadores de Australia revelaron que, a
medida que los océanos se acidifican, algunos
peces se vuelven hiperactivos, se confunden y se
acercan a sus depredadores en vez de intentar
escapar de ellos.
"Las condiciones oceánicas están cambiando 100
veces más rápido que en cualquier otro momento del
pasado", dijo a Tierramérica el investigador Jean-
Pierre Gattuso, del Laboratorio de Oceanografía de
Villefranche, en Francia.
El cambio climático hace que los mares estén más
calientes y más ácidos. “Estamos empezando a
entender lo que ocurrirá. Creo que podemos esperar
lo peor”, agregó.
Gattuso es uno de los casi 600 científicos de todo
el mundo que presentaron sus investigaciones entre
el 24 y el 27 de septiembre en el tercer simposio
The Ocean in a High-CO2 World: Ocean Acidification
(El océano en un mundo con elevado dióxido de
carbono: La acidificación oceánica).
Apenas hace una década, la ciencia descubrió que
la quema de combustibles fósiles –carbón, petróleo
y gas– provocaba que las aguas oceánicas fueran 30
por ciento más ácidas que el comienzo de la
Revolución Industrial.
Los océanos absorben un tercio del dióxido de
carbono (CO2) derivado de actividades humanas.
Cuando el CO2 se disuelve en el agua de mar, se
forma el ácido carbónico. Este fenómeno, conocido
como acidificación oceánica, reduce a su vez la
disponibilidad de carbonato, haciendo más difícil
la formación de partes duras de muchos organismos
marinos, que necesitan para ello carbonato de
calcio.
La combinación de mayor acidez y menor
concentración de carbonato en el agua también
tiene consecuencias en las funciones fisiológicas
de numerosos seres vivos.
Esto es química oceánica básica e irrefutable. Y
la acidificación aumentará, dado que se sigue
liberando dióxido de carbono, según los
científicos reunidos en Monterey.
La acidez creciente ya afecta a los arrecifes de
coral, a ciertos moluscos y a otras especies con
partes duras como valvas o esqueletos, dijo
Gattuso.
Los pterópodos, moluscos nadadores muy pequeños,
se están quedando “desnudos”, sin sus valvas
protectoras por el aumento de la acidez. Esta
especie es alimento de muchas otras y constituye
un elemento clave en el océano Antártico, entre
otros, señaló.
Más sorprendentes resultan los efectos subletales,
como los cambios de conducta documentados en los
últimos tiempos.
En un sofisticado experimento, científicos
chilenos expusieron al "loco" (Concholepas
concholepas), un caracol marino de carne muy
apetecida, a las concentraciones de acidez que, se
prevé, tendrán los océanos antes de que termine
este siglo.
Este animal "es un alimento de gran importancia
social y económica" en Chile, dijo a Tierramérica
el investigador Patricio Manríquez, del Instituto
de Ciencias Marinas y Limnológicas de la Facultad
de Ciencias de la Universidad Austral de ese país
sudamericano.
Su principal depredador es el Acanthocyclus
hassleri, un cangrejo carnívoro intermareal. Los
locos pueden oler a los cangrejos y escapar para
que no los coman.
Manríquez y sus colegas construyeron tanques
especiales donde regularon la acidez del agua
marina. Recolectaron larvas de locos en el norte,
el centro y el sur de Chile y las criaron en los
tanques durante cinco y seis meses, en diferentes
condiciones de acidez, explicó el científico a
Tierramérica.
Más tarde, los investigadores colocaron cangrejos
en los tanques donde estaban los caracoles, para
estudiar cómo interactuaban el predador y su presa
en distintos grados de acidez.
Así fue como observaron que en aguas con una
acidez correspondiente a una concentración
atmosférica de dióxido de carbono de entre 390
partes por millón (ppm), como la actual, y 750
ppm, los locos inmediatamente intentaban apartarse
lo más posible de los cangrejos.
Pero en niveles de acidez superiores,
correspondientes a 1.000 y 1.200 ppm de dióxido de
carbono en la atmósfera, los caracoles se veían
confundidos, con desplazamientos erráticos y a
menudo con rumbo hacia los cangrejos.
Esto es bueno para los cangrejos, pero no tanto
para los caracoles, dijo Manríquez.
Si no se consiguen reducciones drásticas de las
emisiones contaminantes, esas elevadas
concentraciones de CO2 podrán alcanzarse para
fines de este siglo.
"No se registraron cambios en el ritmo de
crecimiento ni en el tamaño de los caracoles",
señaló Manríquez. Sin embargo, se están llevando a
cabo por lo menos 10 estudios adicionales sobre el
efecto de la acidez en caparazones y en larvas,
entre otros aspectos.
Actualmente hay 10 científicos y 35 estudiantes de
distintas disciplinas investigando los impactos de
la acidificación oceánica en Chile, un país con un
extenso y rico litoral marino. Sin embargo,
persiste el desafío de hacer que sus hallazgos se
divulguen en publicaciones científicas arbitradas,
dijo Manríquez.
"A menudo cuestionan nuestros métodos y pericia",
dijo en referencia a los árbitros de las revistas
que juzgan las investigaciones antes de ser
publicadas. Manríquez se quejó de que ese
tratamiento para trabajos chilenos iba más allá de
lo aceptable, y que no lo había experimentado
cuando se presentó colaborando con una institución
investigadora británica.
Al otro lado del Pacífico, científicos
australianos descubrieron que la acidez oceánica
afecta el comportamiento de algunos peces de
arrecifes tropicales.
La acidez del agua hace que también se acidifiquen
los tejidos internos de esos peces. Si bien esas
especies soportan el cambio, "concluimos que hay
efectos subletales", dijo en el simposio el
investigador Philip Munday, de la Escuela de
Biología Marina y Tropical de la James Cook
University.
El grado de acidez oceánica esperable más allá de
2050 altera el sistema nervioso central de algunos
peces coralinos, modificando sus sentidos del
olfato, del oído y de la vista, además de su
conducta, explicó.
"Aumenta el nivel de actividad, comportamiento y
osadía. Se vuelven más activos y adoptan conductas
más riesgosas", dijo. En consecuencia, en un medio
más ácido se duplican las probabilidades de que
terminen en el sistema digestivo de algún
depredador.
Pero los depredadores también se ven afectados, y
son menos eficientes para atrapar sus presas. Por
ejemplo, "los predadores se dirigieron a presas
diferentes, algo que no esperábamos", señaló
Munday. "Será difícil pronosticar todos los
impactos de una mayor acidez oceánica", añadió.
La comunidad científica reunida en Monterey
coincide sin embargo en que la pesca excesiva, y
en especial la de arrastre, es la principal
amenaza inmediata a los ecosistemas marinos.
La acidificación y el recalentamiento de las aguas
son las principales preocupaciones para los años
venideros. Pero esos problemas son más complejos y
llevará más tiempo resolverlos, dijo Gattuso.
Con todo, existen suficientes evidencias para
aconsejar a los gobiernos que actúen ya para
reducir las emisiones de dióxido de carbono y
proteger los océanos para el futuro, concluyó. * |