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Madera de destrucción y esperanza
Por Mario Osava

Se redujo en dos millones de metros cúbicos la extracción de madera tropical en Brasil. Pero la tala ilegal llega al corazón de la Amazonía, según un nuevo informe al que Tierramérica tuvo acceso.

RIO DE JANEIRO, (Tierramérica).- Estamos ante la "última gran oportunidad" de alterar el rumbo de la historia reciente de la Amazonia brasileña, y los dos próximos años serán decisivos para frenar la deforestación, el caos en la propiedad de la tierra y la violencia, según el especialista Adalberto Veríssimo.

Veríssimo basa su evaluación en sus 15 años de experiencia investigando temas amazónicos y en el más reciente informe del grupo no gubernamental donde trabaja, el Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía (Imazon).

El estudio, una actualización de "Hechos forestales de la Amazonía" publicado en 2003, será divulgado al final de este mes, pero Veríssimo adelantó a Tierramérica algunas de sus conclusiones.

El reporte reitera malas noticias como la destrucción de bosque amazónico en una extensión anual equivalente a territorios como los de Bélgica o Haití, y revela otras nuevas, como el avance de la extracción de maderas hacia el corazón de la Amazonía.

Áreas donde la explotación maderera era incipiente hace algunos años, como el sureste del estado de Amazonas y el oeste del de Pará, ahora son focos importantes de esa actividad, ejemplificó Veríssimo.

Los extractores se adelantan al "arco de la deforestación", la faja en que la ganadería y la agricultura van sustituyendo los bosques, apuntó.

Pero también hay datos alentadores en el informe de Imazon: la producción de madera amazónica bajó a 26 millones de metros cúbicos en 2004, dos millones menos que el año pasado, lo que representa el ahorro de 700 mil árboles.

Esa reducción se debe a la mejor industrialización, que agrega mayor valor a la madera, para atender exigencias del mercado externo.

Además, el alejamiento de la frontera maderera estimula una tala más selectiva y un mejor aprovechamiento de la materia prima, al encarecer el transporte, según el estudio.

Otra noticia positiva es que crece aceleradamente el manejo sustentable de bosque amazónico. Las áreas certificadas por buen manejo empezaron sumando 80 mil hectáreas en 1997, se expandieron a 400 mil hectáreas en 2002 y a 1,8 millones el año pasado, la mayor extensión mundial en bosques tropicales.

En 2010 se podrá llegar a diez millones de hectáreas certificadas si se solucionan los problemas de propiedad de la tierra en la región, pronosticó Veríssimo, basado en el interés manifestado por los empresarios.

Refuerza también las esperanzas el paquete de medidas anunciadas por el gobierno luego de la conmoción provocada por el asesinato, el 12 de febrero, de Dorothy Stang, misionera católica estadounidense naturalizada brasileña, quien había dedicado la mitad de sus 73 años a la defensa del desarrollo sustentable y de los pobres del interior de Pará, en la Amazonía Oriental.

La creación de cinco nuevas áreas de conservación, que suman 5,2 millones de hectáreas, la prohibición de actividades dañinas en 8,2 millones de hectáreas del lado occidental de la carretera BR-163 que cruza el oeste de Pará, y el proyecto de ley sobre Gestión de Bosques Públicos son cruciales para "cambiar el rumbo" y combatir la deforestación, si se aplican "con fuerza y persistencia", opinó Veríssimo.

A esas medidas se suma una anterior, también decisiva: la realización de un catastro de las tierras amazónicas para regularizar una situación caótica.

La mayor parte de esas tierras son públicas pero sin registro oficial y en gran parte invadidas por "grileiros" (usurpadores), lo que genera conflictos y la violencia de la que fue víctima Stang.

Sin embargo, no todos comparten el optimismo de Veríssimo.

"Son buenas medidas, pero insuficientes" y tardías, según Roberto Smeraldi, coordinador de la organización gubernamental Amigos de la Tierra/Amazonía Brasileña, quien teme la debilidad del Estado para implementarlas.

Se calcula que 45 por ciento de la extracción de madera de la Amazonía es ilegal, pero "considerando ilegal la madera originada de tierras públicas invadidas, la ilegalidad alcanza cerca de 97,5 por ciento", aunque buena parte sea "legalizada" por autorizaciones oficiales indebidas, afirmó Smeraldi.

Contener la deforestación exige desarrollar alternativas económicas que mantengan los bosques en pie y sean competitivas con los negocios agropecuarios, coinciden ambientalistas e investigadores.

La extracción de madera de forma legal y sustentable es una de las más viables, opinó Veríssimo.

Esa opción gana fuerza incluso entre los empresarios del sector. “Las prácticas informales, ilegales, minan la economía con una competencia desleal", dijo a Tierramérica Ivan Tomaselli, vicepresidente de la Asociación Brasileña de la Industria de Madera Procesada Mecánicamente (Abimci).

El desorden de la propiedad implica "inseguridad jurídica y altos riesgos", de modo que una inversión sólo se justifica con ganancias muy elevadas, razonó.

Según Tomaselli, la madera extraída de modo ilegal en la Amazonía representa ahora sólo 20 por ciento del total, contra 80 por ciento en el pasado. Crece además la proporción de madera con certificado de buen manejo forestal, porque tiene "ventaja competitiva" en grandes mercados como Europa y Estados Unidos, según el industrial.

La exigencia de certificación del Consejo de Manejo Forestal (FSC por sus siglas en inglés) es el principal estímulo contra la ilegalidad, porque las normas de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y la Organización Internacional de Madera Tropical (ITTO) son limitadas a algunos aspectos y poco concretas, admitió Smeraldi.

El gran impacto positivo podría venir de la Organización Mundial de Comercio, si impone la legalidad y el buen manejo, sugirió Veríssimo.

Pero la mayor parte de la madera amazónica, de 70 a 75 por ciento, se destina al mercado interno, según Veríssimo, y por eso los ambientalistas tratan de introducir exigencias de certificación en Brasil.

El programa Ciudad Amiga de la Amazonía actúa con alcaldías y grandes consumidores para que sólo usen madera de origen legal y preferiblemente certificada en sus obras públicas.

Hay buena receptividad, grandes ciudades del interior del estado de Sao Paulo ya adhirieron y "ahora buscamos atraer metrópolis como Río de Janeiro y Sao Paulo", indicó a Tierramérica Rebeca Lerer, activista de ese programa.

* Corresponsal de IPS.

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