 | Una familia pasea en una playa de la Región Autónoma del Atlántico Norte, noreste de Nicaragua. Crédito: Germán Miranda/IPS | Reportajes El termostato del planeta se muda a Doha Por Stephen Leahy, enviado especial
En Qatar, un notorio país petrolero, se abre una
nueva cumbre climática que debe adoptar objetivos
medibles para mantener el calentamiento bajo
control.
DOHA, 26 nov (Tierramérica).- Las negociaciones climáticas de la Organización de
las Naciones Unidas pueden energizar la búsqueda
de solución al recalentamiento planetario que,
según el Banco Mundial, sigue avanzando y puede
llegar a cuatro grados para 2100.
Así lo establece el estudio “Reducir el calor: Por
qué se debe evitar un aumento de 4°C de la
temperatura mundial", presentado el 19 de este mes
y elaborado para el Banco Mundial por el Potsdam
Institute for Climate Impact Research y por
Climate Analytics.
Pero la 18 Conferencia de las Partes de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el
Cambio Climático (COP 18), que comienza este lunes
26 en la capital de Qatar, se ha vuelto
extremadamente compleja.
Los 194 estados parte de la Convención están de
acuerdo en fijar un objetivo de reducción de
emisiones de gases de efecto invernadero para
evitar que el aumento de la temperatura media
mundial supere los dos grados y nos aproximemos a
un cambio climático catastrófico.
Esa meta es fácil de entender, pero la forma de
alcanzarla ha sido objeto de intensas
negociaciones durante muchos años, dijo Jennifer
Morgan, directora del Programa de Clima y Energía
del Instituto de Recursos Mundiales, una
organización no gubernamental con sede en
Washington.
El año pasado, en la COP 17 de Durban, se
requirieron días extraordinarios de negociaciones
para que los países finalmente acordaran una nueva
ronda de discusiones para crear un tratado
internacional legalmente vinculante.
Ese pacto exigirá que todos los países adopten
recortes de sus emisiones de dióxido de carbono
para 2015 con el fin de cumplir el objetivo de no
superar los dos grados. Se espera que esto se
ratifique y entre en vigor en 2020.
“Nadie sabe cómo será ese nuevo acuerdo. ¿Se
presentarán los países en Doha con la voluntad de
crear un plan de trabajo sólido?”, comentó Morgan
a Tierramérica en el marco de una conferencia de
prensa.
Para 2015 faltan menos de tres años. El Protocolo
de Kyoto, que obliga a los países industrializados
a reducir sus emisiones, se negoció en menos de
tres años y se firmó en 1997. Pero llevó ocho
años, hasta 2005, conseguir las ratificaciones
necesarias para que entrara en vigor. Y países
clave, como Estados Unidos, retiraron su firma.
Una de las principales cuestiones en Doha será la
“ambición”, dijo Morgan, en referencia a los
volúmenes de reducción de gases que los gobiernos
estén dispuestos a asumir.
La ciencia climática muestra que, para que el
calentamiento no supere los dos grados, las
emisiones mundiales de gases invernadero deben
empezar a decaer en 2020.
Con ese fin, las naciones industriales deben
abatir sus emisiones entre 25 y 40 por ciento por
debajo de las que tenían en 1990.
Estados Unidos se comprometió a una reducción de
tres por ciento respecto de 1990. Gran Bretaña va
rumbo a una disminución de 34 por ciento y ya
logró 18 por ciento.
“Esperamos que Estados Unidos lleve a Doha una
nueva estrategia, más ambiciosa", dijo Morgan.
Los actuales compromisos distan mucho de lo que se
necesita, dijo Bill Hare, presidente y director
gerente de Climate Analytics, una organización sin
fines de lucro que se dedica a la asesoría
climática y tiene su sede en Berlín.
Los países deben encontrar la manera de reducir
entre 9.000 millones y 11.000 millones de
toneladas de dióxido de carbono para 2020, o habrá
que olvidarse de los dos grados, dijo Hare a
Tierramérica.
Se está ampliando la “brecha de emisiones”, entre
los recortes comprometidos y los que se necesitan
para mantener el clima bajo control, según nuevos
datos divulgados por el Programa de las Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y la organización
de Hare.
“La brecha sigue ampliándose… y eso hace cada vez
más difícil y costoso sostenerse debajo de dos
grados”, planteó.
Después de la quema de combustibles fósiles, la
deforestación es la segunda mayor fuente de
emisiones de carbono.
Para incentivar financieramente a que los países
en desarrollo reduzcan la deforestación, en la COP
18 también se negociará el controvertido programa
REDD+ (Reducción de Emisiones de Carbono Causadas
por la Deforestación y la Degradación de los
Bosques).
Los bosques valen mucho más que como depósitos de
carbono, advierte la primera evaluación científica
exhaustiva de REDD+ y de sus posibles impactos
sobre la biodiversidad y los medios de vida de las
poblaciones locales.
Conservar la diversidad biológica y el sustento
humano es esencial si queremos que este programa
funcione, señala el informe "Understanding
Relationships Between Biodiversity, Carbon,
Forests and People: The Key to Achieving REDD+
Objectives. A Global Assessment Report”
(Entendiendo las relaciones entre biodiversidad,
carbono, bosques y población: La clave para lograr
los objetivos REDD+. Una evaluación mundial).
La Unión Internacional de Organizaciones de
Investigación Forestal divulgó un avance de ese
informe antes de la reunión de Doha, donde se
presentará el texto completo.
“Los bosques, que están menguando rápidamente, no
son solo depósitos de carbono. Brindan una amplia
gama de bienes y servicios ambientales que la
gente necesita”, dijo a Tierramérica el coautor
del informe, John Parrotta, científico del
Servicio Forestal de Estados Unidos.
Por ejemplo, suministran agua limpia, evitan
inundaciones, aportan alimentos y hábitat para los
seres humanos y muchas otras criaturas, como las
abejas, que cumplen servicios valiosos como la
polinización.
La deforestación engulle cada año un área
equivalente a la de Grecia (13 millones de
hectáreas), y está pautada principalmente por el
avance de la agricultura y por las industrias
madereras. REDD+ es un intento de revertir esa
tendencia, creando valor financiero para el
carbono almacenado en los bosques.
A medida que crecen, los vegetales toman dióxido
de carbono de la atmósfera y lo almacenan por el
resto de sus vidas. En vez de talar los árboles y
vender la madera, el carbono sólido alojado en
árboles vivos puede venderse bajo la forma de
“créditos de carbono” en un mercado abierto.
Entonces, una industria de acero o cemento de
Estados Unidos o de un país europeo puede comprar
esos créditos en lugar de reducir sus emisiones de
gases invernadero. El precio actual ronda 10
dólares por tonelada.
Como cualquier otro mercado, el del carbono
demanda verificar cuánto carbono hay en un bosque
y cuánto permanecerá allí a lo largo de 40, 60 u
80 años. Este procedimiento es demasiado complejo
y costoso.
Quienes compran los créditos de carbono también
quieren acuerdos contractuales con los dueños del
bosque para garantizar que el carbono quede en el
bosque, lo que puede impedir que varias
generaciones de poblaciones locales usen ese
recurso para alimentarse, arreglar un techo o
incluso cazar.
Aunque REDD+ puede proteger los bosques y ser una
fuente de ganancias anuales para la población
local, llevarlo a la práctica en forma correcta es
muy complicado y queda mucho por hacer, dijo
Parrotta. “Es difícil vislumbrar muchos avances en
Doha”. * |