INTERVENCIÓN DE MARIANO ARANA
Senador, ex Ministro de Medio Ambiente de Uruguay
AMBIENTE
LAS METAS DE DESARROLLO DEL MILENIO
ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO
Consecuencias económicas y sociales
Seminario Internacional de Manaos 31 de julio y 1 de agosto de 2008
Comienzo por agradecer a los Ministerios de Medio Ambiente y de Industria y Comercio de Brasil, al gobierno estadual de Amazonia, al Centro de investigación “Celso Furtado”, al PNUD, al PNUMA, al Banco Mundial, a la agencia de Noticias Inter Press Service (IPS), así como al proyecto Tierramérica, la oportunidad que se me ha brindado para participar en el presente Seminario.
Mi intervención en este evento, la haré no desde una postura técnica, que no me corresponde, sino:
- en tanto ex Ministro de Vivienda, Territorio y Ambiente,
- en tanto integrante de la Comisión de Medio Ambiente del Senado de la Republica,
- en tanto arquitecto y docente de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo Contemporáneos, y
- en tanto ciudadano comprometido con la causa popular, con la defensa de la bio-diversidad y con las condiciones necesarias para asegurar el desarrollo territorial equilibrado y ambientalmente sustentable en favor de la calidad de vida de la gente.
Tengamos presente, en primer lugar, los objetivos para el Milenio:
1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
2. Lograr una enseñanza primaria universal.
3. Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.
4. Reducir la mortalidad infantil.
5. Mejorar la salud materna.
6. Combatir el VIH/Sida.
7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
Cuando se definieron estas metas, en setiembre del año 2000, las autoridades públicas de ciertos países todavía dudaban que se estuviera registrando un cambio en el clima del planeta causado por las acciones de los seres humanos. En el año 2001, el presidente George W. Bush en persona, intentó restar importancia al cambio climático primero y luego, cuando ya resultaba insostenible el negarlo, procuró descartar que dicho cambio estuviera originado en las conductas – o inconductas – humanas.
En el primer volumen sobre “Base de Ciencia Física” elaborado por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), se señala, que “el cambio climático está ocurriendo en la actualidad, principalmente a raíz de la actividad de los seres humanos”.
En diciembre del año pasado, cuando ese Panel Intergubernamental fue galardonado con el Premio Nóbel de la Paz, conjuntamente con el ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, creemos que el mundo dio un gran paso adelante en la toma de conciencia del tema, enterrando definitivamente las reticencias y las dudas interesadas al respecto.
Posiblemente, el cambio climático sea, la más grave amenaza al bienestar humano y si no enfrentamos tal amenaza con todas nuestras fuerzas, la humanidad puede llegar a sufrir gravísimas consecuencias.
Apenas ocho años atrás, se tenía una visión parcial sobre los devastadores efectos del cambio climático. Entre las metas de desarrollo del milenio, tan sólo una hacía mención específica al tema. La meta 7 explicitaba claramente que los países deben garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, exigiéndose en las siete restantes tal como vimos, la erradicación de la pobreza y el hambre, la universalización de la enseñanza primaria, la promoción de la igualdad y autonomía de la mujer, la reducción de la mortalidad infantil, la mejora de la salud materna, el combate al sida y la conveniencia de fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
Hoy parece claro que la consecución de la mayoría de estas metas –tan ambiciosas como deseables– dependen, en buena medida de las condiciones ambientales en nuestro planeta.
Las alteraciones en el régimen de lluvias y las consiguientes crecidas de los ríos, el incremento de los niveles de mares y océanos, las frecuentes olas de calor desmedido y los fenómenos meteorológicos devastadores, así como la reducción de la pesca o la opción de los biocombustibles frente a los productos agrícolas, dificultan que se erradique la pobreza y el hambre, que los niños puedan escolarizarse, que las madres e hijos de familias pobres crezcan con salud y sin riesgos.
El bienestar humano tiene lugar en el territorio y si no conseguimos un sustento seguro en él, todo desarrollo se hace azaroso, sino imposible.
¿Qué significa hoy garantizar la sustentabilidad del medio ambiente?
Significa, en particular, que el cambio climático no arrase con las formas de vivencia y convivencia, aún acotadas y precarias, que hoy tenemos. Es totalmente cierto que algunas veces, estas formas de convivencia esconden y aún desnudan terribles injusticias económicas y sociales, tanto en cada uno de los países, como en el ámbito internacional.
Los crecientes niveles de consumo de las naciones ricas y de los sectores sociales más opulentos, resultan insostenibles y pueden llevarnos a la catástrofe; y esta catástrofe no sólo afectará a los más carenciados – sin duda, sus primeras víctimas – sino a toda la sociedad, incluyendo al propio sistema que alimenta tales inequidades.
Compartimos el mismo barco; y si bien los países isleños y las poblaciones empobrecidas que sobreviven en las zonas bajas del planeta y en las áreas costeras, serán muy probablemente los más perjudicados, existe ya el convencimiento que las consecuencias negativas del cambio climático terminarán por afectarnos a todos.
Demostración elocuente de ello, es que fuera el gobierno del Reino Unido – uno de los países más ricos del mundo – el que encargó al economista Sir Nicholas Stern, el divulgado informe sobre las resultancias económicas del calentamiento global.
Stern actuó como economista jefe del Banco Mundial y su especialidad lo vinculó más a los temas económicos que a los ambientales.
Si bien resulta evidente que la preocupación prioritaria se dirige a las personas más carenciadas y vulnerables (por ser ellas quienes pueden perderlo todo), las consecuencias de un cambio tajante en los equilibrios atmosféricos y climáticos en el mundo, inexorablemente terminarán involucrando al conjunto de la población.
La principal conclusión del Informe Stern presentado a fines del año 2006, es que los beneficios que se lograrían con la urgente adopción de medidas pertinentes y firmes, podrían superar con creces, los costos económicos de la inacción y la pasividad.
Creo importante transcribir textualmente, algunos párrafos de dicho informe, que hablan con claridad, acerca de las preocupantes consecuencias a las que estamos expuestos:
“Utilizando los resultados de modelos económicos formales, el informe ha calculado que, de permanecer inactivos, el coste y el riesgo total del cambio climático equivaldrá, de aquí en mas a la pérdida de un mínimo del 5% anual del PIB global.
Teniendo en cuenta una gama de riesgos y consecuencias más amplios, los cálculos de los daños que se producirían podrían aumentar a un mínimo del 20% del PIB”. [o sea, podrían multiplicarse por 4]
Sin embargo, sugiere el informe que:
“... el coste de la adopción de medidas – en particular la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para evitar las peores consecuencias del cambio climático – puede limitarse al 1%, aproximadamente, del PBI global en cada año”.
Y todavía agrega que:
“La inversión [de ese 1% del PIB] realizada en los próximos 10 a 20 años tendrá un profundo impacto sobre el clima durante la segunda parte del presente siglo, así como en el siglo venidero. Nuestras acciones actuales y aquéllas de las próximas décadas, podrían crear el riesgo que se produzca una importante perturbación de las actividades económicas y sociales, cuya escala sería comparable a las grandes guerras y a la depresión económica de la primera mitad del siglo XX. Estos cambios serán difíciles y aun imposibles de subsanar.”
Para quienes hemos optado por las opciones políticas en defensa de los más débiles y postergados, estas conclusiones en modo alguno nos resultan indiferentes. Sabemos que en el presente, un quinto de la población mundial no tiene acceso al agua potable y unos 600 millones de seres humanos sobreviven en asentamientos irregulares de África, de América Latina y de Asia. Sabemos que los bosques son esenciales para la vida de cientos de millones de personas y que son una reserva de biodiversidad que hoy está amenazada a nivel global. Y paradojalmente, también sabemos que los más pobres están condenados a talar y quemar bosques como forma de sustento y como fuente de energía.
Como hemos llegado a conocer todo ello, tenemos la obligación ética y política de analizar las posibles consecuencias y alertar sobre los peligros que pueden sobrevenir, de no actuar acelerada y responsablemente.
Tal como el propio Informe de Stern lo consigna: “todavía estamos a tiempo para evitar las peores repercusiones del cambio climático, poniendo inmediatamente en práctica, fuertes medidas colectivas”. Es más, se sostiene allí también que “el mundo no tiene porqué elegir entre evitar el cambio climático y promover el crecimiento y el desarrollo”.
Algunos gobiernos, algunas organizaciones sociales y un sinnúmero de ciudadanos, han comprendido la magnitud del desafío y no pocos países han hecho ya avances significativos desde que se realizó la Cumbre del Milenio.
Al respecto, hay que destacar en especial el avance de Tanzania que logró reducir en los últimos años, un 30% su mortalidad infantil. Otros, entre los países más pobres de África, como Zambia, Malawi, Burkina Faso y Malí pueden llegar a cumplir con hasta seis de los objetivos en el tiempo acordado.
Desde luego que pueden lograrlo, sólo en la medida que las condiciones registradas no empeoren.
Aún concientes de nuestra acotada escala, creo razonable aludir al modo cómo Uruguay procuró
– y consiguió – cumplir con los compromisos asumidos en la Convención Marco de la Naciones Unidas sobre el Cambio Climático firmado en Río de Janeiro en 1992 y con los objetivos establecidos en el Protocolo de Kioto de 1997, en particular, en lo referente al Mecanismo para un Desarrollo Limpio (MDL).
Concretamente, la Unidad de Cambio Climático dependiente de la Dirección Nacional de Medio Ambiente uruguaya, trabajó en la reducción de las emisiones netas de los gases de efecto invernadero, planificando programas y medidas de mitigación, adaptación, difusión y promoción de tecnologías, prácticas y procesos adecuados a ese fin, en concordancia con distintas entidades públicas y privadas.
Cumpliendo sus compromisos internacionales, Uruguay elaboró ya, varios Inventarios Nacionales de Gases de Efecto Invernadero y llevó acabo, el pasado año 2007, el primer Taller para Latinoamérica y el Caribe sobre Adaptación al Cambio Climático y Riesgos Climáticos por lo que fue designado como miembro titular de la Junta del Fondo de Adaptación.
Subrayemos, por otra parte, que los cambios en el ambiente pueden llegar a afectar incluso, las relaciones entre los pueblos.
En su discurso de aceptación del Premio Nóbel en tanto integrante del Panel Internacional de Cambio Climático, reunido en Oslo en diciembre de 2007, su presidente, el indio Rajendra Pachauri sostuvo que “la paz puede ser definida como la seguridad y el acceso garantido a los recursos que son esenciales para la vida”. Y todavía agregó: “Una interrupción de dicho acceso puede perturbar la paz. Respecto a esto, el cambio climático tendrá graves implicancias, ya que se esperan varios impactos negativos para las poblaciones más expuestas en lo que tiene que ver con el acceso al agua potable, a la cantidad suficiente de alimentos, a las condiciones de salud estables, a los recursos provenientes del ecosistema y a la seguridad general de los asentamientos humanos.”
Las Metas de Desarrollo del Milenio fueron concebidas como un todo congruente, procurando asegurar a los ciudadanos del mundo, algunos derechos básicos y esenciales.
Sin embargo, tenemos el más firme convencimiento que, si no atacamos desde hoy mismo las resultancias del cambio climático, todos los esfuerzos realizados en las demás áreas, corren serios riesgos de naufragar.
Las pautas de un consumismo irresponsable en las denominadas sociedades “desarrolladas”, el total desprecio por los recursos naturales, la brújula que sólo apunta a la acumulación de riquezas, pueden conducirnos a la catástrofe.
En el documento “Cambio Climático 2007 – Impacto, Adaptación y Vulnerabilidad”, elaborado por el ya citado Panel Intergubernamental, se sostiene que “la vulnerabilidad en el futuro, no sólo depende del cambio climático, sino también de las vías de desarrollo”. Si actuamos responsablemente y con criterios firmemente sustentados en conocimientos técnicos y científicos, debemos desechar las antimonías reduccionistas y elementales.
En particular, nos resulta inadmisible e inconducente por maniquea y embaucadora, la contraposición:
“Producción versus Ambiente”
Por ello, lo que hemos afirmado antes, lo volvemos a sostener hoy:
“ni monocultivos empobrecedores de nuestro equilibrio ecológico,
ni fundamentalismos empobrecedores de nuestro equilibrio mental”
En América Latina y en todos los países insuficientemente desarrollados, ya se ha comprobado que, si realmente se quiere un desarrollo integral mejorando las condiciones de vida de la gente, el exclusivo crecimiento económico no basta.
Por lo mismo, rechazamos de plano un productivismo primario y las posturas meramente economicistas por considéralas:
• socialmente irresponsables
• éticamente incompartibles y
• políticamente regresivas
Sólo una consideración crítica de los modelos de desarrollo posibles, en base a criterios de responsabilidad, de racionalidad y de solidaridad, podrá revertir las consecuencias negativas de la situación presente.
Una consideración crítica donde todos tengan voz y en la que se ponga de manifiesto que los intereses de todos convergen, en la medida que cohabitamos en un mismo planeta que hoy sabemos finito y vulnerable.
En la octava meta, de desarrollo del milenio, se nos convoca a fomentar una asociación mundial para el desarrollo, capaz de constituirse en la llave para enfrentar exitosamente los problemas que ha generado el descontrolado accionar capitalista en las últimas décadas.
Creemos que el lanzamiento del Centro Internacional Tierramérica de Desarrollo Sustentable y de Defensa del Medio Ambiente, constituye una iniciativa que va en el sentido adecuado. Saludamos su creación y hacemos un llamado para confluir en una acción colectiva y supranacional, única garantía para situarnos a la altura de los desafíos presentes, de cara al futuro.
Arq. Mariano Arana
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