 | Fabricio Vanden Broeck Crédito: | Análisis Cambio climático exige cooperar ahora y después de 2012 Por Raúl Estrada-Oyuela *
Nadie negocia ni hace concesiones en la víspera, advierte en esta columna exclusiva Raúl Estrada Oyuela, uno de los redactores del Protocolo de Kyoto sobre cambio climático.
SANTIAGO, 30 jun (Tierramérica).- La comunidad internacional decidió mejorar su respuesta al cambio climático mediante un proceso global para “la aplicación plena, eficaz y sostenida de la Convención” de 1992, con una cooperación que comience ahora y se prolongue más allá de 2012.
Eso se resolvió en la reunión de diciembre en Bali, Indonesia. La negociación será compleja. ¿Será posible superar oposiciones y encarar una razonable estabilización del clima? Esta pregunta describe el desafío y la respuesta puede ser razonablemente positiva.
Desde 1800, la acumulación de gases de efecto invernadero crece de modo cada vez más acelerado. El Protocolo de Kyoto, de 1997, fue un modesto intento para reducir, en el período 2008-2012, en cinco por ciento las emisiones que los países desarrollados producían en 1990. Eso equivale a unas 4.500 millones de toneladas de dióxido de carbono, pero resultará totalmente neutralizado por el aumento de lo que emite Estados Unidos, ajeno al tratado.
Tampoco ayuda que el Protocolo tome como línea de base emisiones de 1990, porque así asigna a países que fueron economías centralmente planificadas emisiones por encima de las que efectivamente generaban en 1997. Esto causa un excedente de “créditos de carbono” o “toneladas de papel” que en realidad nunca habrían existido.
Además, los países en desarrollo, como no tienen compromisos cuantificados, han aumentado su contaminación, al punto de que en 2008 China emite más que Estados Unidos.
El cambio climático no puede detenerse ni revertirse. La limitación de emisiones es para mitigar lo que no se puede evitar.
Sequías, inundaciones, precipitaciones, tormentas y ciclones inusitados, frecuentes y severos en distintas partes del mundo, constituyen el tipo de eventos que se prevén como consecuencia del cambio climático.
Se hace necesario tomar medidas de adaptación en la producción y el consumo de bienes y servicios y en el ordenamiento territorial para evitar asentamientos en áreas frágiles.
La decisión de mejorar la respuesta al cambio climático muestra que los gobiernos toman conciencia, gracias a la información producida por la comunidad científica y a la acción de la sociedad civil.
Para formular la respuesta se han iniciado complejas negociaciones con el fin de alcanzar un acuerdo en 2009. Hay intentos descentralizados que no parecen destinados a fructificar. El principal es multilateral y se realiza en el ámbito de los acuerdos climáticos: la Convención de Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto.
Éste establece el período de compromiso 2008-2012 e indica los caminos para un período de compromiso posterior (Artículo 3.9) y para actualizarse con nuevos conocimientos (Artículo 9).
La negociación del segundo período de compromiso se lanzó en diciembre de 2005 en Montreal y se desarrolla sin Estados Unidos. Pero el ejercicio amplio para la aplicación plena, eficaz y sostenida de la Convención sí incluye a ese país.
Los países desarrollados aspiran a que las mayores naciones en desarrollo --China, India, Brasil, Corea del Sur, México e Indonesia-- tomen compromisos cuantificados, pero éstas se niegan e insisten en que las limitaciones del Protocolo son sólo para el mundo industrial.
Es cierto que hay necesidades básicas que esos mega-países en desarrollo aún deben satisfacer, pero también sus actuales condiciones no son las de 1992, y parece racional tener en cuenta el crecimiento financiero, tecnológico y comercial que han experimentado.
Allí también se discuten las modalidades futuras del Mecanismo de Desarrollo Limpio, destinado a facilitar la reducción de emisiones con herramientas de mercado, pero que ni por el volumen de transacciones ni por la transferencia de tecnología ha estado a la altura de las expectativas.
En las negociaciones en el ámbito de la Convención pueden esperarse las mayores innovaciones, particularmente el ingreso de Estados Unidos a un sistema de obligaciones ciertas y cuantificadas, y la posibilidad de que los actuales topes por país se complementen con estándares de emisiones por sector de actividad para cada nación.
La Unión Europea propone con fuerza evitar que el aumento de la temperatura supere los dos grados y reducir en 20 por ciento las emisiones para 2020. Japón, Canadá, Noruega y Rusia son renuentes a compromisos futuros.
Las claves deberán surgir de amalgamar negociaciones multilaterales que hoy se llevan separadamente y de la posición que adopte el futuro gobierno de Estados Unidos, que será electo en noviembre.
La negativa del presidente George W. Bush a mitigar el cambio climático demoró el desarrollo de nuevas tecnologías y tuvo serias consecuencias en el aumento de la contaminación.
Los postulantes Barack Obama y John McCain coinciden en la necesidad de limitar las emisiones y facilitar la negociación de créditos de carbono. Los detalles de sus posiciones son complejos. El proyecto que consideró el Senado estadounidense a comienzos de este mes tenía 160 páginas de texto.
Pero, difícilmente el cambio climático sea la prioridad de la política exterior de Estados Unidos a inicios de 2009.
Dieciocho meses antes de la adopción del Protocolo de Kyoto, no estábamos mucho más avanzados en la negociación de lo que se está hoy. Nadie negocia ni hace concesiones en la víspera. Entonces también esperábamos las elecciones de noviembre de 1996 para progresar, porque la participación de Estados Unidos es siempre crítica para cualquier acción global.
* Presidente de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente y ex representante especial de Argentina para Negociaciones Ambientales. |